31-07-2026, 03:40 AM
Última modificación: 31-07-2026, 03:41 AM por Sayuri Yuki.
Peticion
Me dirigí al almacén principal, donde ya tenían preparados varios cajones de madera con comida, agua, vendas, herramientas de mantenimiento y algunos pergaminos destinados a los equipos de guardia. Un responsable del almacén revisó una lista antes de acercarse. —Son tres estaciones. Solo tienes que asegurarte de que cada una reciba lo que le corresponde y comprobar que no falte nada antes de marcharte.— —¿Solo eso?— —Si, solo eso.— —Bueno... venga. Sayuri se encarga.— Observé la cantidad de cajas que debía transportar y no pude evitar soltar un pequeño suspiro. No eran especialmente pesadas por separado, pero juntas sí suponían una carga considerable. —La próxima vez podrían repartirlas un poco mejor.— Uno de los encargados soltó una risa mientras me ayudaba a asegurar el cargamento sobre una pequeña carreta de transporte. —Creame señorita Sayuri, ya lo intentamos.—
Empujé la carreta fuera del almacén y comencé a recorrer las calles de Kirigakure. A esas horas ya había bastante movimiento. Comerciantes preparando sus puestos, niños corriendo de un lado para otro y varios equipos ninja cruzándose conmigo mientras salían hacia sus propias misiones. Pasé una mano por mi trenza para asegurarme de que seguía bien colocada, porque ya sabe, siempre tengo que verme regia. Continué caminando.
La primera estación estaba cerca de uno de los accesos principales de la aldea. No tardé demasiado en llegar. Dos vigilantes levantaron la vista al verme aparecer.
—Ya era hora.— Levanté una ceja. —Buenos días para ustedes también.— Uno de ellos sonrió con cierta vergüenza. —Lo siento. Llevamos aquí desde el amanecer.— —Se nota. Terminemos rapido, va.— Comencé a descargar las cajas mientras ellos revisaban el contenido. —Dos sacos de arroz.— —Correcto.— —Agua.— —Correcto.— —Botiquín.— —También.— Esperé con los brazos cruzados mientras terminaban de comprobar la lista. —Todo está en orden.— —Perfecto. Una menos.—
Antes de marcharme aproveché para observar el estado del pequeño puesto de vigilancia. La estructura seguía firme, aunque algunas tablas del exterior empezaban a mostrar el desgaste provocado por la humedad constante. —Será mejor que pidan madera nueva antes de que esto termine cayéndose.— Uno de los vigilantes asintió. —Lo anotaremos.—
Volví a ponerme en marcha.
La segunda estación se encontraba bastante más alejada, siguiendo uno de los senderos que rodeaban parte del bosque cercano. El camino era tranquilo y apenas me crucé con un par de patrullas. Mientras caminaba, mi atención terminó desviándose hacia un pequeño puesto ambulante instalado junto al sendero. Vendía accesorios hechos a mano. Reducí el paso casi por reflejo.
Había una horquilla metálica con pequeños detalles en forma de copos de nieve. Era bonita, muy muy bonita. Demaisado como para no tenerla yo. La observé durante unos segundos. Después miré la carreta. Después volví a mirar la horquilla. —No...— Di un paso para seguir caminando. Volví a detenerme. —Bueno... solo un momento.— Cinco minutos después salía del puesto con la horquilla cuidadosamente guardada dentro de una pequeña bolsa. —En fin... tampoco era tan cara.—Continué el camino con una ligera sonrisa.
Al llegar a la segunda estación encontré a uno de los guardias intentando reparar una barandilla. —¿Interrumpo?— El hombre dejó el martillo a un lado. —Al contrario. Nos hacía falta ese cargamento.— Repetimos la misma revisión que en la primera estación. Todo estaba completo. Antes de irme ayudé a sostener una de las vigas mientras el guardia terminaba de fijarla. —Ahora sí debería aguantar una buena temporada.— —Gracias por la ayuda.— —No fue nada. Sayuri al rescate.—
La tercera estación era la más alejada de todas y estaba situada sobre una pequeña elevación desde la que podía verse parte de los límites de la aldea. El ascenso con la carreta resultó bastante más pesado de lo que esperaba. 'Quién organizó esta ruta claramente no tuvo que empujar esto...' Cuando por fin llegué arriba, dos shinobi me saludaron con la mano. —Pensábamos que todavía tardarías.— —La culpa fue de una cuesta... y de una tienda.— Los dos intercambiaron una mirada. —¿Una tienda?— —No importa. Descargeuen esas ultimasc ajas ustedes... bendita subida. — Ambos comenzarno a descargar las últimas cajas y comenzamos la revisión final. Uno de ellos comprobaba el contenido mientras el otro iba marcando cada elemento en el pergamino, tal y como habian hecho las dos veces anteriores. Esperé mientras terminaban de revisar hasta el último paquete. Finalmente el responsable enrolló el pergamino y me dedicó una sonrisa. —Todo llegó en perfecto estado.— —Me alegra saberlo.—
Me despedí de los guardias y emprendí el camino de regreso con la carreta completamente vacía, lo que hacía el descenso bastante más sencillo. No había sido una misión complicada ni especialmente emocionante, pero entendía por qué era importante. Los vigilantes pasaban horas protegiendo los accesos de la aldea y necesitaban que alguien se encargara de mantenerlos abastecidos. Si ellos podían concentrarse en vigilar porque todo lo demás funcionaba correctamente, entonces el trabajo había merecido la pena. —Misión completada, Sayuri.— Guardé las manos en los bolsillos mientras abandonaba el edificio. Recordé entonces la pequeña horquilla que había comprado durante el camino y no pude evitar sacar la bolsa para observarla una vez más. —Sí... definitivamente valió la pena.—
Lugar: Kirigakure
Dia: 7 verano, año 150
Hora: 10:00am
Suministros a los Guardias
La mañana apenas había comenzado cuando pasé por el edificio de administración para revisar si había alguna misión disponible. No esperaba encontrar nada especialmente interesante. Después de todo, las tareas de rango D solían consistir en ayudar dentro de la aldea con trabajos que, aunque importantes, rara vez tenían algo de emoción. Aun así, toda misión servía para algo. Tomé el pergamino que me entregaron y le eché un vistazo mientras caminaba hacia la salida. —Reabastecimiento de estaciones de vigilancia... Bueno, en fin.— No era precisamente la aventura que tenía en mente, pero alguien tenía que hacerlo. Las estaciones repartidas por los alrededores de Kirigakure dependían de esos suministros para mantenerse operativas, y con el movimiento que había tenido la aldea durante las últimas semanas era normal que necesitaran ayuda adicional.Me dirigí al almacén principal, donde ya tenían preparados varios cajones de madera con comida, agua, vendas, herramientas de mantenimiento y algunos pergaminos destinados a los equipos de guardia. Un responsable del almacén revisó una lista antes de acercarse. —Son tres estaciones. Solo tienes que asegurarte de que cada una reciba lo que le corresponde y comprobar que no falte nada antes de marcharte.— —¿Solo eso?— —Si, solo eso.— —Bueno... venga. Sayuri se encarga.— Observé la cantidad de cajas que debía transportar y no pude evitar soltar un pequeño suspiro. No eran especialmente pesadas por separado, pero juntas sí suponían una carga considerable. —La próxima vez podrían repartirlas un poco mejor.— Uno de los encargados soltó una risa mientras me ayudaba a asegurar el cargamento sobre una pequeña carreta de transporte. —Creame señorita Sayuri, ya lo intentamos.—
Empujé la carreta fuera del almacén y comencé a recorrer las calles de Kirigakure. A esas horas ya había bastante movimiento. Comerciantes preparando sus puestos, niños corriendo de un lado para otro y varios equipos ninja cruzándose conmigo mientras salían hacia sus propias misiones. Pasé una mano por mi trenza para asegurarme de que seguía bien colocada, porque ya sabe, siempre tengo que verme regia. Continué caminando.
La primera estación estaba cerca de uno de los accesos principales de la aldea. No tardé demasiado en llegar. Dos vigilantes levantaron la vista al verme aparecer.
—Ya era hora.— Levanté una ceja. —Buenos días para ustedes también.— Uno de ellos sonrió con cierta vergüenza. —Lo siento. Llevamos aquí desde el amanecer.— —Se nota. Terminemos rapido, va.— Comencé a descargar las cajas mientras ellos revisaban el contenido. —Dos sacos de arroz.— —Correcto.— —Agua.— —Correcto.— —Botiquín.— —También.— Esperé con los brazos cruzados mientras terminaban de comprobar la lista. —Todo está en orden.— —Perfecto. Una menos.—
Antes de marcharme aproveché para observar el estado del pequeño puesto de vigilancia. La estructura seguía firme, aunque algunas tablas del exterior empezaban a mostrar el desgaste provocado por la humedad constante. —Será mejor que pidan madera nueva antes de que esto termine cayéndose.— Uno de los vigilantes asintió. —Lo anotaremos.—
Volví a ponerme en marcha.
La segunda estación se encontraba bastante más alejada, siguiendo uno de los senderos que rodeaban parte del bosque cercano. El camino era tranquilo y apenas me crucé con un par de patrullas. Mientras caminaba, mi atención terminó desviándose hacia un pequeño puesto ambulante instalado junto al sendero. Vendía accesorios hechos a mano. Reducí el paso casi por reflejo.
Había una horquilla metálica con pequeños detalles en forma de copos de nieve. Era bonita, muy muy bonita. Demaisado como para no tenerla yo. La observé durante unos segundos. Después miré la carreta. Después volví a mirar la horquilla. —No...— Di un paso para seguir caminando. Volví a detenerme. —Bueno... solo un momento.— Cinco minutos después salía del puesto con la horquilla cuidadosamente guardada dentro de una pequeña bolsa. —En fin... tampoco era tan cara.—Continué el camino con una ligera sonrisa.
Al llegar a la segunda estación encontré a uno de los guardias intentando reparar una barandilla. —¿Interrumpo?— El hombre dejó el martillo a un lado. —Al contrario. Nos hacía falta ese cargamento.— Repetimos la misma revisión que en la primera estación. Todo estaba completo. Antes de irme ayudé a sostener una de las vigas mientras el guardia terminaba de fijarla. —Ahora sí debería aguantar una buena temporada.— —Gracias por la ayuda.— —No fue nada. Sayuri al rescate.—
La tercera estación era la más alejada de todas y estaba situada sobre una pequeña elevación desde la que podía verse parte de los límites de la aldea. El ascenso con la carreta resultó bastante más pesado de lo que esperaba. 'Quién organizó esta ruta claramente no tuvo que empujar esto...' Cuando por fin llegué arriba, dos shinobi me saludaron con la mano. —Pensábamos que todavía tardarías.— —La culpa fue de una cuesta... y de una tienda.— Los dos intercambiaron una mirada. —¿Una tienda?— —No importa. Descargeuen esas ultimasc ajas ustedes... bendita subida. — Ambos comenzarno a descargar las últimas cajas y comenzamos la revisión final. Uno de ellos comprobaba el contenido mientras el otro iba marcando cada elemento en el pergamino, tal y como habian hecho las dos veces anteriores. Esperé mientras terminaban de revisar hasta el último paquete. Finalmente el responsable enrolló el pergamino y me dedicó una sonrisa. —Todo llegó en perfecto estado.— —Me alegra saberlo.—
Me despedí de los guardias y emprendí el camino de regreso con la carreta completamente vacía, lo que hacía el descenso bastante más sencillo. No había sido una misión complicada ni especialmente emocionante, pero entendía por qué era importante. Los vigilantes pasaban horas protegiendo los accesos de la aldea y necesitaban que alguien se encargara de mantenerlos abastecidos. Si ellos podían concentrarse en vigilar porque todo lo demás funcionaba correctamente, entonces el trabajo había merecido la pena. —Misión completada, Sayuri.— Guardé las manos en los bolsillos mientras abandonaba el edificio. Recordé entonces la pequeña horquilla que había comprado durante el camino y no pude evitar sacar la bolsa para observarla una vez más. —Sí... definitivamente valió la pena.—