10-08-2026, 03:51 PM
La mañana había llegado a Kirigakure sin anunciarse del todo. No hubo un amanecer limpio ni una frontera clara entre la noche y el día, sino una lenta disolución de sombras bajo capas de niebla. Las ventanas de la casa de Rin y Rei comenzaron a teñirse de un gris pálido, suficiente para dibujar los contornos de los muebles y arrancar a la habitación de aquel silencio profundo que solo existe antes de que una aldea despierte. Rin abrió los ojos primero, como casi siempre. No necesitó escuchar el reloj ni esperar el murmullo de las primeras voces en la calle; su cuerpo parecía haber aprendido a obedecer la misma disciplina incluso dormido. Permaneció unos instantes boca arriba, observando el techo, y después se incorporó con un movimiento seco.
<Es hora>
Desde la otra cama llegó únicamente un sonido indistinto.
Rin giró el rostro.
<Rei>
<Te escuché>
<Entonces levántate>
<Escuchar y obedecer son cosas diferentes>
La respuesta llegó ahogada entre las mantas, pero aun así hizo que Rin exhalara por la nariz con una mezcla difícil de distinguir entre resignación y diversión.
<En cinco minutos voy a abrir la ventana>
Rei asomó finalmente el rostro entre el cabello oscuro y desordenado.
<Eso es una amenaza>
<Es una promesa>
Aquello bastó.
Rei se incorporó lentamente, todavía atrapada en la frontera entre el sueño y la vigilia, mientras Rin ya comenzaba a ordenar su cama. La habitación compartida conservaba las diferencias habituales entre ambas: el lado de Rin era preciso, despejado, casi geométrico; el de Rei parecía haber sido atravesado por una pequeña tormenta educada, con libros apilados, una cinta para el cabello sobre una silla y varias hojas con anotaciones reposando junto a la lámpara. Aun así, ambas tenían sus cosas listas desde la noche anterior. Nunca sabían cuándo podía llegar una orden, y Kirigakure tenía la costumbre de convertir las mañanas tranquilas en días largos sin pedir permiso.
Se vistieron con ropa sencilla, adecuada para salir pero todavía lejos de cualquier preparación formal para una misión. Rin escogió una camiseta oscura de manga corta y pantalones negros de tela resistente, ajustados con vendas claras en los tobillos. Recogió su larga cabellera en una cola alta, firme, dejando algunos mechones violáceos caer a los lados del rostro. Rei, más lenta pero no menos cuidadosa, se puso una blusa azul grisácea, pantalones oscuros algo más holgados y una chaqueta ligera que dejó abierta. Su cabello quedó recogido en una trenza alta, asegurada con una cinta celeste y las pequeñas horquillas metálicas que solía utilizar.
<Hoy no tenemos clases> murmuró Rei mientras terminaba de ajustar la cinta <Podríamos intentar comportarnos como personas normales>
Rin la miró a través del reflejo de un pequeño espejo.
<Ya nos graduamos, ya no tendremos más clases>
<Eso dije>
<¿Qué hacen las personas normales?>
Rei se quedó pensando.
<Dormir más>
<Entonces ya has fracasado>
<No pienso aceptar críticas de alguien que se despierta antes que el sol>
<En Kiri no existe el sol>
<Con mayor razón>
Bajaron a la cocina mientras el resto de la casa continuaba sumido en aquella quietud húmeda de las primeras horas. Rin encendió el fuego y colocó una pequeña olla sobre las brasas. Rei preparó arroz y sacó algunas verduras conservadas, además de pescado seco. Ninguna necesitaba instrucciones de la otra. Habían repetido aquella rutina tantas veces que se movían alrededor de la cocina como piezas de un mecanismo aprendido de memoria.
El desayuno fue sencillo. Arroz caliente, pescado, verduras encurtidas y una sopa clara que comenzó a llenar la estancia con un aroma suave. Rei se sentó primero y rodeó con ambas manos una taza de té, dejando que el calor le despertara los dedos. Rin permaneció de pie unos momentos más, comprobando que el fuego estuviera bien reducido antes de sentarse frente a ella.
<¿Qué quieres hacer hoy?> preguntó Rei.
<Entrenar>
Rei suspiró.
<No sé por qué pregunto>
<Podemos descansar después>
<Tu definición de descansar suele incluir correr>
Rin llevó un poco de arroz a la boca.
<Correr despacio>
<Eso no mejora tu caso>
Rei estaba a punto de continuar cuando tres golpes secos sonaron contra la puerta principal.
Ambas se quedaron quietas. No fue una pausa larga, apenas el tiempo necesario para que la rutina cambiara de forma. Rin dejó los palillos sobre el cuenco. Rei giró ligeramente el rostro hacia la entrada. Tres golpes más.
<Eso no parece un vecino> dijo Rei.
<No>
<Entonces abre>
Rin se levantó. Cruzó el pequeño corredor y abrió la puerta lo suficiente para ver quién esperaba al otro lado. Un shinobi de Kirigakure permanecía frente a la casa. Llevaba el uniforme habitual de servicio, sin señales de urgencia, pero tampoco parecía haber acudido por cortesía. En una mano sostenía un pequeño pergamino enrollado.
<Rin, Rei>
Rin abrió un poco más la puerta.
<Aquí estamos>
El shinobi extendió el rollo.
<Se solicita que ambas se presenten esta mañana en el ayuntamiento. La oficina de asignaciones tiene un encargo disponible para ustedes. Deben acudir cuanto antes>
Rei apareció detrás de su hermana, todavía sosteniendo la taza entre las manos.
<¿Han indicado de qué tipo?>
El hombre negó con la cabeza.
<Solo que es una misión asignada y que recibirán los detalles allí>
Rin tomó el documento.
<Entendido>
El shinobi hizo una breve inclinación de cabeza y se marchó sin añadir nada más.
Durante unos segundos, ambas permanecieron en la puerta observando cómo su figura se alejaba entre la niebla de la calle. Rei fue la primera en hablar.
<Adiós a comportarnos como personas normales>
Rin cerró la puerta.
<No parecías muy comprometida con la idea>
<Podría haber aprendido>
Regresaron a la cocina y terminaron de desayunar con algo más de rapidez. No había urgencia aparente, pero ambas conocían la diferencia entre una invitación y una orden disfrazada de cortesía. Rin leyó el documento mientras bebía el resto del té. Apenas contenía sus nombres, una hora aproximada y la indicación de presentarse en la oficina correspondiente del ayuntamiento. Nada más.
<Podría ser cualquier cosa> dijo Rei.
<Entonces no tiene sentido adivinar>
<Adivinar es entretenido>
<También inútil>
<Mi apuesta es que quieren que ayudemos a alguien a transportar cajas>
Rin dobló el pergamino.
<Yo digo limpieza>
Rei la observó.
<¿Limpieza?>
<Es una misión de rango bajo>
<Todavía no sabemos el rango>
<No enviarían a dos recién formados a detener una invasión>
<Eso sería una primera semana interesante>
Rin se levantó.
<Termina de comer>
<Ya terminé>
<Te queda pescado>
Rei miró el pequeño trozo que quedaba en el plato.
<Eso ya forma parte del plato>
Rin no respondió.
Diez minutos después estaban completamente listas. No cargaron armas pesadas ni equipo innecesario. Ambas llevaron únicamente una pequeña bolsa de viaje con vendas, agua y algunos objetos básicos. Rin reajustó su cola alta y se colocó una chaqueta oscura sobre los hombros. Rei recogió mejor su trenza y cerró la chaqueta azul grisácea que llevaba abierta.
Antes de salir, Rin comprobó una vez más el documento. Rei la observó.
<Segunda vez>
<Primera>
<Lo miraste mientras desayunábamos>
<Eso fue leerlo>
<Y esto es...>
<Comprobarlo>
Rei sonrió.
<Entiendo. Son actividades completamente distintas>
La calle estaba más despierta cuando salieron. La niebla continuaba presente, aunque ya no cubría la aldea con la misma densidad. Algunas tiendas habían abierto, varios comerciantes arrastraban cajas hacia los puestos y los canales interiores reflejaban una luz pálida. Shinobi de distintos rangos cruzaban las calles en ambas direcciones, algunos moviéndose con la calma de quien regresaba de una misión, otros con la prisa silenciosa de quienes acababan de recibir una. Rin y Rei caminaron juntas hacia el centro administrativo. No hablaron demasiado durante el trayecto. A veces no era necesario.
Kirigakure se desplegaba alrededor de ellas como una criatura despertando lentamente. Puentes de madera cruzaban canales estrechos; edificios húmedos surgían entre capas de vapor; banderas con el símbolo de la aldea permanecían inmóviles bajo el peso de la humedad. El ayuntamiento era uno de los edificios más reconocibles del distrito central, amplio y sobrio, construido para recibir tanto a civiles como a shinobi. Al llegar, Rin mostró el documento a uno de los guardias de la entrada.
<Nos han solicitado aquí>
El hombre revisó el sello y señaló hacia el interior.
<Oficina de asignaciones. Pasillo principal, segunda puerta a la izquierda>
<Gracias> respondió Rei.
Entraron.
El interior resultaba más activo de lo que ambas habían esperado. Había shinobi esperando junto a las paredes, civiles entregando formularios y varios funcionarios desplazándose entre mesas cubiertas de documentos. No era caos, pero sí una clase de movimiento constante, una corriente formada por papel, órdenes y personas. Encontraron la oficina sin dificultad. Tras un mostrador de madera se encontraba una recepcionista revisando una pila de informes. Rin se acercó primero.
<Buenos días. Rin y Rei. Nos han solicitado para una asignación>
La mujer levantó la vista, las observó unos segundos y después buscó algo entre varios documentos.
<Sí. Aquí están> Sacó una caja del montón lleno de pergaminos. <Han llegado a tiempo>
Rei inclinó ligeramente la cabeza.
<Nos dijeron que recibiríamos aquí los detalles>
<Correcto> La recepcionista abrió la caja, comprobó un pergamino y después volvió a cerrarla. <Esperen un momento. Debo terminar de revisar el informe antes de entregárselo>
Rin asintió.
<Entendido>
La mujer señaló hacia unas bancas colocadas junto a una pared.
<Pueden sentarse allí. Las llamaré en cuanto esté listo.
Ambas se apartaron del mostrador.
Rei eligió uno de los asientos y se dejó caer con suavidad, cruzando las manos sobre las piernas. Rin se sentó a su lado, todavía recta, observando la puerta de la oficina.
<¿Sigues pensando que será limpieza?> preguntó Rei en voz baja.
Rin mantuvo la vista al frente.
<Sí>
>Entonces espero que al menos sea algo que se quede quieto mientras lo limpiamos>
Rin giró lentamente la cabeza hacia ella.
<No digas cosas así>
Rei sonrió.
Y las dos permanecieron esperando, sin saber todavía que la misión que estaba a punto de caer en sus manos tendría cuatro patas, demasiados pelos y ninguna intención de colaborar.
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