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[Autonarrada D] El juguete
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra60(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud11
Velocidad14
Tenketsu11
Sigilo15
560
535
Enlace al Post
10-07-2026, 04:23 PM
Última modificación: 10-07-2026, 04:24 PM por Orión Hoshigaki.
6 de Primavera del Año 150
Canal Mizuchi - Kirigakure


La lluvia llevaba horas cayendo sobre Kirigakure. No era un aguacero capaz de vaciar las calles, sino esa llovizna constante que parecía formar parte de la propia aldea. Las tejas brillaban bajo la humedad, los puentes de piedra permanecían resbaladizos y el agua recorría los canales con un caudal más vivo que el habitual. Para cualquier habitante era una mañana común. Para los shinobi, otra jornada de trabajo.

Orión abandonó el edificio administrativo con un pequeño pergamino sujeto entre los dedos. Había recibido el encargo apenas unos minutos atrás. Una misión sencilla, al menos sobre el papel.



"Un juguete arrastrado por la corriente del Canal Mizuchi hasta las compuertas de los Canales Hōzuki. Los operarios no pueden recuperarlo sin detener el flujo de agua. Se solicita la intervención de un miembro del clan Hoshigaki debido a su capacidad para desplazarse y permanecer bajo el agua durante largos periodos sin comprometer su seguridad ni el funcionamiento de las esclusas."



Leyó aquellas líneas una vez más antes de enrollar el documento y guardarlo entre su ropa. No había enemigos. No había recompensas extraordinarias. Ni siquiera parecía una misión digna de un shinobi. Aun así, alguien había considerado suficiente importante aquel pequeño barco como para solicitar ayuda oficial de Kirigakure. Y eso bastaba.

El Hoshigaki emprendió el camino siguiendo la ribera del Canal Mizuchi. Su andar pesado contrastaba con la tranquilidad con la que observaba el entorno. La corriente descendía más rápida que de costumbre, transportando pequeñas ramas, hojas y restos de vegetación que la lluvia había desprendido durante la madrugada. No necesitó mucho tiempo para llegar al lugar indicado.

Varias personas permanecían reunidas junto a una pequeña plaza que daba directamente al canal. Entre ellas destacaba un niño de no más de siete años, incapaz de contener el llanto mientras abrazaba una pequeña tela azul. Una mujer, probablemente su madre, acariciaba su espalda intentando tranquilizarlo. Cuando advirtió la presencia del protector de Kirigakure, el funcionario encargado de la misión se acercó inmediatamente.

- ¿Eres el Hoshigaki?

Orión asintió.

El hombre extendió un brazo hacia el niño.

- Su padre partió hace unos meses en una misión de escolta. Antes de irse construyó un barco de madera para él. Esta mañana estaban jugando junto al canal y la corriente se lo llevó.

El funcionario suspiró.

- Pensamos utilizar pértigas para recuperarlo, pero el juguete terminó atrapado cerca de las compuertas. Si detenemos el sistema hidráulico afectaremos medio distrito. Los operarios creen que solo alguien acostumbrado a moverse bajo el agua podrá llegar hasta él sin correr demasiados riesgos.

Orión guardó silencio. Luego dirigió la mirada al pequeño.

- ¿Cómo era?

El niño levantó apenas la cabeza.

- Tenía una vela azul y un tiburón pintado adelante.

Su voz volvió a quebrarse.

- Mi papá dijo que un barco siempre encontraba el camino de vuelta.

Las palabras quedaron suspendidas unos segundos. Orión observó la corriente. Después volvió a mirar al niño.

- Vamos a comprobar si tenía razón.

El pequeño dejó de llorar por un instante. No porque creyera que sería fácil. Sino porque aquel enorme Hoshigaki había hablado con una calma imposible de discutir.

El trayecto hasta los Canales Hōzuki apenas tomó unos minutos. Conforme avanzaban, el sonido del agua cambiaba. El murmullo tranquilo del Canal Mizuchi dio paso a un rugido constante provocado por las esclusas que regulaban buena parte del caudal de la aldea. Varias plataformas de madera bordeaban las enormes compuertas de hierro. Sobre ellas trabajaban cuatro operarios utilizando largas pértigas para retirar ramas y desperdicios acumulados tras las lluvias de primavera.
Uno de ellos levantó la mano al reconocer al shinobi.

-¡Llegó!

El encargado descendió de la plataforma mientras secaba sus manos con un paño húmedo.

- Nos alegra que hayan enviado a un Hoshigaki.

Se acercó hasta el borde del canal y señaló una de las rejas inferiores.

- Vimos el barco hace un rato. Está ahí abajo, atrapado entre los barrotes y un montón de ramas.

Orión observó la corriente sin responder. El hombre continuó.

- No podemos bajar. Si alguien queda atrapado ahí, la fuerza del agua lo golpeará contra la estructura antes de que podamos sacarlo. Tampoco podemos cerrar las compuertas únicamente por un juguete; dejaríamos sin circulación varios canales durante horas.

El Hoshigaki permanecía inmóvil. Sus ojos recorrían el agua. No buscaban el barco. Buscaban comprender la corriente. Las burbujas aparecían siempre sobre el mismo punto. Las hojas realizaban idéntico recorrido antes de desaparecer bajo la estructura. Incluso el sonido variaba levemente dependiendo del lado de la compuerta. Después de unos segundos habló.

- Está del lado izquierdo.

El encargado frunció el ceño.

- ¿Lo alcanzas a ver?

Orión negó lentamente.

- No.

Hizo una breve pausa.

- Pero el agua sí.

Los trabajadores intercambiaron miradas sin entender demasiado aquella respuesta. El Hoshigaki comenzó entonces a quitarse la túnica florida con absoluta tranquilidad. La dobló con cuidado y la dejó sobre uno de los pilotes de madera para evitar que se mojara. Debajo permanecía el uniforme azul oscuro de Kirigakure, ajustado al cuerpo para facilitar el movimiento en el agua. Respiró profundamente mientras el rugido de las compuertas llenaba el ambiente. Frente a él, el canal seguía avanzando con la fuerza de un río desbocado. Era el momento de entrar.

El salto apenas produjo un pequeño chapoteo antes de que el agua envolviera por completo el enorme cuerpo del Hoshigaki. La corriente intentó arrastrarlo desde el primer instante, empujándolo hacia las compuertas con una fuerza suficiente para desequilibrar a cualquier nadador común. Sin embargo, Orión no luchó contra ella. Dejó que el caudal marcara el ritmo de sus movimientos, corrigiendo la dirección con brazadas largas y precisas, desplazándose con la naturalidad de quien había pasado más tiempo dentro del agua que fuera de ella.

A medida que descendía, la luz desaparecía bajo un velo verdoso. Las lluvias de primavera habían removido el fondo del canal, llenándolo de sedimentos, pequeñas ramas y hojas que danzaban suspendidas alrededor de la estructura hidráulica. El rugido de las compuertas se transformó en una vibración constante que recorría la piedra y el metal, como si toda la aldea respirara a través de aquel inmenso mecanismo.

Su mirada recorrió lentamente los barrotes de hierro hasta encontrar una diminuta mancha azul. Allí permanecía el pequeño barco, atrapado entre una maraña de ramas, raíces y viejas cuerdas que la corriente había ido acumulando durante semanas. El juguete apenas se mantenía entero, sacudido una y otra vez por el agua que insistía en arrebatárselo.

Orión se aproximó despacio. No era el barco lo que representaba el verdadero desafío, sino el tapón de residuos que lo rodeaba. Un movimiento brusco podía desprender aquella acumulación y provocar que los restos terminaran bloqueando parte del mecanismo de las compuertas. Apoyó una mano sobre la reja y comenzó a trabajar con paciencia. Fue retirando ramas una por una, liberando fragmentos de madera, viejas sogas y restos de vegetación que habían quedado enredados entre los barrotes. Cada objeto era apartado con cuidado para que la propia corriente lo condujera lejos del sistema sin generar un nuevo obstáculo.

Solo cuando el espacio quedó despejado sujetó el pequeño barco entre sus enormes manos. La pintura del tiburón permanecía visible en la proa, aunque el agua había desgastado parte del color. La vela azul seguía firme, inclinándose apenas por la presión del caudal. Antes de regresar decidió completar el trabajo. Aprovechando la inmersión, terminó de limpiar la reja principal, retirando los residuos más grandes que dificultaban el paso del agua. Poco a poco la corriente recuperó un flujo más uniforme y el rugido de las compuertas pareció volverse más estable.

Con el juguete protegido contra su pecho inició el ascenso. Al emerger, la lluvia continuaba cayendo con la misma tranquilidad con la que había comenzado la mañana. Los trabajadores observaron cómo el Hoshigaki abandonaba el canal completamente empapado mientras el agua resbalaba por su piel azulada. Bastó mostrar el pequeño barco para que el alivio se reflejara en los rostros de todos.

El regreso al Canal Mizuchi fue silencioso. El niño aguardaba exactamente donde lo había dejado, con la esperanza todavía aferrada a la mirada. Cuando el barco volvió a sus manos, el llanto desapareció por completo, sustituido por una sonrisa imposible de contener. Orión no necesitó escuchar agradecimientos; la expresión del pequeño decía todo lo necesario.

Recogió entonces su túnica florida, volvió a colocársela sobre los hombros y emprendió el camino de regreso mientras la lluvia seguía acompañando sus pasos. Una breve carcajada escapó de su pecho antes de murmurar para sí, con esa absurda costumbre de rimar incluso cuando nadie lo oía.

-Barco rescatado, tiburón mojado.
Moderador 2
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11-07-2026, 03:18 PM
Saludos señor, recompensas entregadas

Orión Hoshigaki: 500 Ryos, 5 Tobis, 70 de Exp

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