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  ›   [Común] [Side Quest] — El Sonido del Bosque Senju
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[Side Quest] — El Sonido del Bosque Senju
Kyōraku Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 10
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra45(2)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud9
Velocidad14
Tenketsu9
Sigilo14
410
500
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23-06-2026, 01:11 AM
Toc… toc… toc…

La bandana ninja resonó al contacto con la piedra. Durante un instante, el bosque entero pareció contener la respiración. Las raíces dejaron de crujir. Las ramas dejaron de responder. Incluso la humedad del aire pareció suspenderse entre los troncos, anticipando lo que estaba por ocurrir.

El silencio fue peor que el ruido. Sofocante. Extenso. Kyōraku alcanzó a sentir el palpitar de su propio corazón mientras dirigía la mirada hacia la copa de los árboles. Una acción fútil, estaban tan cerradas y tan oscuras que resultaba imposible atravesarla con la vista.

Entonces las copas estallaron. Un vendaval surgido de las entrañas del bosque sacudió con violencia ramas y hojas por igual.  El movimiento descendió hacia Kyōraku como una masa negra entre corteza y follaje. Ramas gruesas se doblaron, fragmentos de madera cayeron sobre el sendero y el sonido dejó de ser una dirección para convertirse en presencia.

El ave de dimensiones desproporcionadas cayó frente a él con un golpe pesado contra el barro. La tierra se estremeció bajo sus pies haciendo temblar el terreno. El Senju apenas alzó el mentón. No era un espíritu. No era una aparición. Hubiese deseado que así fuera.

[Imagen: image.png]

Sus ojos se abrieron en gesto breve de sorpresa. La fuerza de la caída desplazó raíces, piedras y polvo, haciendo que su cabello se elevara levemente hacia atrás. Siguió con la mirada la extensión de las alas, el cuerpo oscuro, la garra izquierda aprisionada por un grillete y la cadena rota que arrastraba sobre la tierra. La deducción terminó de cerrarse con una claridad casi cruel.

Kyōraku no se movió, no hizo ningún gesto brusco. Huir o intentar atacar a la criatura en ese instante solo podía conducir a un resultado, Su cuerpo destrozado en barros, plumas y madera.

El ave extendió sus alas con imponencia. Su envergadura era descomunal, y el escenario estrecho y contenido contrastaba con la facilidad con la que ejecutaba sus movimientos. Abrió el pico y lanzó u chillido agudo, curiosa, inspeccionando al Senju como si intentara encontrar en él algún rasgo familiar.

-¡kkKKRRIIIIIIAAAAAAAAHHhhhhhhh!!

Chilló una segunda vez. Esta vez con mayor violencia. El sonido le atravesó los oídos y sacudió las ramas cercanas.

En un instante las garras del Aguila aprisionaron como tenazas los hombros del shinobi. El dolor llego de golpe, brutal y profundo. Kyōraku sintió como las uñas del animal se hundían sin contemplación en la carne. Resistirse sería inútil. Aquellas no eran simples uñas, cada una terminaba en un gancho oscuro de casi un palmo, curvo y afilado, capaz de arrancar un pedazo de carne si el ave así lo decidía.

No tuvo más opción que relajar el cuerpo. El barró saltó bajo las patas de la criatura. La cadena rota osciló de un lado a otro golpeando raíces, troncos y ramas.
Y entonces el suelo desapareció.

Kyōraku sintió el tirón del ascenso atravesarle la espalda y los hombros. El bosque se abrió debajo de él en una sucesión violenta de troncos, hojas y sombras. No había tiempo para sorpresa. Tampoco era miedo, exactamente. Era la incertidumbre absoluta ante las próximas acciones del animal.
Era consciente de algo muy simple; su vida podía terminar allí si el águila lo disponía.

A pesar de su tamaño el ave maniobra con una agilidad inquietante entre los árboles. Kyōraku notó que aún tenía la roca y la bandana, una en cada mano. Aunque sus hombros estaban aprisionados, todavía tenía movilidad en sus extremidades. Guardo ambos objetos entre sus ropajes con el cuidado que la situación permitía.
El shinobi levantó la mirada. Arriba las ramas formaban una jaula y él iba directo hacia ellas, suspendido entre las garras de un ave gigantesca que atravesaba el bosque a gran velocidad.

Su cuerpo se compacto de inmediato. Encogió las piernas, bajo el mentón y llevó un brazo hacia el costado de la criatura, buscando aferrarse a la garra que lo sostenía, o si la cadena oscilaba a su alcance, sujetarla para estabilizar su propio cuerpo durante el vuelo y anticipar cualquier movimiento inoportuno del animal.
Contenido Oculto

✔Aprendida · 17-06-2026
◈Taijutsu
✦Nivel: 1
#ID: DEFE101B
◔Coste
35 de Chakra, 25 de Chakra por Turno
▣Descripción

El ninja adopta una postura de concentración absoluta, preparándose con antelación para detectar cualquier ataque, incluso si proviene desde su espalda. Para activarla, debe entrar en este estado al menos un turno antes de recibir una ofensiva, enfocando todos sus sentidos en el entorno.



Una vez activada, esta técnica reinicia el Coldown de sus habilidades defensivas: Esquiva, Bloqueo y Choque. Además, reduce el sigilo de todos los ataques que se dirijan directamente hacia él, facilitando su detección. Esta preparación puede ocultarse mediante un [Hide], evitando que otros noten su estado de alerta.

✧Efecto
4 (MDES) de Disminución de Sigilo Oponente

No intento herir al ave.

El otro brazo se alzó para proteger el rosto y apartar las ramas máss cercanas antes de que le atravesaran los ojos o la garganta. Algunas golpearon su manga. Otras su mejilla. Una rama gruesa tuvo que apartarla con fuera, desviándola apenas antes de que chocara contra su pecho.

Kyōraku se mantuvo firme entre las garras, protegiéndose de la maraña de madera viva. Lo que el ave pensara hacer con él seguía siendo un misterio.
Pero aun allí, elevado sobre el sendero, convertido por completo en presa, había algo que continuaba llamando su atención.

El grillete. La cadena rota. La forma en que había respondido al sonido.

<<¿Estaba en cautiverio?>> Sus ojos se estrecharon mientras el viento le golpeaba el rostro.

<< ¿a quién responde este animal? ¿cuál es su origen? ¿Qué hace en el bosque Senju…>>

La mirada de Kyōraku descendió hacia la cadena que se agitaba bajo el cuerpo del ave << ¿La están ocultando a propósito?>>
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
Ficha de Kyōraku Senju

[Imagen: byakuya-signature.png]
Yūgen Sarutobi
Rango Chuunin
Clan Sarutobi
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza50(3)
Destreza35(2)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia30(2)
Especiales
Salud10
Velocidad17
Tenketsu10
Sigilo12
490
495
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23-06-2026, 03:56 AM
Las intenciones sigilosas del Sarutobi se veían interrumpidas por varias ramas y hojas que crujian al pisar en ellas, algo casi imposible de evitar cuando a penas podías ver lo que tenías en las manos. Yugen se daría cuenta que aquellas dos chicas misteriosas no parecían notar al shinobi, lo que le daba otra oportunidad de pensar bien las cosas. Este miraría a su alrededor y caería en que lo mejor sería emboscar desde la altura, saltando con cuidado sobre un tronco sin hojas que pudieran revelar su posición.
 
Fue cuando un movimiento anormal parecía tomar lugar a varios metros de allí, justo por donde Yugen habría venido corriendo. El Sarutobi solo podía imaginarse que se trataba de Naoe o de su otro compañero, Kyoraku. Con sus compañeros a la entrada de aquél claro una nueva estrategia se dibujaba en la cabeza de Yugen, pues ahora sería viable un encierro sin tener que recurrir a una violencia directa.
 
Una vez en aquél tronco, Yugen saltaría hacia el otro lado del claro, evitando cualquier intento de escape por parte de las dos chicas. El Sarutobi mantendría aquella kunai en su mano, pero esta estaría oculta para evitar sembrar el pánico entre las chicas.
 
— Lamento interrumpir vuestro picnic pero los ciudadanos están preocupados por unos ruidos provenientes de aquí. ¿Tienen alguna idea de lo que estoy hablando? —

Pese a no poder ver a los demás con claridad aquello era una pequeña victoria, pues las sospechosas ya estaban contra la pared. Fue cuando lo que parecía ser una especie de rugido se escuchó venir desde lejos, pero era lo suficientemente potente como para paralizar a cualquiera. Yugen tuvo que girar la mirada en dirección a aquél rugido, preguntándose que demonios había sido eso.
 
Ocultar las intenciones ya no era una opción, teniendo este que revelar su kunai.
 
Contenido Oculto (Vista Previa)
✔Aprendida · 16-06-2026
◈Taijutsu
✦Nivel: 1
#ID: DEFE101B
◔Coste
35 de Chakra, 25 de Chakra por Turno
▣Descripción

El ninja adopta una postura de concentración absoluta, preparándose con antelación para detectar cualquier ataque, incluso si proviene desde su espalda. Para activarla, debe entrar en este estado al menos un turno antes de recibir una ofensiva, enfocando todos sus sentidos en el entorno.

Una vez activada, esta técnica reinicia el Coldown de sus habilidades defensivas: Esquiva, Bloqueo y Choque. Además, reduce el sigilo de todos los ataques que se dirijan directamente hacia él, facilitando su detección. Esta preparación puede ocultarse mediante un [Hide], evitando que otros noten su estado de alerta.

✧Efecto
2 (MDES) de Disminución de Sigilo Oponente
[Imagen: VDdYHBx.png]
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
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Sigilo15
390
300
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23-06-2026, 04:35 PM
En el claro del este, la voz de Yūgen cortó el sonido de la placa. Akane Senju bajó el brazo apenas un poco, todavía con el metal en la mano, y giró el rostro hacia el borde de los árboles. La antorcha le iluminó los ojos por un segundo. No parecía asustada, pero sí extrañada. No esperaba encontrar a nadie allí a esa hora, mucho menos a un genin armado saliendo de la oscuridad con preguntas y tono de acusación. Reina Senju, que estaba agachada acomodando las frutas, se levantó de inmediato y se colocó un paso por delante de Akane, con el cuerpo bajo, firme, una mano cerca de la bolsa que llevaba al costado. Su postura dejó claro que no iba a permitir que alguien entrara al claro a estropear lo que estaban haciendo. Akane miró primero la kunai, luego el rostro de Yūgen, y habló con voz baja, pero seca. —¿Quién eres? ¿Qué haces acá? El Bosque Senju se encuentra cerrado. — Las dos antorchas seguían clavadas cerca de la comida, iluminando mejor el centro del claro: sandías abiertas, melones partidos, papayas maduras, bolsas de frutas y una cuerda lista sobre la tierra húmeda. Reina no dijo nada. Solo miró a Yūgen con una seriedad fría, midiendo si era una ayuda, un estorbo o una amenaza.

Entonces el oeste explotó. Primero vino el chillido, largo, agudo, horrible, atravesando el bosque de lado a lado. Luego las copas se sacudieron con fuerza y una sombra enorme pasó entre los árboles. Kyōraku había logrado mantenerse entero durante el vuelo, encogiendo el cuerpo, protegiéndose el rostro y usando brazos y piernas para aguantar los golpes de las ramas. El ave lo llevaba sujeto por los hombros, con las garras hundidas y la cadena rota golpeando ramas, raíces y troncos a cada movimiento. Pasó finalmente sobre Naoe y Kogarasu, que venían por el sendero este, lo bastante bajo para que el aire del aleteo les moviera la ropa y levantara hojas húmedas del suelo. La criatura iba descendiendo. No hacia ellos... Hacia el claro. Vio la comida bajo las antorchas y soltó otro chillido. A unos tres metros de altura, abrió las garras y dejó caer a Kyōraku sobre el suelo del claro. Luego siguió girando encima de la comida con las alas abiertas hasta que aterrizó de golpe en el centro. La tierra tembló bajo sus patas. La cadena cayó detrás de ella con un ruido seco. Y entonces, sin mirar a nadie, empezó a comer.

Akane no perdió tiempo. Apenas vio que el ave bajaba la cabeza sobre las frutas, dejó la placa metálica a un lado y comenzó a acercarse. Despacio... Muy despacio. Casi de puntillas sobre la tierra húmeda, con las manos abiertas y la respiración controlada, caminando hacia la cadena. Cada paso era pequeño, buscando que el sonido de la fruta rompiéndose bajo el pico del ave cubriera el ruido de sus botas. Reina, en cambio, no se movió de su sitio. Miró primero al ave, luego a Kyōraku en el suelo ¿Quién diablos era ese? Y después a Yūgen y a la kunai que aún tenía en la mano. Su expresión se endureció. Estaban tan cerca de lograrlo, y si el Sarutobi hacía un movimiento brusco, si intentaba atacar, si asustaba al animal en ese instante, podía arruinarlo todo. El ave seguía comiendo, la cadena estaba al alcance de Akane, y el claro entero se quedó atrapado en un silencio tenso, roto solo por el sonido húmedo de las frutas partiéndose bajo aquel pico enorme.
Kyōraku Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 10
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Generales
Fuerza25(2)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra45(2)
Inteligencia5(1)
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410
500
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23-06-2026, 08:25 PM
Kyōraku atravesó parte de la maraña intacto. Desde las alturas vio cómo, bajo sus pies, dejaban atrás a Naoe y a otro shinobi que no logro identificar con claridad. Mas adelante, el bosque se abrió en un claro donde ya se encontraban tres figuras, Yugen y dos mujeres de menor estatura.

El suelo volvió de golpe. El águila, atraída por el sonido primero, y después por la comida reunida en el centro de la escena, pareció olvidarse de su carga. Liberó al Senju del aprisionamiento de sus garras y se dirigió en picada hacia los alimentos.

Kyōraku cayó desde unos tres metros de altura. Primero tocaron tierra sus piernas. Luego, obligado por la inercia, flexionó las rodillas y llevó el cuerpo hacia adelante, rodando sobre la tierra húmeda para después quedar con una rodilla apoyada en el suelo y la otra pierna flexionada.

Una entrada espectacular, llamativa, exuberante. Un comando aéreo que era desplegado en el área de la misión por su transporte aéreo.

No era para nada el estilo del gennin.

Kyōraku se incorporó con cuidado, apoyando una mano sobre la pierna antes de erguirse por completo. Luego sacudió la tierra y el polvo de su ropa con suaves palmadas, como si aquel descenso hubiera sido una molestia menor y no el resultado de haber sido abducido y transportado entre las garras de una criatura gigantesca.

El dolor de los hombros llegó después, ardiente y profundo, allí donde las garras habían mordido carne y tela antes de soltarlo.
La criatura se había olvidado dé el. Había descendido sobre la comida, y el claro temblaba bajo su peso. Las frutas se partían bajo el pico enorme con sonidos húmedos, grotescamente tranquilos en comparación con el chillido que momentos antes había atravesado el bosque. Las sandias se abrían fácilmente. Kyōraku no pudo evitar pensar que lo mismo podía pasar con sus cráneos.

Sus ojos recorrieron la escena. Las antorchas. Las frutas. La cuerda. La placa metálica. Una de las mujeres procurándose a la cadena, la otra inmóvil, vigilando a Yūgen y el Kunai que aún sostenía...

<<El sonido atraía el ave hacia la comida…>> Era todo un ritual para atraer al ave, ¿con que intención? Aún no lo sabian.

Kyōraku giró apenas el rostro hacia Yugen - ¿Estos son tus espíritus? – La ironía fue seca. Apenas un filo en la voz. Señaló con el dedo índice a las mujeres frente a ellos, sin apartar del todo la atención del ave

– Baja el arma – No había suplicas en sus palabras. Tampoco enojo. Solo una advertencia fría. - Si la asustas ahora, será un problema para todos.

Kyōraku volvió la mirada hacia Akane. No intentó ayudarla todavía. Cualquier paso torpe podía romper el equilibro que ella estaba construyendo con tanto cuidado.
Así que el Senju hizo lo único útil que podía hacer en ese momento.

Se quedo quieto.

Luego centímetro a centímetro comenzó a retirar su cuerpo de la línea directa entre el ave y las mujeres, sin darle la espalda a la criatura, sin sostenerle demasiado la mirada, sin provocar otro chillido.

La sangre descendía en hilos finos desde sus hombros, tibia bajo la ropa desgarrada, pero el dolor tenía que esperar.

El grillete seguía allí. La cadena también y Akane estaba a punto de alcanzarla.

<<Que manejen la situación, luego resolveremos >>

Kyōraku no volvió a moverse, no todavía.
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
Ficha de Kyōraku Senju

[Imagen: byakuya-signature.png]
Koga
Rango Genin
Clan Nara
Nivel 9
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Generales
Fuerza0(1)
Destreza5(1)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia30(2)
Especiales
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Sigilo9
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23-06-2026, 09:55 PM
El estruendo del oeste no tardó en repetirse en el cuerpo de Koga, no como sonido sino como presión. La sacudida de las copas, el paso de algo enorme entre los árboles y aquel chillido que parecía rasgar el aire lo obligaron a fijar la vista en lo alto casi por instinto. Fue entonces cuando lo vio: la masa oscura atravesando el dosel, arrastrando ramas y hojas a su paso, con algo -alguien- sujeto entre sus garras. Durante un segundo no hubo reconocimiento, solo cálculo, hasta que la forma humana se volvió inconfundible. Koga soltó el aire por la nariz, tenso, y sin pensar demasiado más allá del siguiente movimiento, salió de la sombra del árbol donde se había cubierto.

No lo hizo de golpe. Se deslizó hacia adelante con cuidado, midiendo cada paso sobre la tierra húmeda del claro como si el suelo pudiera delatarlo más que su propia presencia. Las manos permanecieron cerca del pecho, aún listas para formar sellos, pero relajadas lo justo para no tensar el cuerpo innecesariamente. Sus ojos no se apartaron del ave en ningún momento, siguiendo su trayectoria mientras descendía en círculos pesados hacia el centro del claro. El resto del entorno tanto las mujeres, como las frutas y la tensión acumulada quedaron en un segundo plano por un instante.

Cuando el ave soltó a Kyōraku, el impacto contra el suelo rompió el ritmo contenido del lugar. Koga se detuvo de inmediato, sin avanzar más de lo necesario, lo bastante cerca como para confirmar que no estaba inconsciente, pero lo bastante lejos como para no provocar un movimiento brusco en la criatura. El silencio que siguió fue denso, interrumpido solo por el sonido húmedo de las frutas al ser devoradas y el crujido ocasional de la cadena arrastrándose. Desde su posición, Koga bajó ligeramente el centro de gravedad, observando al Senju caído durante un segundo antes de hablar.

Su voz salió apenas en un susurro, controlada, casi perdida entre el ambiente del claro.

— Oye... —dijo sin levantar el tono, cuidando de no llamar la atención del ave— ¿Estás bien?

No esperó una respuesta inmediata. Sus ojos volvieron a subir al ave un instante, evaluando su tamaño, el movimiento de las alas, la forma en que la cadena golpeaba el suelo con cada ajuste de postura. Luego regresó a Kyōraku, manteniéndose quieto, atento, listo para moverse si la situación cambiaba, pero sin hacer nada que pudiera interrumpir lo único que, por ahora, mantenía al animal ocupado, eso era... la comida.
[Imagen: RoaK1gc.png]
Yūgen Sarutobi
Rango Chuunin
Clan Sarutobi
Nivel 11
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Fuerza50(3)
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Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia30(2)
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Salud10
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Sigilo12
490
495
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24-06-2026, 03:39 AM
Varias cosas ocurrían al mismo tiempo y Yugen se mantenía firme con su decisión. El Sarutobi miraría a su compañero que acababa de descender del cielo con un ave monstruosa solo para ignorar lo que este tenía para decir. Yugen guardaría su kunai dentro de su kimono, dando la sensación de que este aceptaba el plan de Kyoraku. Pero la realidad no podía ser mas diferente. 
 
— Esta ave te dañó a tí, Kyoraku, lo que quiere decir que es una amenaza para los demás ciudadanos de la aldea. Te doy diez minutos para buscar una solución sin derramar sangre o yo mismo le pongo fin a esa criatura. —
 
Las palabras del Sarutobi no debían ser tomadas a la ligera y menos cuando este sacaba lo que parecía otra especie de arma para reemplazar su kunai. Se trataba de una chakura to, un arma bastante cara y con la cual este sería capaz de usar su jutsu especial en todo su esplendor. Yugen apretaría el puño con aquella chakura to, manteniendo su mirada entre las chicas y el ave, listo para blandir el metal.
 
— Tenemos los números a nuestro favor y estas chicas no parecen especialmente hábiles con ningún tipo de arma. ¡Si las capturamos y matamos al animal regresaremos a la aldea como héroes, habiendo limpiado este bosque sagrado de estas pestes! —
 
El Sarutobi apuntaría con sus nudilleras a las chicas, alentando a sus compañeros a tomar acción junto a él y llevar a las sospechosas a la ley de Konoha. Una pequeña briza pasaría por donde Yugen, ondeando su kimono blanco y provocando que sus aretes dorados golpeen su oreja. Esa era la Voluntad de Fuego de los Sarutobi, un arma ideológica capaz de eliminar todo aquello que amenace con el futuro de Konoha sea cual sea el costo.
[Imagen: VDdYHBx.png]
Naoe Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 9
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Especiales
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415
440
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24-06-2026, 03:57 PM
Sin perder un segundo, Naoe avanzó por el sendero del este permitiendo que Koga se acoplara a su marcha. El descenso por la pendiente suave fue un ejercicio de sigilo estricto; el Senju pisaba con una sincronía felina, evitando las raíces expuestas. El aire se enfrió drásticamente a medida que descendían unos treinta metros, hasta que el sendero se abrió en el claro ovalado, envuelto casi por completo en una noche prematura debido al domo negro de las copas superiores.

Agazapado en el límite del follaje junto a Koga, Naoe fijó sus ojos claros en la escena central, desmenuzando los detalles con precisión quirúrgica. Ante ellos, dos mujeres vestidas con ropas de campo trabajaban en un silencio sepulcral, ajenas a su presencia. En el fango, acomodados meticulosamente alrededor de un punto central, reposaban los objetos descritos por el entorno: eran comida. Frutas de gran tamaño —melones, sandías y papayas— algunas enteras y otras toscamente abiertas, dispuestas en grupos específicos. Mientras una de las civiles reacomodaba las piezas con las manos cubiertas de barro, la primera alzó una placa metálica y volvió a golpear con una cadencia matemática: Toc… toc… toc… Pausa. Toc… toc… toc… El sonido que había alterado a los aldeanos no era una señal de guerra, sino una llamada de alimentación.

Estaba a punto de emitir una instrucción hacia Koga, cuando la quietud del bosque se rompió de forma violenta. Un estruendo brutal y masivo retumbó desde el oeste, la dirección de la bifurcación que acababan de abandonar. El impacto, sordo pero colosal, sacudió las copas de los árboles en la distancia y levantó aves en la lejanía, extendiendo una onda de presión que hizo vibrar el follaje sobre sus cabezas. Naoe congeló cada músculo de su cuerpo, suspendiendo la palabra en su garganta mientras liberaba instintivamente un milímetro de acero de su vaina en un movimiento de guardia formal.

Antes de que pudieran asimilar el origen del impacto, la crisis convergió físicamente en el claro. Una sombra de proporciones aberrantes rompió el dosel a gran velocidad: un ave gigantesca de plumas negras que llevaba a Kyōraku atrapado entre sus brutales garras, arrastrando una cadena rota. La criatura descendió en picado atraída por el comedero, soltando a su pariente desde unos tres metros de altura antes de aterrizar con un golpe pesado que hizo temblar la tierra húmeda. Al instante, el animal ignoró a los presentes y comenzó a devorar las sandías y papayas con un sonido húmedo y rítmico. Mientras Koga se deslizaba con cautela para comprobar el estado de Kyōraku y Akane Senju avanzaba de puntillas hacia la cadena del grillete, la fragilidad del perímetro fue alterada por la intervención de Yūgen.

El Sarutobi, blandiendo una nudillera chakura to, alzó la voz con vehemencia, catalogando al animal como una amenaza directa para Konoha y sugiriendo una captura armada para resolver la situación. Dando un paso al frente de manera fluida y saliendo por completo de la cobertura del follaje, Naoe interpuso su pulcra silueta oblicuamente entre el Sarutobi y las dos mujeres de su clan. Su espada regresó a la vaina con un clic metálico, seco y rotundo, que buscó apaciguar el ambiente. Sus ojos claros, serenos pero cargados de una firmeza incuestionable, se posaron sobre su compañero de armas.

—Guarda el metal, Yūgen. No hay necesidad de llegar a la violencia —solicitó Naoe, manteniendo una voz baja, pausada y controlada para no alarmar al ave, buscando canalizar la calma protectora de su linaje—. Quienes están frente a nosotros no son intrusas ni enemigas de la aldea; son operarias autorizadas de mi clan ejecutando una tarea de contención. La bestia está herida y respondiendo a un código de alimentación, no es una incursión hostil. Mantengamos la posición y permitamos que terminen su labor.

Asegurándose de que el Sarutobi asimilara la calma de la situación, Naoe ladeó la cabeza, dirigiendo sus palabras hacia Reina y Akane Senju con una cortesía formal e impecable.

—Podría reportar el acoplamiento de la patrulla de reconocimiento norte. Disculpen la intromisión; la falta de luz en los senderos y la preocupación de los civiles en el puesto de ramen propiciaron una lectura errónea del perímetro antes de llegar aquí. Veo que el espécimen herido responde debidamente a los estímulos metálicos.

Naoe estabilizó su postura marcial, manteniendo los guantes blancos impecables a los costados de su uniforme, actuando como un soporte diplomático y físico en el borde del claro.

—Kogarasu Nara está en el flanco asistiendo la posición de Kyōraku. Mantendremos la línea de seguridad pasiva. Indíquenos el vector ¿aseguramos los alrededores o colaboramos en la sujeción de la cadena una vez que se complete la aproximación?[/color]
[Imagen: Firma.webp]

Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
Ficha - Registros - Cronología - Misiones - Relaciones
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
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Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
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Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
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24-06-2026, 04:53 PM
Por un momento, el claro pareció sostenerse sobre una cuerda delgada. Kyōraku, todavía con sangre bajándole desde los hombros, había entendido rápido que moverse de más era regalarle al ave una excusa para volver a atacar.  De manera sabia, le pidió a Yūgen que bajara el arma y se apartó despacio de la línea directa entre la criatura y las mujeres. Reina lo siguió con la mirada y con esto dio con los otros ¿Cuántos eran? ¿Quiénes eran? Koga se acercó lo justo para confirmar que Kyōraku seguía consciente y mantuvo el cuerpo bajo y Naoe, fue el que intentó ponerle nombre al desorden. Salió de la cobertura, guardó la espada y habló con una calma pulida. Indicó que las mujeres no eran intrusas, que el animal estaba herido y que respondía a un código de alimentación. Si todos hubieran seguido ese ritmo, tal vez Akane habría terminado de cerrar el grillete sin más problema. Pero Yūgen no siguió ese ritmo. Guardó la kunai, sí, pero la cambió por otra arma. Y cuando habló de diez minutos, de matar al animal, de capturar a las mujeres y volver a la aldea como héroes, el claro entero dejó de respirar. El ave no entendió cada palabra., pero entendió el tono y se dio cuenta de la gran cantidad de personas...Una amenaza

Akane ya tenía la cadena entre las manos cuando todo se torció. La sanadora Senju tiró de ella con cuidado, buscando acercarse al seguro mientras el pico enorme del ave seguía rompiendo sandías y papayas con sonidos húmedos. Entonces la criatura levantó la cabeza y dejó de comer. Akane apretó la cadena con ambas manos y le susurró algo... Pero el ave ya estaba arriba en su propia cabeza. Abrió las alas de golpe; el aire de su movimiento causó que una antorcha cayera de lado. El ave comenzó a aletear con fuerza y Akane no soltó. De pront, la cadena se tensó de golpe, le arrancó dos pasos hacia adelante y luego el suelo desapareció bajo sus pies. Reina Senju giró apenas alcanzó a verla elevarse. —¡Akane!— gritó, pero la otra, colgando de la cadena con el cuerpo sacudido por el aleteo, tuvo la necedad de responder desde arriba. —¡No te preocupes! ¡La traeré de vueltaaaaaaaa!— Y así, con una naturalidad absurda, el ave se perdió entre las copas, llevándose a Akane, la cadena y el operativo entero hacia la oscuridad del bosque.

Reina se quedó mirando el hueco que dejaron las ramas al cerrarse con su compañera. Después se llevó la mano a la cara y se cubrió los ojos con una paciencia muerta. Quiso seguirla. Se le notó en el cuerpo. Dio medio paso hacia donde el ave había desaparecido, pero se detuvo porque todavía tenía cuatro genin frente a ella, y uno de ellos acababa de hablar de matar a una criatura bajo custodia y capturar a dos trabajadoras Senju dentro de territorio restringido. Tomó una de las antorchas que seguía firme en el barro y la levantó despacio. La luz le subió por el brazo, le marcó las manos manchadas de tierra, los frascos protegidos en su bolsa, el cuchillo pequeño de poda, las vendas apretadas en los dedos y su mirada...odio puro. Ahora podían verla bien. Su nombre era Reina Senju, botánica y custodia de jardines medicinales, y tenía el cuerpo de alguien acostumbrada a trabajar sola en lugares donde gritar no sirve de nada. Midió el campo; unos unos siete metros de Yūgen, de frente a él; a unos cinco de Naoe, porque él se había interpuesto en esa línea incómoda entre diplomacia y defensa; y a unos ocho o nueve de Koga y Kyōraku, que seguían más cerca del punto donde la caída había revuelto la tierra. Si el Sarutobi insistía con su plan...eran cuatro contra una. En números, sí. Pero el claro no se sentía así.

Con la antorcha cerca del rostro, las tres marcas se volvieron visibles. Oscuras. Claras.  Cualquier Senju las habría reconocido al instante: Jokai. Reina miró a Naoe primero, porque había sido el único que intentó hablar como alguien con sentido, pero no le regaló gratitud. Luego miró a Koga, quieto y prudente. Después a Kyōraku, herido pero callado. Y al final dejó los ojos sobre Yūgen, donde se quedaron. —Están invadiendo propiedad de la aldea y de mi clan. Nadie está autorizado a estar acá a esta hora sin permiso.— Dio un paso al frente. Solo uno. El barro sonó bajo su bota. Entonces metió dos dedos bajo el cuello de su ropa y sacó un silbato pequeño, oscuro, colgado de una cuerda fina. En Konoha, una señal corta podía mover patrullas, levantar reportes y convertir un malentendido en una detención formal. Reina cerró los dedos alrededor del silbato, sin bajar la antorcha, sin apartar la mirada. —Tienen una oportunidad.— Dijo de forma directa. —Manos al aire y de rodillas. Ahora.—
Naoe Senju
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24-06-2026, 05:54 PM
El desastre se materializó en el aire con un batir de alas ensordecedor que extinguió una de las pocas fuentes de luz útil del claro. Naoe observó la secuencia con una rigidez analítica: el ascenso descontrolado del espécimen, el grito de Reina y la absurda terquedad de Akane Senju al dejarse arrastrar hacia el domo negro de las copas leñosas, perdiéndose en la negrura del bosque. La operación de contención biológica había fracasado por completo debido a la interferencia ideológica del Sarutobi, dejando una baja civil en vector de caída libre y a la unidad expuesta ante una crisis legal de primer orden.

Cuando Reina Senju levantó la antorcha restante, la luz de la llama roja recortó las facciones de su rostro, exponiendo con nitidez las tres marcas oscuras sobre su piel. Jōkai.

Los ojos de Naoe se entornaron imperceptiblemente al reconocer el estigma. Como un Senju instruido en los archivos de la fortaleza y la etiqueta de su linaje, sabía con exactitud el peso de ese grabado: Reina no era una jardinera ordinaria; era una mujer confinada a labores específicas bajo un régimen disciplinario estricto de la aldea. El silbato que ahora sostenía entre sus dedos no era un farol; en una Konoha militarizada y claustrofóbica, esa frecuencia rítmica atraería a las patrullas de asalto perimetral en menos de tres minutos, transformando un reconocimiento de gennin en un arresto formal por invasión de territorio restringido.

La exigencia de Reina hizo que el aire del claro se volviera denso. Sin embargo, Naoe no cedió un milímetro de su postura militar. Un guardián de la Hoja no se arrodillaba en mitad de una crisis perimetral si el orden de la infraestructura aún requería su mano. Manteniendo los guantes blancos impecables y visibles a los costados de su cuerpo, desprovisto de cualquier lenguaje corporal hostil, el joven de quince años dio medio paso oblicuo, asumiendo la línea de presión diplomática directamente ante la botánica.

—La autoridad del silbato está reconocida, Reina-sama —pronunció Naoe, su voz limpia, pausada y envuelta en esa cortesía formal y unificadora que emulaba a los antiguos pilares de su clan, desprovista de cualquier atisbo de altanería—. Sin embargo, un confinamiento disciplinario en el fango no detendrá el vector de caída de Akane-sama. En este instante, vuestra compañera se desplaza a ciegas sobre la jaula de madera viva del bosque, expuesta a una desaceleración violenta contra los troncos altos. Si da esa alarma, las patrullas superiores bloquearán los accesos por protocolo de seguridad y perderemos el tiempo crítico de rastreo médico.

Ladeando ligeramente la cabeza, Naoe desvió una mirada gélida, cortante y severa hacia Yūgen Sarutobi, neutralizando políticamente cualquier pretensión de agresión que el portador de la chakura to pretendiera mantener.

—El exabrupto verbal de mi compañero responde a un evidente déficit de lectura táctica y a la histeria civil que se vive en el puesto de ramen de la calle norte, no a una directiva oficial de Konoha. Ninguno de los gennin aquí presentes va a atentar contra la fauna bajo custodia del clan, ni mucho menos a vulnerar la propiedad del Refugio. He registrado el incidente perimetral y el informe disciplinario interno se gestionará ante los mandos competentes al volver. Pero ahora, la prioridad logística es la preservación de la vida de la sanadora.

Naoe regresó sus ojos hacia Reina, clavando una mirada sincera y firme sobre el estigma del Jōkai, apelando a la única lógica que un operario solitario de la fortaleza entendería: el cumplimiento del deber por encima del orgullo.

—Kyōraku está herido en los hombros y necesita contención inmediata; el Nara mantendrá la posición custodiando este claro para asegurar que el comedero no sufra más sabotajes civiles. Yo poseo las capacidades de rastreo y la agilidad de esgrima para abrirme paso por las ramas bajas del este y recuperar la línea de la cadena antes de que el ave gane la vertical exterior de la muralla. No le pido que baje el silbato, Reina-sama; le exijo que use su conocimiento botánico para indicarme la ruta de nidos de esa criatura. Permítame subsanar el error de la unidad y traer a mi pariente de vuelta. El orden de la fortaleza depende de ello.
[Imagen: Firma.webp]

Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
Ficha - Registros - Cronología - Misiones - Relaciones
Koga
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24-06-2026, 06:08 PM
Última modificación: 24-06-2026, 06:14 PM por Koga.
Koga siguió con la mirada el vuelo imposible de la enorme ave hasta que las ramas terminaron de cerrarse sobre ella y sobre la mujer que había decidido aferrarse a la cadena. Permaneció inmóvil un instante más, con la vista fija en el hueco que había dejado entre las copas, como si su mente todavía estuviera intentando decidir si aquello acababa de suceder de verdad. Al final, sin embargo, dejó escapar un lento suspiro por la nariz y volvió la atención hacia el claro.

Sus ojos se detuvieron primero en Kyōraku, pero éste estaba consciente y hablando. Herido, sí, pero no muerto ni incapacitado. Eso era suficiente por ahora. La tensión abandonó un poco los hombros del Nara, aunque solo para ser reemplazada por una resignación silenciosa. La situación era un desastre, uno de esos problemas que parecen crecer cada vez que alguien intenta solucionarlos, y Koga no tenía ninguna intención de empeorarlo todavía más.

Su mirada terminó por desplazarse hacia la mujer de la antorcha. Vio el silbato entre sus dedos, las marcas en su rostro y, más importante aún, la manera en que sostenía el cuerpo. No era la postura de alguien asustado ni la de alguien que estuviera improvisando una amenaza. Era la postura de alguien que ya había tomado una decisión y estaba perfectamente dispuesta a llevarla hasta el final. Koga tampoco tenía ningún interés en averiguar qué ocurriría si aquella mujer decidía hacer sonar la alarma.

Con un movimiento lento apartó las manos de su pecho y mostró las palmas vacías. Después dio un paso hacia atrás, alejándose ligeramente de Kyōraku para dejar claro que no intentaba proteger una posición ni prepararse para un ataque.

— Creo que ya hemos causado suficientes problemas por una noche —murmuró con una calma casi cansada.

Acto seguido, y sin la menor resistencia en el gesto, se arrodilló sobre la tierra húmeda del claro. La humedad se filtró de inmediato a través de la tela de sus pantalones, aunque ni siquiera pareció notarlo. Levantó ambas manos hasta la altura de los hombros, con las palmas abiertas y perfectamente visibles en todo momento. No había miedo en su expresión, pero tampoco desafío; únicamente la tranquila aceptación de que, desde el momento en que había seguido unas huellas hasta aquel bosque, se había metido en una situación que claramente lo superaba.

Alzó la vista apenas un poco hacia la mujer y habló con la misma serenidad con la que uno intentaría calmar a un animal nervioso— No hemos venido a causar problemas, y desde luego no tenemos interés en empeorarlos —Observó a las otras personas— Claramente son del clan Senju. ¿No es así? —Le preguntó a Naoe, quién era el que había estado hablando. Esa confirmación debería ser todo lo que necesitaban. Después guardó silencio, manteniendo la postura sin hacer movimientos bruscos, tan inmóvil y poco amenazante como le era posible. Si una pelea comenzaba... Era un shinobi, después de todo. Alzar las manos no significaba demasiado para él.
Kyōraku Senju
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24-06-2026, 06:12 PM
Kyōraku no miro a Yugen de inmediato. No hacía falta. Solo cerró los ojos y exhalo por la nariz, discreto, fastidiado.

- Ya hiciste suficiente – Le recriminó al Sarutobi.

El ave había desaparecido entre las copas con Akane colgando de la cadena. Aquello le recordó, por un instante, los minutos previos en los que él mismo había atravesado el bosque sujeto entre las garras del animal.

Reina, en cambio, permanecía frente a ellos con la antorcha en una mano y el silbato en otra. La luz le marcaba el rostro, las vendas, las herramientas de trabajo y aquellas tres marcas oscuras que le resultaban familiar.

- Byakugo – murmuró para sí mismo.

No eran intrusas. No eran cazadoras. Eran custodias, o por lo menos intentaban tratar con un animal aparentemente herido o enfermo.
El Senju no llevo la mano a la katana. Tampoco retrocedió. Solo alzó ambas manos despacio, abiertas, visibles. Reconocía la autoridad en las palabras de reina, también en su presencia. Sin embargo, no hinco la rodilla. Su arrogancia no se lo permitiría.

- Senju Kyōraku – dijo, con voz baja identificándose también como parte del clan. Su mirada no desafió a Reina, pero tampoco se humilló ante ella.

- Investigábamos unos ruidos extraños reportados – Reconoció – Fuimos… impudentes – Las palabras salieron frías, nadie les había asignado una misión, eran cuatro gennin arrojándose a un lugar al cual nadie los había llamado.

Volvió la atención hacia Reina y el silbato que sostenía entre los dedos.

- Puedes hacerlo sonar – Dijo – Pero eso no resolverá lo urgente. – Miro de reojo a Yugen

– No representamos un problema. No mientras él guarde silencio – Refiriéndose claramente a su compañero

Sus ojos se desviaron hacia el hueco de ramas por donde el ave había desaparecido.

- Podemos ayudar con la criatura… - Kyōraku mantuvo las manos visibles señalando con su índice al cielo – O a recuperar a tu compañera…
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
Ficha de Kyōraku Senju

[Imagen: byakuya-signature.png]
Yūgen Sarutobi
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25-06-2026, 07:33 PM
Yugen esperaba una respuesta efectiva y simple y eso fue lo que recibió aunque no de la forma que este esperaba. Las palabras de la Senju parecían mas bien una amenaza clara para el Sarutobi, quién bajó el arma pero se quedó mirando a aquél silbato por unos intensos segundos. Su semblante cambiaría radicalmente, pasando a ser el de una persona extrovertida y amable.
 
— ¡Oh! Disculpa, creo que fue un simple malentendido. Estamos aquí para apaciguar la preocupación de varios ciudadanos que escuchaban ruidos raros venir de aquí, jajajaja. —

Yugen estaba completamente irritado y las palabras de Kyoraku no ayudaban mucho que digamos, pero ya era hora de bajar las armas. El Sarutobi guardaba su arma especial, estableciendo finalmente la paz entre todos en el claro.
 
— Bien, ahora que tenemos claro que no son alguna especie de terroristas creo que estaría bien aclarar el origen de esa ave monstruosa. ¿No creen? —
 
Yugen habría ignorado la amenaza de la chica con el silbato, rechazando aquellas órdenes de sumisión por puro orgullo, pues un miembro del Clan Sarutobi no se arrodillaría ante un Senju en una situación como esa.
 
Dejando la conversación a sus compañeros, Yugen empezaría a caminar hacia el otro lado, reuniéndose con el resto del grupo a la vez que ofreciéndole una sonrisa a Koga. Pero sus pasos se detendría al quedar justo al lado de Kyoraku, quedando ambos mirando a una dirección completamente opuesta.
 
— No lo tomes a mal, pero yo no me hubiera dejado atrapar así por ese bicho. —  Susurraría Yugen.
 
El Sarutobi seguiría caminando hasta la entrada del claro, girandose para tener visión de todos allí presente. Este miraría extrañado al grupo antes de preguntar...

— ¿Acaso no tenemos un ave que apaciguar? —
 
Era hora de acabar con lo que estos habían empezado.
[Imagen: VDdYHBx.png]
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
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25-06-2026, 09:10 PM
Reina se quedó ahí, con la antorcha en una mano y la señal de alarma en la otra, mirando a los cuatro con una cautela cada vez más pesada. Koga fue el único que obedeció de verdad. Esto le dio un poco de calma. Kyōraku alzó las manos, se identificó como Senju y admitió que habían sido impudentes, pero no se arrodilló. Naoe tampoco; se mantuvo correcto, firme, demasiado educado para el desastre que tenían encima, hablando de autoridad reconocida, de vector de caída, de subsanar el error de la unidad y traer a su pariente de vuelta ¿Quién habla así?- Se pensó Reina. Yūgen, por supuesto, hizo lo peor que podía hacer después de amenazar con matar a la criatura: sonrió. Sonrió y habló de malentendidos, de ciudadanos preocupados en el puesto de ramen, de ruidos raros, de aclarar el origen del ave, de apaciguar el asunto. Reina los fue mirando uno por uno mientras hablaban. Una frase de Naoe le pegó en la sien. “La preocupación de los civiles en el puesto de ramen.” Otra de Kyōraku terminó de acomodarle la rabia. “Investigábamos unos ruidos extraños reportados.” Entonces Reina cerró los ojos, se llevó la mano libre a la cara y soltó un suspiro cansancio. —Viejos estúpidos...— murmuró, tapándose media cara con la palma. —Se les dijo ya tres veces que no pasa nada raro.— Bajó la mano lentamente y volvió a clavarles la mirada. —¿Y ustedes, mocosos, solo decidieron venir y meterse al bosque? ¿Así nada más? Si hay dudas, lo reportan. ¡No se meten a propiedad privada ni interrumpen las labores!— Una papaya medio abierta rodaba cerca de su pie, embarrada, aplastada por el caos. Reina la pateó con rabia hacia un lado y la fruta se reventó contra una raíz con un sonido húmedo. Naoe seguía hablando de reparar el error. Koga preguntaba si eran del clan Senju. Kyōraku ofrecía ayudar con la criatura o recuperar a Akane. Yūgen preguntaba si no tenían un ave que apaciguar. Todos hablaban. Todos proponían. Todos querían decidir algo. Todos esto...todo lo otro....todos todos todos....Reina sintió que la vena del cuello le latía con fuerza. Al final, levantó la voz. —¡Basta!— El claro se cortó en seco. —Ustedes no harán nada. ¿Qué parte no entienden de que...?— Se detuvo. —No. Claro que no entienden.

Reina tomó aire. Una vez. Dos veces. Se obligó a bajar los hombros, recordando que ella era la adulta ahí, aunque en ese momento lo último que quería era portarse como tal. El silbato seguía entre sus dedos. Se pensó en sonarlo y dejar que las patrullas vinieran, que los encontraran en el barro, armados, con una sanadora desaparecida por culpa de una interrupción idiota y con suficientes explicaciones malas para llenar un informe entero. Pero eso también iba a llenar el bosque de más botas, más voces, más metal, más gente sin contexto corriendo en todas direcciones. Justo lo que el ave no necesitaba. Justo lo que Akane no necesitaba. Así que Reina guardó el silbato bajo la ropa con un movimiento brusco y sostuvo la antorcha más alto para que todos vieran bien su cara, las marcas Jokai y la poca paciencia que le quedaba. —Miren.— Su voz salió más baja que antes. —Toooodo está bajo control. Akane sabe lo que hace. Nosotras sabemos lo que hacemos, ¿ok? Esto es nuestro trabajo, no es su oportunidad para que nadie vuelva a la aldea jugando de héroe.— Sus ojos pasaron por Yūgen al decir eso, sin disimulo alguno. Después miró a Naoe y a Kyōraku, los Senju que al menos parecían entender una parte del problema, aunque igual estaban metidos donde nadie los llamó. —Miren, ¿Quieren ayudar? Vayan al puesto de ramen y díganle a esos viejos que aquí todo está bien; que dejen de mandar personas...Es más, monten guardia en la entrada si eso les calma la conciencia. Quédense ahí. Vigilen que ningún otro curioso venga a estorbar. Pero esto no les concierne.— Se agachó apenas para recoger una bolsa de tela que no había terminado de romperse, sacudió el barro de la correa y se la colgó al hombro. 

Sin esperar permiso, Reina giró hacia la zona donde el ave había desaparecido. Tomó mejor la antorcha, revisó con una mirada rápida el barro, las ramas rotas y el rastro de hojas levantadas por el aleteo, y empezó a caminar hacia la oscuridad con pasos rápidos. Se fue siguiendo señales pequeñas. La luz de su antorcha se fue perdiendo entre los troncos hasta que solo quedó un punto naranja moviéndose lejos, cada vez más débil, cada vez más tragado por el bosque. Después, nada. Si los genin se quedaban en la entrada, la madrugada pasaría lenta y fría, sin combate, sin chillidos nuevos, sin otro gran misterio revelándose frente a ellos. Solo viento entre las copas, ramas crujiendo de vez en cuando y largas horas que se estiraron hasta que el cielo empezó a aclarar por encima de los árboles. A eso de las cinco de la mañana, Reina salió del bosque por el mismo camino, con la ropa más sucia, el cabello desordenado, la antorcha ya apagada y la cara de alguien que no había dormido ni un minuto. Si alguno seguía montando guardia, ni siquiera se detuvo a mirarlo. Pasó de largo. Sin informe. Sin explicación. Sin una palabra. Caminó hacia la aldea con los hombros tensos y se fue a su casa.


Cita:Side Quest finalizada.
  • Información obtenida: Un enorme águila con un patrón rítmico habita en el bosque Senju.
Moderador Samui
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26-06-2026, 03:34 AM
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