Día 13 de verano del año 150, Kirigakure.
Oficina de Asignaciones — Kirigakure
El aire dentro de la pequeña oficina de registros era espeso, impregnado al olores a tinta fresca, pergamino húmedo y el carbón consumido de un brasero que apenas mitigaba el frío perpetuo de la aldea. Detrás de un escritorio de madera carcomida, el Oficial Kenzou examinaba un expediente con los ojos cansados, frotándose el puente de la nariz con frustración contenida.
—Tres patrullas completas —murmuró Kenzou sin levantar la vista al principio, su voz áspera rompiendo el silencio opresivo de la estancia—. Desaparecidas en menos de una semana en los humedales del este. No hubo llamadas de auxilio, no hay cuerpos, ni siquiera rastros claros... solo niebla y un vacío estúpido que nos está costando la moral de los exploradores.
El oficial deslizó un rollo de pergamino sellado con cera gris sobre la madera, deteniéndolo a pocos centímetros de la orilla. Al alzar la vista, sus ojos se cruzaron con la mirada inalterable de Yogan. Kenzou tragó saliva con cierta incomodidad; había algo profundamente desconcertante en la calma de aquel joven Terumi, una serenidad que parecía flotar por encima de la urgencia del momento.
—La orden oficial es clara: localiza a los desaparecidos, trae de vuelta a cualquier superviviente y neutraliza al responsable de convertir esos pantanos en un cementerio silencioso —concluyó Kenzou, empujando el expediente por completo hacia él—. o minimo descubre que esta pasando y no te pierdas demasiado en la bruma. El este no perdona a los distraídos.
Los Humedales del Este
Dejar atrás los muros de la aldea fue cruzar una frontera invisible hacia la penumbra. El trayecto hacia el este condujo de inmediato a los humedales, donde la geografía misma parecía conspirar contra el sentido de la orientación.
El calor del verano se disolvía aquí en una condensación helada y pesada; la niebla plomiza envolvía los manglares con una lentitud fantasmal, reduciendo la visibilidad a unos pocos metros. El suelo se transformaba en un fango traicionero, y el aire apestaba a turba podrida y humedad estancada.
Avanzando por la periferia del sector asignado, el entorno comenzó a manifestar señales de que algo ocurría en este preciso instante.
A unos cuarenta metros, cortando la monotonía del agua lodosa de un canal secundario, se estaba produciendo una alteración evidente. Los juncos altos y rígidos de la orilla se sacudían con violencia rítmica, separándose a ambos lados como si una fuerza invisible abriera un surco en el pantano. Al mismo tiempo, un sonido sordo y constante —arrrastre, frote, arrastre— rompía el silencio de la niebla, acompañado por un rastro turbio de burbujas oscuras que brotaban a la superficie. Algo pesado, de dimensiones considerables, estaba siendo arrastrado lentamente hacia las profundidades de la bruma por alguien o algo oculto tras la cortina blanca.
![[Imagen: qo6UxQ5.jpeg]](https://i.imgur.com/qo6UxQ5.jpeg)