28-07-2026, 06:51 PM
APROBADA AQUI
El calor del mediodía se siente denso, sofocante y casi líquido en los límites orientales de la aldea, donde el pavimento urbano y los muros residenciales ceden de forma abrupta ante la imponente y salvaje vegetación del Bosque del Perímetro Este. En esta zona fronteriza, el aire está profundamente saturado de humedad estival, impregnado por una mezcla inconfundible de aromas: el olor terroso y orgánico de la hojarasca en lenta descomposición, el perfume dulzón y penetrante de las flores silvestres que proliferan a la sombra de los matorrales, y el matiz resinoso de los pinos centenarios que se alzan como titanes mudos bordeando el territorio exterior.
Justo al borde de la caseta de control del puesto de vigilancia oriental, donde una sólida verja metálica y un sistema de esclusas marcan la separación definitiva entre la civilización de Konoha y la espesura salvaje, un especialista del cuerpo médico aguarda de pie bajo la sombra proyectada por un toldo de lona militar. Al percatarse de la sobria llegada de Adarel, el sanitario se endereza con rapidez, dejando a un lado sus registros para extenderle de inmediato el equipo reglamentario: un morral de cuero grueso tratado con forro impermeable, varias bandejas de contención acolchadas diseñadas para evitar la fricción, y un pergamino botánico ilustrado que detalla con precisión quirúrgica las características de los especímenes requeridos.
—Qué bueno que te asignaron esta ruta, Adarel —comenta el médico con un tono de sincero alivio, entregando los pertrechos con un respetuoso asentimiento de cabeza—. Los laboratorios centrales están prácticamente al límite de stock con las raíces de Sombraplateada y los brotes de Lirio de Roca. El verdadero problema no es solo localizarlos, sino extraerlos: crecen exclusivamente en los recovecos más húmedos, umbríos y traicioneros del sector profundo. Un corte equivocado o un desgarro en el rizoma arruina por completo sus propiedades curativas y anula su valor farmacológico. Necesitamos una extracción milimétrica, sin dañar la integridad de los especímenes. Tienes el perímetro totalmente despejado y luz verde para comenzar.
Tras cruzar la verja de seguridad y adentrarse en el sendero principal del bosque, el bullicio lejano de la aldea se extingue por completo, devorado por la compacta muralla de árboles y el canto distante de la fauna local. Las raíces nudosas de los robles se entrelazan bajo un denso lecho de musgo húmedo, y la luz del sol se filtra en haces dorados y tenues que apenas iluminan los rincones más recónditos del sotobosque, dejando el terreno listo para que el Hyūga despliegue su rigor operativo.
Dia 15 del Verano de 150
El calor del mediodía se siente denso, sofocante y casi líquido en los límites orientales de la aldea, donde el pavimento urbano y los muros residenciales ceden de forma abrupta ante la imponente y salvaje vegetación del Bosque del Perímetro Este. En esta zona fronteriza, el aire está profundamente saturado de humedad estival, impregnado por una mezcla inconfundible de aromas: el olor terroso y orgánico de la hojarasca en lenta descomposición, el perfume dulzón y penetrante de las flores silvestres que proliferan a la sombra de los matorrales, y el matiz resinoso de los pinos centenarios que se alzan como titanes mudos bordeando el territorio exterior.
Justo al borde de la caseta de control del puesto de vigilancia oriental, donde una sólida verja metálica y un sistema de esclusas marcan la separación definitiva entre la civilización de Konoha y la espesura salvaje, un especialista del cuerpo médico aguarda de pie bajo la sombra proyectada por un toldo de lona militar. Al percatarse de la sobria llegada de Adarel, el sanitario se endereza con rapidez, dejando a un lado sus registros para extenderle de inmediato el equipo reglamentario: un morral de cuero grueso tratado con forro impermeable, varias bandejas de contención acolchadas diseñadas para evitar la fricción, y un pergamino botánico ilustrado que detalla con precisión quirúrgica las características de los especímenes requeridos.
—Qué bueno que te asignaron esta ruta, Adarel —comenta el médico con un tono de sincero alivio, entregando los pertrechos con un respetuoso asentimiento de cabeza—. Los laboratorios centrales están prácticamente al límite de stock con las raíces de Sombraplateada y los brotes de Lirio de Roca. El verdadero problema no es solo localizarlos, sino extraerlos: crecen exclusivamente en los recovecos más húmedos, umbríos y traicioneros del sector profundo. Un corte equivocado o un desgarro en el rizoma arruina por completo sus propiedades curativas y anula su valor farmacológico. Necesitamos una extracción milimétrica, sin dañar la integridad de los especímenes. Tienes el perímetro totalmente despejado y luz verde para comenzar.
Tras cruzar la verja de seguridad y adentrarse en el sendero principal del bosque, el bullicio lejano de la aldea se extingue por completo, devorado por la compacta muralla de árboles y el canto distante de la fauna local. Las raíces nudosas de los robles se entrelazan bajo un denso lecho de musgo húmedo, y la luz del sol se filtra en haces dorados y tenues que apenas iluminan los rincones más recónditos del sotobosque, dejando el terreno listo para que el Hyūga despliegue su rigor operativo.