13-10-2026, 03:30 AM
Bosque de la Niebla, Yomikage
Nunca me han gustado demasiado los lugares donde no puedo ver lo que tengo delante. No porque me den miedo. Simplemente me parece una forma bastante incómoda de caminar, especialmente cuando hay raíces, piedras y quién sabe cuántas cosas más esperando a que uno se distraiga para terminar en el suelo. Yomikage por alguna razón parecía empeñada en ofrecerme precisamente esa clase de experiencias.
Había llegado al Bosque de la Niebla después de pasar un buen rato recorriendo la Feria Nocturna. Mi intención original era encontrar alguna atracción interesante antes de regresar al muelle aunque admito que también esperaba descubrir algún puesto donde vendieran comida decente. Había visto suficientes golosinas extrañas como para preguntarme si en aquella isla existía algo que no estuviera hecho de azúcar, pero todavía no había encontrado nada.
Así que decidí dar una vuelta por los senderos cercanos.
La niebla apareció poco a poco. Al principio era una capa delgada entre los árboles, casi bonita bajo la luz de los faroles que marcaban el camino. Después empezó a espesarse hasta cubrir las piedras y las raíces. Las luces se convirtieron en manchas borrosas y los árboles adquirieron formas extrañas.
—Bueno... Esto sí que no estaba en el folleto.
No recordaba haber visto ningún anuncio que mencionara una caminata a ciegas aunque quizá los organizadores consideraban que sorprender a los visitantes formaba parte de la diversión. Di un par de pasos más atento al suelo hasta que distinguí una silueta entre la niebla.
Al principio pensé que era otro visitante. Después su contorno pareció deformarse. Algo que debía ser una cabeza adquirió una forma demasiado alargada mientras que las extremidades parecían más largas de lo normal. Parpadeé y la figura volvió a parecer humana durante un instante, antes de que la niebla volviera a tragarse sus detalles.
Fruncí el ceño.
—Ajá. Muy gracioso. ¿Dónde está el encargado de esta atracción?
No recibí una respuesta que pudiera distinguir entre el murmullo del viento y el movimiento de las hojas. En lugar de seguir caminando como si nada, me quedé quieto unos segundos, tratando de ordenar lo que había observado. Tal vez había algún mecanismo oculto. Tal vez la niebla distorsionaba las distancias. O tal vez estaba ante algo que no tenía una explicación tan sencilla.
En cualquier caso, no pensaba lanzarme contra la primera sombra que se moviera. Continué avanzando con cautela, manteniendo los ojos abiertos y prestando atención a los sonidos que llegaban desde el sendero. La visibilidad era cada vez peor y por momentos hasta me costaba distinguir los faroles que había dejado atrás. Me detuve en una zona donde el camino se ensanchaba un poco y examiné los alrededores buscando alguna señal que me permitiera orientarme.
—Muy bien, Chota. Bosque misterioso, niebla sospechosa y ninguna señal de comida. Excelente excursión. —me dije a mi mismo sarcasticamente.
No sabía si había alguien más en las inmediaciones ni si las figuras que alcanzaba a distinguir eran visitantes, ilusiones o simples juegos de luces. Lo único que podía hacer era mantener la calma y prestar atención.
Me quedé junto al sendero, con el cuerpo orientado hacia la parte más espesa de la niebla y las manos libres por si la situación terminaba complicándose.
—¿Hay alguien alli?