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[Autonarrada] [D] -Cazando al ladrón... de comida
Ran Kurai
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 8
Estadísticas
Generales
Fuerza8(1)
Destreza29(2)
Ctrl. de Chakra37(2)
Inteligencia46(2)
Especiales
Salud11
Velocidad10
Tenketsu9
Sigilo14
404
396
Enlace al Post
13-07-2026, 10:09 PM
9 de verano, año 150 - Konohagakure [Barrio Comercial]

Aquel día la muchacha iba a resolver esa nueva misión que se le había designado cómo lo que le correspondía por ser una genin de la Aldea Oculta de la Hoja, y si bien su rostro, siempre pálido, siempre ojeroso, siempre demacrado, no se notaba especialmente entusiasta, cómo si no se sintiera complacida ella misma de esa situación,  la verdad de las cosas era que la realidad era absolutamente lo contrario. No solamente su corazón latía de una manera no angustiosa, cómo era que tan comúnmente ocurría, sino que a la vez hasta la chica se sentía más positiva, al creer, tal vez de una manera un tanto ingenua, un tanto inocente de su parte, que ella podía hacer la diferencia, en el sentido que su ayuda en esas misiones no sólo habían traído buenas cosas para su propia persona, sino que al mismo tiempo a las otras personas involucradas en estas mismas. ¿O era que más bien la muchacha se estaba inconscientemente engañando a sí misma, al querer pensar que estaba cometiendo buenas acciones, algo que jamás le había importado hace poco tiempo atrás? Pero, y de todas maneras, ¿desde cuándo a qué a la joven le había interesada hacer cosas buenas? ¿Era que acaso, gracias a los sucesos más recientes en su siempre ansiosa vida, la chica estaba comenzando de una manera gradual, gradual y lenta, a cambiar su perspectiva personal acerca de las cosas? ¿O más bien que lo que le estaba ocurriendo  a ella, era algo meramente fugaz, sin proyección alguna?

¿Qué ella, después de todo, siempre sería esa persona egoísta, interesada, ambiciosa, que ciertamente jamás nunca se interesaba en los demás, y que así en el acto sólo le importaba sus propios objetivos y nada más? No dándose cuenta de lo que le estaba ocurriendo a nivel interno, muy posiblemente debido a que ella estaba demasiado afanada en estar casi obsesivamente  repasando de manera mental las instrucciones que se le habían dado para  cumplir a cabalidad aquella misión, fue que ella misma, después de un rato que se le hizo excesivamente corto, dio a dar con el mercado propiamente tal. Resultaba que el problema a buenas a primeras, no sonaba del todo misterioso, hasta que claro está, se comenzaba a indagar más en el asunto; varios comerciantes habían reclamado de que se desparecían alimentos, ya sean estos verduras, frutas, carne o incluso hasta en ciertos casos caramelos o golosinas… la cosa estaba en que no había rastro alguno de huellas de animales, además de que las cajas o contenedores de los cuales se había sacado dichos alimentos estaban sospechosamente cerrados de tal forma, de tal manera, que era prácticamente imposible que se hubiera sacado cosas de su interior deliberadamente, siendo tal vez lo que más llamaba la atención, que esos robos siempre eran al anochecer, que nunca deasapareçia toda la mercancía, y que sólo sacaba comida fácil de transportar. Decidiendo entonces Ran hacer una discreta patrulla unas cuantas horas antes de que fuera de noche, ella llegó hacia donde estaban los preocupados comerciantes, quienes se notaban muy intrigados. 


¿Cómo no, si después de todo se trataba de su propia mercancía, la cual estaba ligada directamente con su sustento económico? Fue así como la muchacha a continuación tomó nota mental de cada palabra dicha por estos mismos, y una vez que ya ella recopiló la información necesaria como para hacerse un mapa general de esa situación, ella misma les recomendó a esos comerciantes que ya podían a sus respectivas casas, que desde en ese preciso minuto en adelante, ella se encargaría de toda la situación. Los comerciantes no pusieron traba  o problema alguno a lo dicho por la kunoichi, es más, parecía como si estuvieran en completo agrado y de acuerdo con la joven, por lo cual cuando ya era prácticamente de noche, y ya ella se encontraba prácticamente a solas en el mercado, la chica se dispuso a iniciar su investigación, comenzando así con revisar meticulosamente con el puesto del último del comerciante que le habían sustraído esos alimentos. Los aún apagados ojos de la chica se abrieron más de lo común al darse cuenta de lo que estaba viendo: huellas de sandalias infantiles, restos de barro provenientes de alguna calle sucia cercana, un trozo de tela rasgado enganchado en una cerca.—Definitivamente, esto no fue obra de un animal—concluyó rápidamente la muchacha, sólo para después notar una bolsa de arroz rota que dejaba un pequeño rastro de granos. Y siguiendo ese rastro, la joven ahora llegó después de no más allá que tres o tal vez cuatro minutos, a una pequeño y estrecho callejón…

Notando la shinobi de inmediato que esos pequeños granos de arroz conducían única y exclusivamente a una especie de pequeña choza hecha de materiales débiles y precarios, seguidamente, y sin dudar no un poco, la genin abrió abruptamente esa misma choza, encontrándose así en el acto con la figura de un chiquillo extremadamente delgado, casi raquítico, el cual tan pronto como cuando sus miradas se cruzaron, su pequeño cuerpo comenzó a temblar con evidencia. No teniendo Ran la necesidad de utilizar cualquier tipo de jutsu, la verdad de las cosas era que ya todo estaba muy, pero muy claro ahí; no sólo estaba los granos de arroz que conducían a ese niño, sino que también que habían envoltorios vacíos de las golosinas extraídas  a los comerciantes del mercado. Sin embargo, y cuando ya la joven estuvo a punto de enfrentarse con ese muchachito, el cual no debería de tener más allá que nueve o tal vez ocho años de edad, ella se percató de que ese niño no estaba solo. No, detrás de él habían mucho animales, la gran mayoría apenas de unos cuantos de meses de vida, a juzgar por su tamaño, a lo que la muchacha llegó  a la conclusión de que esos alimentos robados no eran solamente para ese chiquillo, sino que también para esos cachorros. —Tranquilo, no te haré daño—le dijo ella a él, y aún cuando su tono de voz era frío, gélido, serio, lejano, el niño miró a Ran como si confiara plenamente en ella. ¿Qué debería de hacer a continuación…?

¿Delatar al niño y ya, entregándole así a las autoridades, las cuales con seguridad le darían un castigo ejemplar, o bien ayudar a ese mismo chiquillo? Y entonces la joven se dio cuenta de que estaba siendo más ‘humana’ que antes, en el sentido de que su comportamiento había sido ligeramente distinto a lo que hubiera sido hace unas cuantas semanas atrás. No pudiendo evitar asustarse la muchacha ante ese último punto, ya que sentía que era más débil al no acusar directamente a ese niño, ella misma y ese niño, del cual le tomó la mano, se dirigieron hacia el mercado en donde aún estaban unos cuantos comerciantes, quienes habían decidido quedarse ahí y no seguir la recomendación de la chica. Siendo así, la joven expuso a todos ellos las situación del chiquillo; que él no había robado por maldad, sino más bien que por necesidad, que él además también alimentaba a animales que estaban al igual en una situación de extrema pobreza, y que por lo cual no merecía la amonestación que se daba regularmente por ese tipo de crimen. Después de unas cuantas conversaciones, Ran, siempre astuta, siempre sagaz, consiguió convencer de alguna forma a los comerciantes que no expusieran al chico por esas faltas, los cuales incluso, sintiendo piedad por el chiquillo decidieron darle trabajo al niño. Finalmente, y una vez todo resuelto, la muchacha presentó su informe ante las autoridades correspondientes , el cual decía que había resultado la misión  sin problemas, indicando así que esta misma fue completada sin recurrir a la violencia.
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