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¿Sabías que… La resistencia mental avanzada Futatsu [RESI202E] genera una segunda estructura de pensamiento; el cuerpo del usuario queda inmóvil bajo control enemigo, pero no entrega secretos ni obedece órdenes, volviéndolo inmanejable para quien intenta manipularlo
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[Autonarrada E] En busca del minino perdido
Yagami Nara
Rango Genin
Clan Nara
Nivel 7
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza5(1)
Ctrl. de Chakra75(4)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud9
Velocidad12
Tenketsu9
Sigilo13
345
400
Enlace al Post
27-06-2026, 09:08 AM
La Oficina del Hokage amaneció sumida en su habitual caos burocrático, pero para Yagami Nara, el día ya era una pérdida de tiempo soberana. A sus doce años, este genin de la prestigiosa familia Nara poseía todas las virtudes de su estirpe: una mente brillantemente estratégica y una pereza del tamaño de la mismísima Aldea de la Hoja. Con un suspiro cargado de desgana, Yagami desenrolló el pergamino oficial que el Tercer Hokage le había entregado personalmente. La descripción de la misión decía así:

Cita:"El gato de Madame Shijimi ha vuelto a escapar. Por muy gordo y sobrealimentado que parezca, se mueve rápido como el rayo y escala árboles con facilidad. Tengan especial cuidado con los arañazos y, sobre todo, no lastimen al pobre gato en absoluto."

—Qué problemático… —murmuró Yagami, rascándose la nuca mientras miraba el cielo nublado—. ¿Un gato? En serio, ¿Por qué no me asignaron recolectar hierbas medicinales? Esto va a ser un dolor de cabeza. Pero entonces un pensamiento cruzó delante de sus ojos ponièndolo en alerta.
— A no ser que en realidad se trate de un gato ninja desaparecido en mitad de una misión importante, y portara algún mensaje con información confidencial que pudiera caer en manos del enemigo. Al fin y al cabo el deber de todo buen ninja es proteger a la hoja a toda costa. — Claro que en este caso.. Bueno, se trataba solo de un gato domèstico con malas pulgas.

Yagami comenzó su rastreo por el sector residencial sur de Konoha, una zona conocida por sus callejones estrechos y laberínticos. Activando sus técnicas básicas de sigilo, se encaramó al tejado de madera de una vivienda y se agachó con destreza detrás de unas largas líneas de tendederos llenos de ropa recién lavada. Desde esa posición elevada, escudriñó los rincones sombríos en busca de cualquier rastro de pelaje marrón.
—¿Dónde te escondes, maldita bola de grasa? —susurró para sí mismo, aguzando la vista.

Lamentablemente para el joven Nara, su concentración fue su perdición. De repente, la ventana que se encontraba justo debajo de sus pies se abrió de par en par con un estruendo. Una anciana de facciones endurecidas, brazos robustos y una mirada que infundía más terror que un jōnin enemigo asomó la cabeza. Al mirar hacia arriba, vio a Yagami agachado en una posición sospechosa, exactamente al lado de una colección de prendas íntimas de encaje que se secaban al sol.
Yagami se congeló. El silencio que siguió fue sepulcral.

—¡Ladróóón! ¡Pervertido! —chilló la anciana a pleno pulmón, rompiendo la paz de la tarde mientras blandía una escoba de paja con una velocidad aterradora—. ¡Un degenerado fetichista de la ropa interior en mi tejado!

—¡Espere, señora, se equivoca! ¡Soy un ninja de la aldea en una mis...! —¡ZAS! El palo de la escoba rozó la punta de su nariz, astillando la madera del tejado.
Sin tiempo para dar explicaciones lógicas y con las mejillas ardiendo en un vivo color carmesí por la vergüenza, Yagami tuvo que batirse en retirada. Saltó hacia atrás, tropezando cómicamente con una sábana antes de recuperar el equilibrio y correr de tejado en tejado, mientras los insultos de la anciana y los ladridos de los perros del vecindario resonaban a sus espaldas. «Si mi clan se entera de esto, mi madre me obligará a disculparme de rodillas ante toda la calle», pensó, completamente mortificado.

Una vez que logró perder de vista a su inesperada perseguidora, Yagami se tomó unos minutos para recuperar el aliento. Refugiado en la frondosa rama de un enorme roble cerca del parque central, volvió a agazaparse, intentando recuperar la dignidad perdida. Fue entonces cuando un leve crujido de hojas llamó su atención en el pino contiguo.

Allí estaba. El famoso Tora. El felino era increíblemente obeso, tanto que su vientre casi rozaba la corteza de la rama, y lucía un ridículo lazo listado en la oreja derecha. En ese momento, mordisqueaba una ramita con total soberbia.
—Te tengo —susurró Yagami.

El genin se deslizó por las ramas sin hacer el menor ruido. Confiado en su velocidad, se lanzó en picado con las manos abiertas para rodear el cuerpo del animal. Sin embargo, las advertencias del pergamino no eran una exageración. A pesar de su silueta esférica, el felino reaccionó con la velocidad de un rayo; se retorció en el aire esquivando el manotazo de Yagami y, antes de que el ninja pudiera reaccionar, le plantó tres feroces y rápidos arañazos en la mejilla derecha. Con una agilidad pasmosa, el gato trepó hasta la copa más alta, bufando victorioso.

—¡Auch! ¡Maldito bicho rabioso...! —Yagami retrocedió, limpiándose la sangre con el dorso de la mano y maldiciendo su suerte.

Cualquier otro ninja habría intentado trepar a ciegas, pero Yagami era un Nara; la fuerza bruta no era su estilo. Se sentó en la rama, cruzó las piernas y comenzó a observar pacientemente el comportamiento del felino desde las sombras. Tras quince minutos de tensa espera, vio cómo el gato olfateaba el aire con desesperación. Unos metros más abajo, un civil disfrutaba de su almuerzo en el jardín: un plato de salmonetes asados cuyo aroma flotaba en la brisa. Al felino se le caía la baba de forma literal.

—Con que esas tenemos... Todo el mundo tiene un punto débil —sonrió Yagami, ideando un plan en un abrir y cerrar de ojos.

El joven corrió hacia el mercado de Konoha, gastó unos cuantos ryos de su propio bolsillo en un salmonete fresco y regresó al pino a toda velocidad. Con un poco de cuerda que llevaba en su mochila de herramientas, suspendió una pesada jaula de madera en una de las ramas inferiores de forma que quedara en equilibrio. Justo debajo, en el suelo, colocó el jugoso pescado. Posteriormente, Yagami se ocultó en la penumbra de un arbusto cercano, mimetizándose con el entorno.
El infalible olor del salmonete no tardó en surtir efecto. Tora, con las pupilas completamente dilatadas, bajó del árbol con cautela mirona, totalmente hipnotizado por el manjar. En cuanto el felino estiró el cuello para hincarle el diente al pescado, Yagami tiró con fuerza del cordel. La jaula cayó limpiamente desde el cielo.
Sin embargo, el instinto de Tora era sobrenatural. Al escuchar el crujido y ver la sombra de la jaula colapsando sobre él, el gato flexionó sus patas traseras, listo para dar un salto explosivo hacia el frente y escapar de la trampa por milésimas de segundo.

—¡No tan rápido! ¡Preveía eso! —Yagami salió de su escondite y juntó sus manos con rapidez, formando el sello de la rata—. ¡Jutsu del Imitador de Sombras! (Kage Mane no Jutsu).

La sombra del joven Nara se estiró de forma fluida por la hierba, extendiéndose como una línea negra y veloz que alcanzó la sombra del felino justo cuando este despegaba los pies del suelo. Al instante, Tora se quedó completamente petrificado a mitad del salto, congelado en el aire con las garras extendidas y una cómica expresión de pánico en el rostro, incapaz de avanzar un solo centímetro para esquivar el impacto.

Gracias a la inmovilización, la jaula cayó limpiamente sobre el felino inmóvil, encerrándolo de forma segura. Yagami se acercó con parsimonia, cerró el pestillo de hierro de la jaula y deshizo la técnica. El gato cayó suavemente sobre el suelo de la jaula, maullando con fastidio al verse atrapado de verdad.

—Misión cumplida... —suspiró Yagami, cargando la jaula—. Qué problemático ha sido esto. Ahora solo debo ponerme unas tiritas y rezar para que esa anciana no me vuelva a ver jamás.
Moderador 6
Rango Genin
Clan Yamanaka
Nivel 2
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo9
180
180
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30-06-2026, 10:28 PM
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