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[Misión | D] La viuda escarlata
Naoto
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05-08-2026, 06:36 PM
Última modificación: 05-08-2026, 06:38 PM por Naoto.
20 de Verano del año 150 
Konohagakure no Sato
Participante: Carina Aburame
Misión narrada por Naoto Heizu
La viuda escarlata


El viejo Aburame se encontraba inmóvil hace media hora, presenciando el magnífico avistamiento que los vecinos informaron a los ancianos del clan. Sus manos estaban guardadas en la alargada túnica oscura emblema de su familia, sus ojos, cubiertos por unos lentes rectangulares y oscuros, seguían detenidamente los movimientos involuntarios de las telarañas producto de una leve brisa. Tras esos cristales se ocultaban ojeras ennegrecidas, producto de evitar el sueño hace un par de días. Algunos insectos discretamente recorrieron su cuello y se dejaron ver, inquietos. No por la presencia de sus depredadoras naturales, sino por el propio temor de un hombre que reconoció un problema latente.

Detrás suyo, algunos vecinos de similar aspecto, silenciosos, contemplaban al ninja retirado.
 
—No son peligrosas —concluyó, junto a un bostezo.
 
Buscaba dar algo de tranquilidad. Su tono serio y postura serena impregnaban quietud en el ambiente. Sin embargo, en sus adentros algo no le cuadraba. Shigerone tragó saliva. Ni siquiera el calor del verano le causaba tanta incomodidad como aquellas redes entrelazadas.  
 
—Esperaré a la gennin. Vayan a sus casas.
 
El hombre se sentó en el césped, sin dejar de observar fijamente como el rocío de la mañana se posaba sobre las telas. Estuvo rodeado por un enorme jardín botánico, dedicado al estudio e investigación entomológica entre otros. Alzó la mirada al cielo, y se percató que aún le acompañaban las primeras horas de la mañana. Este distrito era un ecosistema en sí mismo. El propósito de la reserva biológica era cultivar algunas plantas que alimentan, protegen y sirven como hábitat a distintas especies de insectos. Dividido por canales de riego, caminos de piedra y pequeños estanques, el jardín impactaba por su sola presencia. El lugar, estaba dividido por varios sectores: un sendero principal, jardines florales, sectores húmedos, invernadero y un bosquecillo sombreado. Una joya bien cuidada, que incluso tenía prohibida su entrada a los ciudadanos comunes del clan. Los miembros selectos que trabajaban tenían diferentes funciones, entre ellas alimentar a las colonias, criar especies,  cultivar plantas medicinales, sanar colonias enfermas, enseñanza, etc.
 
Shigenori Aburame trabajaba allí.
 
La joven al ingresar notaría mariposas paseando de flor en flor, abejas, escarabajos recorriendo los troncos húmedos, hormigas en el suelo, libélulas, polillas, algunos zumbidos, el agua recorriendo los canales, hojas, roces de ramas. Todo muy familiar para ella. Toda una belleza de lugar, de no ser porque había un elemento presente allí que rompía toda la armonía.
 
Cuando el hombre notó la presencia de su par Aburame, casi como si fuese una comunicación sensorial digna de insectos, se puso de pie. Esta vez sostenía un cuaderno con los reportes en la mano derecha. Mantuvo el silencio unos segundos, luego, se presentó.
 
—Soy Shigenori —dijo, con una frialdad acostumbrada. Giró su cabeza sobre las enormes telarañas y bostezó—. El problema está a la vista.
 
Luego, agachó la mirada sobre el cuaderno desgastado, y lo abrió justo en las primeras páginas. En él se podía observar descripciones, algún pequeño mapa, nombres.
 
—Las primeras telas surgieron hace tres semanas. Tímidas. Ligeras. Delgadas. Al principio solo cubrían árboles y cobertizos. Ahora, conectan tejados del distrito. Durante la noche es cuando trabajan y se las ve. Durante el día, desaparecen.
 
El cuarentón se tomó una larga pausa a la par que examinaba las anotaciones, estructurando todo cronológicamente como podía. Volvió a mirar a Carina.
 
—Ni animales ni insectos han sido atacados. Menos humanos. Pero sí se ha notado que las colonias que habitan aquí ignoran y evitan las telas. Este mapa indica las viviendas afectadas, además del jardín. Solicité que no tocaran nada. Y el jardín hoy está cerrado también. Podrás explorar con tranquilidad.
 
Se lo veía irritado de tanto hablar. No estaba acostumbrado a expresarse demasiado. Su postura era la de una estatua en todo momento, sin emociones. Le ofreció el cuaderno y un birome, aparte del mapa con los puntos clave. Además, le entregó un par de frascos para albergar especímenes. Volvió a meter sus manos dentro del abrigo y alzó la mirada al cielo, notando algunas nubes grises aproximarse. Imploró por dentro que la lluvia no entorpeciera la investigación.
 
—Cualquier información que encuentres, regístrala.
 
El Aburame se encaminó hacia la salida, sigiloso. No obstante, recordó algo más.
 
—Cierto. Hay un especialista llamado Daizen, ya está retirado. Su hogar está en el mapa. El mío también, por si necesitas algo.
 
Retomó el camino hacia la salida, despojándose así de toda responsabilidad en la investigación. No obstante, de nuevo se detuvo. Y dio un brusco giro. Observó a los ojos a Carina a través de los cristales oscurecidos, la mirada transmitía cierta preocupación expuesta intencionalmente, casi por primera vez en mucho tiempo.
 
—Mis Kikaichū evitaron tocar las telas —dijo, intrigado—. No lo tomes a la ligera.
 
Tras esa advertencia, se retiró.
 
Quedaba todo un trabajo por delante.
 
La bitácora mostraba anotaciones de las últimas semanas. En la tapa decía “Registro de anomalías biológicas — Sector Aburame”. Cada página mostraba diferentes apartados. La primera contenía un breve resumen del indicente. En la segunda, una cronología detallaba los días y algunas descripciones de los hechos.


Fecha aproximada e incidente
 
29 de Primavera — Primera red retirada del jardín botánico. Considerada una aparición aislada.
 
3 de Verano— Nuevas redes entre los árboles del sector húmedo.
 
7 de Verano —Telas detectadas sobre el invernadero medicinal de Hinae.
 
10 de Verano —Aparición alrededor de la vivienda de Chiharu.
 
14 de Verano —Redes reconstruidas en la casa de Genzō tras haber sido destruidas.
 
18 de Verano —Telarañas densas alrededor de la vivienda de Daizen.
 
19 de Verano — Extensión de hilos entre varios tejados y el jardín botánico.

En otra página estaba el mapa con diferentes marcas de los lugares. Había puntos negros, líneas, flechas, signos de interrogación. También un registro de viviendas afectadas:

Vivienda 001: Hinae Aburame
Edad: 65 años.
Actividad actual: Medicina tradicional y cultivo de plantas medicinales.


Vivienda 002: Chiharu Aburame
Edad: 71 años.
Actividad actual: Archivista retirada.


Vivienda 003: Genzō Aburame
Edad: 73 años.
Actividad anterior: Seguridad interna del clan.

Vivienda 04: Daizen Aburame
Edad: 69 años.
Actividad anterior: Investigación de toxinas y especies venenosas.


La otra hoja contenía una ficha de análisis de la especie, a llenar. Con su morfología, comportamiento y detalles de la seda. Un registro de testigos, página de conexiones y un inventario de muestras que decía lo siguiente:

M-01: Seda del jardín botánico.

M-02: Fibra rojiza del invernadero de Hinae.

M-03: Sustancia repelente hallada en un hilo.
M-04: Saco de huevos vacío.

Finalmente, una última página escrita. Aparentaba ser una evaluación de riesgo biológico.

Categoría | Nivel inicial

Riesgo para habitantes - Desconocido
Riesgo para colonias de insectos - Bajo
Riesgo ecológico - Moderado
Riesgo médico - Desconocido
Posible manipulación humana - No confirmada
Amenaza contra el clan - No confirmada
Valor científico - Potencialmente alto

Cita:● Nombre de la Misión: La viuda escarlata
● Información de la Misión: Durante las últimas semanas, varios vecinos del Sector Aburame han reportado la aparición de enormes telarañas entre los tejados y jardines del distrito. Aunque las arañas nunca han atacado directamente a nadie. Los ancianos sospechan que una rara especie de araña, podría haber establecido allí un nuevo nido. Debido a sus conocimientos entomológicos, Carina Aburame recibirá la misión de localizar la colonia, estudiar su comportamiento y determinar si representa un peligro para el equilibrio biológico del distrito o si, por el contrario, constituye un descubrimiento científico de gran valor para el clan.
● Rango y Tipo de la Misión: Misión Normal / Rango D
● Fecha y Lugar: 20 de Verano del año 150 Konohagakure
● Cantidad de Usuarios: Carina
● Cantidad máxima de horas por ronda:48h
Carina Aburame
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06-08-2026, 12:19 AM
El jardín botánico siempre había sido uno de mis lugares favoritos de toda Konoha. No únicamente por la cantidad absurda de especies que convivían allí, sino porque era uno de los pocos lugares donde el silencio jamás significaba ausencia de vida. Todo sonaba. El agua desplazándose lentamente por los canales de riego. El golpeteo irregular de una libélula rozando la superficie de un estanque. El murmullo constante de las alas de cientos de polinizadores desplazándose de flor en flor. Respiré despacio. Aquel lugar no olía simplemente a plantas; olía a equilibrio. Cada aroma ocupaba exactamente el sitio que le correspondía dentro de aquella inmensa conversación biológica. No pude evitar sonreír.

-Buenos días, preciosidades...

Levanté una mano saludando a una abeja cubierta de polen que abandonaba una lavanda. Un escarabajo atravesaba con absoluta tranquilidad la corteza húmeda de un tronco cercano mientras una hilera de hormigas desaparecía bajo unas piedras. Era imposible no sentirse en casa. Hasta que levanté la vista. Mi respiración se interrumpió. Las enormes telarañas suspendidas entre árboles, tejados y estructuras parecían formar parte de una única construcción. No eran simples redes de caza. Eran puentes. Tensores. Columnas. La arquitectura era tan precisa que durante unos segundos olvidé incluso pestañear.

-No.

Di un paso. Después otro. La luz del amanecer atravesaba los hilos y miles de gotas de rocío transformaban aquella inmensa estructura en una constelación suspendida entre los árboles.

-No puede ser...

Mis labios comenzaron a sonreír solos.

-¡Esto es precioso!

No era una palabra científica. Era la única palabra correcta. Fue entonces cuando advertí la presencia del hombre. Giré con una energía difícil de contener.

-¡Buenos días!

Su presentación fue breve. La mía probablemente habría durado quince minutos, pero el cuaderno que sostenía consiguió algo extraordinario. Callarme. Mis ojos descendieron inmediatamente hacia aquellas hojas repletas de anotaciones. Cronología. Mapas. Muestras. Hipótesis. Registros. Mi cerebro comenzó a funcionar mucho más rápido que mi boca. Escuché atentamente cada explicación de Shigenori mientras mis dedos ya buscaban inconscientemente un lápiz dentro de la mochila. No interrumpí ni una sola vez. Todo lo que decía encajaba demasiado bien para desperdiciar una sola palabra. Tres semanas... Actividad nocturna... Reconstrucción de redes... Colonias evitando el contacto... Muy interesante. Cuando finalmente me entregó la bitácora, la sostuve con ambas manos como si acabara de recibir una reliquia del clan. Pasé lentamente las páginas. Veintinueve de Primavera. Tres de Verano. Siete. Diez. Catorce. Dieciocho. Diecinueve. La expansión seguía un patrón.
Todavía no entendía cuál. Pero estaba allí.

-Qué bonito registro.

Murmuré casi para mí. No hablaba del problema. Hablaba del método. Mientras Shigenori continuaba explicando algunos detalles, saqué mi propio lápiz y empecé a escribir diminutas observaciones en los márgenes vacíos.



"Comprobar orientación respecto al viento."
"Comparar tensión entre sectores."
"¿Feromonas?"
"¿Compuesto volátil?"
"¿Por qué evitarían los Kikaichū?"



Aquella última pregunta terminó rodeada por un círculo. Tres veces. Cuando escuché su advertencia final levanté lentamente la vista. "Mis Kikaichū evitaron tocar las telas." Aquello... Aquello sí consiguió sorprenderme. Mis propios Kikaichū comenzaron a agitarse bajo mi piel casi al mismo tiempo que los del veterano se habían mostrado inquietos. No intentaban salir. Tampoco mostraban agresividad. Simplemente permanecían alerta. Era una reacción extraordinariamente inusual. Mi sonrisa únicamente se hizo más grande. Esperé hasta que Shigenori desapareciera completamente por el sendero antes de volverme hacia la inmensa red. Permanecí inmóvil.
Observándola. No a la araña. A la seda. Siempre empezaba por la evidencia. Nunca por la conclusión.

Dejé la mochila cuidadosamente sobre el suelo y retiré unos guantes finos de trabajo. No pensaba tocar directamente aquella estructura hasta comprender un poco mejor qué estaba observando. Primero debía estudiar su comportamiento. Me aproximé apenas unos centímetros. La seda apenas oscilaba con la brisa. Curioso.
La tensión era sorprendentemente uniforme incluso entre hilos separados por varios metros. Incliné lentamente la cabeza buscando reflejos distintos bajo la luz. Algunos filamentos brillaban ligeramente más que otros. No parecía una diferencia aleatoria. Quizá edades distintas. Quizá funciones distintas. Saqué una pequeña lupa. Las fibras eran extraordinariamente limpias. No encontré restos de alas. Ni quitina. Ni cadáveres atrapados. Era una telaraña que, al menos de momento, parecía no haber sido construida para alimentarse. Eso cambiaba muchas cosas.

Mis ojos descendieron lentamente hacia una abeja que se aproximó volando desde uno de los macizos florales. Redujo la velocidad. Dibujó una curva. Y rodeó cuidadosamente la red sin acercarse a menos de un metro. No fue la única. Una mariposa hizo exactamente lo mismo. Después un escarabajo volador. Ninguno necesitó tocar la seda para decidir evitarla. Eso descartaba parcialmente una explicación puramente mecánica. Había algo más. Respiré despacio. Muy despacio.

-Entonces ustedes también lo sienten...

Murmuré observando a los insectos. Mi mano descendió lentamente hacia el interior de la mochila. No llamé a un enjambre. Solo permití que una única Kikaichū exploradora emergiera desde la manga de mi chaqueta. La pequeña criatura avanzó unos centímetros sobre mi mano. Se detuvo. Movió lentamente las antenas. Y, antes incluso de orientarse hacia la telaraña, giró sobre sí misma regresando directamente hacia mi muñeca para ocultarse nuevamente bajo la piel.

Parpadeé. Después sonreí. No porque hubiese confirmado una teoría. Porque acababa de obtener una pregunta muchísimo mejor. Ni siquiera había intentado acercarse. No era miedo. Era rechazo. Un rechazo instintivo. Y los instintos de una colonia rara vez desperdiciaban energía. Con unas pinzas de precisión corté únicamente un diminuto fragmento de uno de los hilos exteriores, procurando no alterar la tensión general de la estructura. El filamento descendió lentamente hasta el frasco de cristal, donde quedó suspendido como un cabello translúcido. Lo etiqueté cuidadosamente.
M-05. Nueva Seda superficial. Jardín botánico.

Volví a levantar la vista hacia aquella inmensa obra de ingeniería biológica.

-¿Quién eres?

La pregunta escapó casi en un susurro. No esperaba respuesta. Todavía. Me dedique a comprar las muestras M-01 y M-05.
Cita:Bitácora
Fecha aproximada e incidente

29 de Primavera — Primera red retirada del jardín botánico. Considerada una aparición aislada.

3 de Verano — Nuevas redes entre los árboles del sector húmedo.

7 de Verano — Telas detectadas sobre el invernadero medicinal de Hinae.

10 de Verano — Aparición alrededor de la vivienda de Chiharu.

14 de Verano — Redes reconstruidas en la casa de Genzō tras haber sido destruidas.

18 de Verano — Telarañas densas alrededor de la vivienda de Daizen.

19 de Verano — Extensión de hilos entre varios tejados y el jardín botánico.

20 de Verano — Primera inspección por Carina. Se obtuvo una nueva muestra de seda (M-05) sin alterar la estructura principal. No se observaron presas atrapadas ni restos biológicos sobre los hilos. Abejas, mariposas, escarabajos y una Kikaichū exploradora evitaron aproximarse a la seda antes de establecer contacto físico.

Mapa
Vivienda 001: Hinae Aburame
Edad: 65 años.
Actividad actual: Medicina tradicional y cultivo de plantas medicinales.
Anotaciones Cari:
Visitar primero. Segundo destino. El invernadero podría explicar por qué apareció allí la fibra rojiza (M-02). Analizar si alguna planta favorece o repele a la especie.

Vivienda 002: Chiharu Aburame
Edad: 71 años.
Actividad actual: Archivista retirada.
Anotaciones Cari:
Tercer destino. Preguntar si existen registros antiguos sobre arañas o anomalías similares. Los archivos suelen conservar respuestas que los bosques ya olvidaron.

Vivienda 003: Genzō Aburame
Edad: 73 años.
Actividad anterior: Seguridad interna del clan.
Anotaciones Cari:
Última Visita. Las redes fueron destruidas... y reconstruidas. Necesito saber cuánto tiempo tardaron en reaparecer y si observó actividad durante la noche.

Vivienda 04: Daizen Aburame
Edad: 69 años.
Actividad anterior: Investigación de toxinas y especies venenosas.
Anotaciones Cari:
Primer Destino!! Hablar con él cuanto antes. Si alguien puede reconocer un compuesto químico o una toxina presente en la seda, probablemente sea Daizen. Además... las redes más densas aparecieron alrededor de su vivienda. Eso difícilmente sea una coincidencia.

Muestras

M-01: Seda del jardín botánico.

M-02: Fibra rojiza del invernadero de Hinae.

M-03: Sustancia repelente hallada en un hilo.

M-04: Saco de huevos vacío.

M-05: Seda superficial recolectada por Carina Aburame en el jardín botánico. Muestra obtenida de un hilo periférico sin alterar la estructura principal. Sin restos de presas ni material biológico visible. Pendiente de comparación con M-01 y análisis microscópico. AYUDA DEL NARRADOR que descubro?

Categoría | Nivel inicial

Riesgo para habitantes - Desconocido
Riesgo para colonias de insectos - Bajo
Riesgo ecológico - Moderado
Riesgo médico - Desconocido
Posible manipulación humana - No confirmada
Amenaza contra el clan - No confirmada
Valor científico - Potencialmente alto
Narro - Hablo - Pienso
[Imagen: Firma-Carina.png]
Naoto
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06-08-2026, 04:15 PM
Última modificación: 07-08-2026, 12:23 AM por Naoto. Razón: Pruebas relacionadas al contenido en "hide"
Los pequeños descubrimientos de la investigadora permitían rearmar un curioso rompecabezas. Rodeada de la naturaleza y sin la presencia de humanos que alteren las pruebas, Carina lograría dar con algunos indicios fácilmente. Daba la sensación de que no deseaban pasar inadvertidos, aquellas telas y fibras de seda marcaban una intención constante sobre las cabezas de los Aburame. Carina lo veía fascinante, pero el resto del clan se hallaba susceptible en su mayoría, desconfiado, pues como todo insecto sabe que las entrelazadas telarañas marcan peligro, los Aburames no podían evitar sentir lo mismo.

La seda original descripta en la bitácora parecía tener una cercanía a la telaraña normal, aquella que uno suele contemplar en los rincones y recovecos de la casa. Está allí, sin más, sin molestar. La diferencia evidente con la muestra de Carina era el color, que a simple vista se camuflaba entre el rocío y el tono blanquecino habitual, casi transparente; en cambio, estas poseían impregnados unos toques rojizos no naturales. Su elasticidad y los filamentos que la componían dejaban entrever un trabajo perfecto.

Uno podría percatarse si es estudioso de las arañas que sus redes son creadas con determinados fines. Para la reproducción, para alimentarse, u otras intenciones, y dependiendo el objetivo las telas estarían formadas de una manera u otra. En este caso, todo parecía indicar que no deseaban alimentarse. La evidencia más clara estaba en la ausencia de comida en todas ellas.

—Carina

La voz que se escuchó de fondo resultaba familiar. Shigure se apareció por detrás de la joven con un movimiento casi fantasmagórico, silencioso, como todo Aburame. Hizo una pausa mientras inspeccionaba lo que ella estaba haciendo. Pero no pudo contenerse más.

—Daizen está muerto. Cometió suicidio anoche —la voz del Aburame parecía adoptar una tonalidad más seria de lo normal—. Su sobrino informó a la policía hace una hora que encontró a Daizen ahorcado. Deberías hablar con él. Al llegar a la escena no encontré nada relevante en el interior de su casa.

Su mirada se alzó para contemplar el techo cubierto por la seda escarlata. Había algo que no le cerraba. ¿Por qué justo ahora se suicidaría alguien implicado en la investigación? No estaba bajo sospecha, ni siquiera se lo atribuía a algo. El Aburame recordó la última charla con Daizen. Se dio la vuelta, con sus manos guardadas en los bolsillos, cabizbajo.

—El hombre me informó que desconocía el motivo de que las telarañas envuelvan su casa y se mostró cooperativo a contestar mis preguntas. No parecía sospechoso de nada. Pero tampoco brindó algo influyente para la indagatoria.

Shigure aceleró el paso hacia la salida.

—Sigue con tu trabajo. Investigaré por mi cuenta.

De nuevo Carina se halló en soledad.



Reglas de juego

— A partir de ahora, el post se dividirá en cuatro situaciones que ocurrieron entre las nueve de la mañana y las tres de la tarde. Por lo tanto, ocurren en cuatro tiempos distintos, en orden a las visitas marcadas por la bitácora. Carina Aburame es libre de elegir si acude a las cuatro investigaciones o no.

— Cada escenario aportará información relevante para la investigación, de esta manera Carina podrá acercarse a una hipótesis virtuosa y al final de la trama.

— Cada situación tendrá la posibilidad de una tirada 1d20. Dependiendo el resultado, Carina obtendrá más información relevante o no tanto.

— Las viviendas están ordenadas en el orden que marcó Carina en la bitácora.

— Las dos primeras viviendas el usuario deberá lanzar los dados y esperar la respuesta del narrador (respuesta de los npc) en el siguiente post. Las dos últimas viviendas podrá postear tranquilamente con la información brindada por el narrador tras lanzar los dados de investigación.

 



Vivienda 004: Daizen Aburame

 
A medida que Carina se acercó al lugar, pudo comprobar por ella misma la gravedad del asunto: un orden deliberado en las telarañas, que vigilaban puertas, ventanas y tejados. Los oficiales acordonaban el paso con cintas policiales. Varios familiares del reciente fallecido se agolpaban en las puertas del hogar murmullando y debatiendo, entre lágrimas, el motivo de su decisión fatal. Algunos vecinos que conocían al viejo Daizen de toda la vida se acercaron a mostrar sus respetos, entristecidos y extrañados por ese hecho. A su vez, la vecindad intentaba indagar por su cuenta la razón de los extraños sucesos que estaban ocurriendo alrededor de su casa. Por qué las redes arácnidas envolvían a Daizen de esa forma.

Si Carina Aburame decide acercarse…

Allí se encontraba su sobrino Tōru Aburame, de veintisiete años. Un joven cuidador de plantas venenosas. Cuando se percató de los detalles físicos que Shigure le brindó al muchacho sobre Carina, este se acercó de inmediato. Se lo notaba afectado, para ser un Aburame. Se sabía que el sobrino de Daizen guardaba mucho cariño por su tío.


—¿Carina Aburame? —preguntó. Cuando el joven comprobó que se trataba de ella, la saludó tímidamente ofreciendo su mano derecha. La mujer le parecía muy atractiva. No era momento para coquetear, pero esa belleza producía en él una ligera confianza hacia la Aburame. Era diferente a los hombres que habían insistido en molestar a su tío durante los últimos días.

 
Su apariencia delataba que estaba en shock por la muerte de su tío. Su tono en la voz desanimado y su mirada perdida daban a entender que no le agradaba mucho estar allí, respondiendo preguntas. A simple vista parecía alguien que no ocultaba nada. Se llevó la mano a la frente, a la par que contemplaba esas telarañas. Un par de días atrás Tōru se había ofrecido a retirarlas de la casa de su tío, pero este le declinó la oferta, alegando que sería un mal augurio para el clan si le declaraban la guerra unas arañas desconocidas. Supersticiones o no, ahora ya era demasiado tarde.

—Shigure me contó sobre ti. Para ser sincero, mi tío estuvo actuando extraño los últimos días —expresó. Se apretó los labios y agachó la mirada, confundido—. Le costaba dormir, tenía pesadillas, y se lo veía desanimado. Pero lamentablemente no tengo nada más para decirte. Acepté decirte esto porque la familia de Shigure fue siempre amable con nosotros. No deseo que nos molesten.


Sentenció con energía. No deseaba estar allí, perdiendo el tiempo respondiendo preguntas extrañas a una extraña. Su deber familiar le obligaba a apoyar a su familia en el momento más difícil. La mirada de Tōru indicaba que no deseaba ser molestado. Si bien al muchacho le parecía tierna y dulce, una chica atractiva y con buenas intenciones. Maldijo por sus adentros, ¿a quién se le ocurría poner semejante belleza en un momento de mierda como este? No era justo para él Hubiera preferido encontrar a la muchacha en otro momento. Le dedicó una ligera sonrisa, buscando no parecer grosero.

—Por favor, no es el momento.

Se volteó con intenciones de irse.

Cita:Tirada de persuasión:
— La respuesta a esta tirada será recibida en el siguiente post.
— Carina Aburame podrá decidir qué hacer con él. Si dejarlo ir, o insistir.
1d20 + MINT + Investigador + Atractivo = 1d20 + 6

Cita:Tirada de intimidación: 
— La respuesta a esta tirada será recibida en el siguiente post.
— Carina Aburame podrá intimidar al hombre para que hable.
1d20 + MINT + Investigador = 1d20 + 2 (menor modificador por la multitud que está cerca, podría salir mal)



 

Vivienda 001: Hinae Aburame

La anciana estaba sentada en el jardín de su casa, contemplando como las nubes pasajeras abandonaron el cielo para dar paso al sol. Los rayos de luz golpeaban su cuerpo. En las manos, tenía una taza de té. La viejita sacudía su mandíbula de un lado a otro, a la par que se acomodaba en su asiento y estiraba el chaleco que llevaba puesto. A veces veía a su nieta pasar a través de la ventana, dándole orgullo cada vez que la veía. No podía quejarse, la vida le dio un maravilloso regalo. Parecía no temer a las telarañas que rodeaban su hogar. Las aceptaba.

Al ver que se aproximaba la kunoichi, esta llamó a su nieta un par de veces. Mia se asomó por la ventana, preguntando qué ocurría.

—Mia, querida. Me gustaría que vayas a lo de tu madre. Quedé con el inspector Shigure y sus ayudantes en charlar a solas —expresó con dulzura la anciana, a la par que se ponía de pie y le obsequiaba un beso a su nieta adolescente.

Mia intrigada aceptó la petición de su abuela y se fue del hogar, observando de reojo y con desconfianza a Carina. La abuela se acercó a la puerta del jardín y miró a Carina de arriba abajo. Le traía viejos recuerdos esa juventud, esa vestimenta ninja. Le dedicó una simpática sonrisa y se inclinó hacia ella como bien pudo.

—Shigure ayer me mencionó que una joven vendría a hacer preguntas.

La anciana se acercó hacia la puerta de su pequeño hogar y se adentró al living, invitando a la ninja a ingresar. Le indicó con el dedo que se sentara en el sofá mientras ella se dirigía hacia la cocina para preparar algo de jugo para ambas, buscando apaciguar el calor. Finalmente, le ofreció el refresco y se sentó en el otro sofá, ambas estaban separadas por una mesita ratona.

—Están ocurriendo cosas raras —confesó la anciana, sin rodeos. Sus ojos se posaban sobre el líquido anaranjado que contenía su vaso. Aquella apariencia de viejita tierna se había tornado en una mujer serena y consciente—. Daizen está muerto. No puedo decir que no me alegre.

Dio un sorbo a su bebida y la dejó en la mesa. El misterio que rodeaba a la vetusta señora se podía tocar con las manos. Definitivamente ocultaba algo. Y no le importaba.

—Es un cobarde, no aceptó su destino.

Posó los ojos sobre Carina y la analizó. Tras la mirada de la anciana parecía ocultarse tristeza. Se veía reflejada en la joven Aburame. Envidiaba su belleza, su juventud, su oportunidad de cambiar el mundo, de cambiarse a sí misma, de progresar, evolucionar, vivir y disfrutar. De aprender a decir que no. Y por sobre todas las cosas, envidiaba esa inocencia con la que se manejaba, esa efusividad y energía que, en algún punto, la vida comienza a devorar en uno mismo a medida que la persona crece.

Se sacudió el chaleco nuevamente e hizo un mueca de molestia.

—¿Por qué estás aquí, niña? Mírate. Teniendo la posibilidad de disfrutar la vida, la arriesgas. A juzgar por tu apariencia no hace mucho habrás salido de la academia —soltó una ligera risa juguetona—. Ahora ya te encuentras metida en el juego —se reclinó hacia delante y la miró fijamente—, espero que no tomes decisiones equivocadas. La vida ninja es dura.

Volvió a su posición y se recostó contra el respaldo del sofá. Su semblante se tornó serio de nuevo.

—Como sea niña. Lamento que tengas que cargar con nuestros errores. Lo importante es aceptarlos. Y tratar de reparar cada uno de ellos. Mientras uno viva.

La anciana se volvió a acomodar de nuevo, sus manos se posaron sobre la barriga y se frotó. Hizo otra mueca.

—Yo… trabajé en…

Cuando la mujer intentó hablar, algo se lo impidió. Su rostro delató sorpresa, al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Se llevó la mano a la boca y apoyó los dedos a la altura de los labios. Estuvo unos largos segundos en silencio. Intentó hablar de nuevo, y otra vez se cortó en seco. Como si algo le impidiera hablar.

Su apariencia volvió a la normalidad.

—Conozco… a esas arañitas que se encuentran fuera de mi hogar. No es casualidad que estén sobre mí. O sobre Daizen, o sobre los demás. Estoy segura que Chiharu y Genzo podrán contarte más. Aún viven. El resto… —mantuvo el silencio, tratando de recordar—, sí… creo que el resto ya no vive. No puedo revelar más, niña. Juré que no lo haría. Pero el resto, el resto podrá ayudarte. No tienen… mi condición.

La anciana se levantó con dificultad del sofá.

—Deberías irte niña. No hay mucho tiempo.

Reglas de tirada: persuasión

Carina Aburame podrá persuadir a la anciana de hablar, o podrá retirarse de su hogar.


Cita:Tirada de persuasión:
— La respuesta a esta tirada será recibida en el siguiente post.
— Carina Aburame podrá decidir qué hacer con ella. Si intentar convencer a Hinae de hablar, o irse.
1d20 + MINT + Investigador = 1d20 + 6





Vivienda 002: Chiharu Aburame


El hogar de Chiharu estaba a un par de cuadras. Su hogar estaba cubierto de espesas telas que envolvían todas las salidas a excepción de la puerta principal, que daba a la calle. En su jardín delantero se hallaba un cadáver tendido en el suelo, a centímetros de la puerta. El cuerpo tenía similitudes con los detalles fijados en la bitácora sobre la anciana que vivía allí. A simple vista, la mujer llevaba consigo ropa de dormir, algunas prendas ligeras similares a un pijama veraniego; estaba descalza. Consigo había una pequeña bolsa. Algunas hojas y documentos se encontraban tirados en el suelo, a los laterales del cadáver.

La puerta estaba abierta. Dentro, se podía observar un ambiente desordenado y señales de persecución. Los cajones estaban abiertos y algunas cosas tiradas en el suelo. Todo parecía reciente.


Cita:Tirada de investigación: examinar el cadáver
— La información de esta tirada será ofrecida al usuario para que pueda completar su post.
— Carina Aburame puede investigar el cadáver.
1d20 + MINT + Investigador = 1d20 + 6

Cita:Tirada de investigación: registrar el hogar
— La información de esta tirada será ofrecida al usuario para que pueda completar su post. 
— Carina podrá investigar el hogar.
1d20 + MINT + Investigador = 1d20 + 6






Vivienda 003: Genzō Aburame

El exterior de la casa de Genzō tenía una diferencia importante con las otras: tranquilidad. A medida que Carina se aproximara, encontraría paz. Sin embargo, la fachada tenía mayor seguridad que el resto: barrotes en las ventanas junto a persianas reforzadas, rejas altas acompañadas de un muro bajo rodeados por árboles podados que impedían el paso y puertas aseguradas con candados. Por primera vez, Carina notaría que las telarañas fueron arrancadas del lugar. Y sobre esas redes tiradas en el suelo, otras emergían por encima. Las telarañas estaban puestas sobre tejas, canaletas, bisagras, buscando huecos para penetrar las defensas del hogar.

La puerta estaba abierta.

No había nadie. Lo extraño es que la cerradura funcionaba correctamente. Dentro, una mesa con comida y bebidas parecía abandonada; una silla en el suelo, un pequeño mueble desplazado. Un soporte para armas contenía múltiples katanas. Ningún objeto que pareciera de valor extraído. Algunos insectos centinelas del Aburame se hallaban atrapados en las redes. Las armas, la ropa, suministros, la comida interrumpida, insectos neutralizados, la puerta abierta, todo era extraño.
 
Ausencia absoluta.

Tirada de investigación: analizar la casa de Genzō

Cita:Tirada de investigación: registrar el hogar
— La información de esta tirada será ofrecida al usuario para que pueda completar su post. 
— Carina podrá investigar el hogar.
1d20 + MINT + Investigador = 1d20 + 6


Cita:Bitácora

Cambios:

— Se debe agregar los cambios de M-05.

Actual:

Fecha aproximada e incidente

29 de Primavera — Primera red retirada del jardín botánico. Considerada una aparición aislada.

3 de Verano — Nuevas redes entre los árboles del sector húmedo.

7 de Verano — Telas detectadas sobre el invernadero medicinal de Hinae.

10 de Verano — Aparición alrededor de la vivienda de Chiharu.

14 de Verano — Redes reconstruidas en la casa de Genzō tras haber sido destruidas.

18 de Verano — Telarañas densas alrededor de la vivienda de Daizen.

19 de Verano — Extensión de hilos entre varios tejados y el jardín botánico.

20 de Verano — Primera inspección por Carina. Se obtuvo una nueva muestra de seda (M-05) sin alterar la estructura principal. No se observaron presas atrapadas ni restos biológicos sobre los hilos. Abejas, mariposas, escarabajos y una Kikaichū exploradora evitaron aproximarse a la seda antes de establecer contacto físico.

Mapa
Vivienda 001: Hinae Aburame
Edad: 65 años.
Actividad actual: Medicina tradicional y cultivo de plantas medicinales.
Anotaciones Cari:
Visitar primero. Segundo destino. El invernadero podría explicar por qué apareció allí la fibra rojiza (M-02). Analizar si alguna planta favorece o repele a la especie.

Vivienda 002: Chiharu Aburame
Edad: 71 años.
Actividad actual: Archivista retirada.
Anotaciones Cari:
Tercer destino. Preguntar si existen registros antiguos sobre arañas o anomalías similares. Los archivos suelen conservar respuestas que los bosques ya olvidaron.

Vivienda 003: Genzō Aburame
Edad: 73 años.
Actividad anterior: Seguridad interna del clan.
Anotaciones Cari:
Última Visita. Las redes fueron destruidas... y reconstruidas. Necesito saber cuánto tiempo tardaron en reaparecer y si observó actividad durante la noche.

Vivienda 04: Daizen Aburame
Edad: 69 años.
Actividad anterior: Investigación de toxinas y especies venenosas.
Anotaciones Cari:
Primer Destino!! Hablar con él cuanto antes. Si alguien puede reconocer un compuesto químico o una toxina presente en la seda, probablemente sea Daizen. Además... las redes más densas aparecieron alrededor de su vivienda. Eso difícilmente sea una coincidencia.

Muestras

M-01: Seda del jardín botánico.

M-02: Fibra rojiza del invernadero de Hinae.

M-03: Sustancia repelente hallada en un hilo.

M-04: Saco de huevos vacío.

M-05: Seda superficial recolectada por Carina Aburame en el jardín botánico. Muestra obtenida de un hilo periférico sin alterar la estructura principal. Sin restos de presas ni material biológico visible. Pendiente de comparación con M-01 y análisis microscópico. AYUDA DEL NARRADOR que descubro?

Categoría | Nivel inicial

Riesgo para habitantes - Desconocido
Riesgo para colonias de insectos - Bajo
Riesgo ecológico - Moderado
Riesgo médico - Desconocido
Posible manipulación humana - No confirmada
Amenaza contra el clan - No confirmada
Valor científico - Potencialmente alto
Carina Aburame
Rango Genin
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07-08-2026, 02:28 PM
La diferencia era diminuta. Tan diminuta que probablemente habría pasado inadvertida para cualquier persona que contemplara las redes únicamente como una molestia extendida sobre los jardines. Yo llevaba varios minutos con ambos frascos frente a los ojos, alternándolos contra la luz de la mañana mientras intentaba determinar exactamente dónde terminaban las semejanzas. M-01. M-05. La primera parecía ordinaria. Seda de araña. Blanca, ligeramente translúcida, perfectamente compatible con aquello que uno encontraría entre las vigas de una casa abandonada o bajo alguna roca suficientemente húmeda. La segunda, en cambio... Giré lentamente el frasco entre mis dedos. Ahí estaba. Rojo. No realmente rojo, no como sangre ni como algún pigmento evidente. Eran pequeñas tonalidades escarlatas incorporadas entre los filamentos, tan discretas que el rocío había conseguido ocultarlas cuando observé inicialmente la estructura.

-Te encontré.

Sonreí mientras acercaba nuevamente el frasco a la lupa. El color parecía integrado en la propia estructura y aquello resultaba fascinante. La ausencia de presas también comenzaba a adquirir importancia. Una araña podía fabricar diferentes tipos de seda para diferentes necesidades: protección, reproducción, desplazamiento, refugio o captura. Aquellas estructuras enormes podían haber atrapado cientos de insectos durante las últimas semanas y, sin embargo, no había encontrado alas, patas, fragmentos de quitina ni cadáveres envueltos. Nada. Ni siquiera restos.

Apoyé la punta del lápiz sobre el papel y escribí una primera conclusión. No quieren comerlos. Permanecí observándola durante unos segundos antes de fruncir ligeramente los labios y atravesarla con una línea. No. Demasiado absoluta. Debajo escribí algo mucho más apropiado. "No parece una estructura destinada a la alimentación." Muchísimo mejor. Las conclusiones absolutas eran terriblemente seductoras. Por eso mismo había que desconfiar de ellas. Estaba comenzando a dibujar la disposición de algunos filamentos cuando escuché mi nombre. Reconocí inmediatamente la voz de Shigure y levanté la cabeza esperando encontrar alguna nueva observación, quizá otro reporte, otra muestra o, con algo de suerte, una araña. Recibí algo completamente distinto. Daizen estaba muerto. Mi lápiz permaneció suspendido sobre el papel mientras aquellas palabras se acomodaban lentamente dentro de mi cabeza. Suicidio. Anoche. Encontrado ahorcado. Hacía apenas unos minutos Daizen era para mí una dirección marcada sobre un mapa. Sesenta y nueve años. Investigador retirado. Toxinas y especies venenosas. Una persona con la que esperaba sentarme a discutir durante horas acerca de aquella seda. Ahora era un cadáver.

Bajé lentamente el lápiz. Por primera vez desde que había llegado al jardín no estaba sonriendo. Escuché todo cuanto Shigure tenía para decir. Que Daizen había cooperado. Que desconocía por qué las redes rodeaban su vivienda. Que no había encontrado nada relevante dentro de la casa. Que aparentemente tampoco existía ningún motivo evidente para relacionarlo con aquello que investigábamos. Cuando terminó, mis ojos descendieron hacia la bitácora abierta sobre mis piernas. Vivienda 04: Daizen Aburame. Mi propia anotación continuaba debajo. Hablar con él cuanto antes. Pasé lentamente el pulgar sobre aquellas palabras.

-Qué pésimo sentido de la oportunidad, Daizen.

No había humor en mi voz. Solo frustración. Mi mirada regresó hacia las redes rojizas extendidas sobre nuestras cabezas. Una muerte durante una investigación no convertía automáticamente ambas cosas en parte del mismo fenómeno. Correlación y causalidad eran amantes peligrosamente convincentes cuando uno deseaba encontrar respuestas rápidas. Daizen podía haberse suicidado por cientos de razones completamente ajenas a las arañas. También podía no haberlo hecho. Cerré los ojos durante un instante. No. Eso tampoco. Todavía no tenía absolutamente ninguna evidencia que justificara cuestionar la causa de la muerte.

-No voy a inventarte una historia solamente porque moriste en el momento más sospechoso posible.

Abrí nuevamente los ojos y anoté junto al nombre de Daizen. Fallecido durante la noche del 19 al 20 de Verano. Suicidio informado. NO relacionar con las redes sin evidencia. Hablar con el sobrino. Subrayé aquellas últimas palabras y después añadí un enorme signo de interrogación junto a la fecha del 18 de Verano, aquella donde constaba que las telarañas se habían vuelto especialmente densas alrededor de su vivienda. Dieciocho. Diecinueve. Veinte. Mi lápiz golpeó suavemente el papel mientras contemplaba la secuencia.

-No significa nada todavía.

Dejé marchar a Shigure sin detenerlo. Si quería investigar por su cuenta, mejor. Dos investigadores siguiendo caminos diferentes tenían menos probabilidades de enamorarse de la misma hipótesis equivocada. Cuando volví a quedarme sola guardé cuidadosamente M-01 y M-05 dentro de la mochila y me puse de pie. La fascinación no había desaparecido. Todo lo contrario. Pero aquella investigación acababa de cambiar. Hasta ese momento había estado preguntándome qué clase de araña podía construir aquellas redes. Ahora existía otra pregunta inevitable. ¿por qué las redes más densas habían aparecido alrededor de la vivienda de un investigador de toxinas apenas dos noches antes de su muerte?

Me acomodé la mochila sobre el hombro y desplegué nuevamente el mapa. Cuatro viviendas. Cuatro historias. Y ahora una de ellas pertenecía a un muerto. Mi dedo recorrió las marcas hasta detenerse. Vivienda 004: Daizen Aburame

-Bien, Cari... deja de enamorarte de las preguntas y empieza a conseguir respuestas.
Avancé apenas unos pasos antes de detenerme y mirar una última vez sobre mi hombro. Las redes escarlatas continuaban allí, inmóviles y hermosas bajo la luz de la mañana.

Vivienda 004: Daizen Aburame
Había algo profundamente incómodo en observar una casa cubierta por telarañas mientras una familia lloraba a un muerto frente a ella. La científica dentro de mí quería mirar hacia arriba. Contar los puntos de anclaje. Comparar la densidad de los filamentos. Comprobar aquella distribución casi deliberada alrededor de puertas y ventanas. La persona, sin embargo, me obligaba a mirar hacia abajo. Hacia las cintas policiales. Los familiares. Los vecinos hablando en voz baja. Aquello ya no era únicamente una anomalía biológica interesante. Había personas sufriendo alrededor de ella.

Cuando Tōru pronunció mi nombre levanté la mirada y acepté su mano. Mi apretón fue ligero. No necesitaba observar demasiado para comprender que aquel hombre estaba agotado. La voz apagada, la mirada incapaz de permanecer demasiado tiempo sobre un mismo punto, la tensión de sus labios cada vez que mencionaba a Daizen. Todo aquello era información también. Muchísimo más delicada que una muestra dentro de un frasco.

-Sí. Carina.

No añadí títulos. No mencioné la misión. Tampoco saqué inmediatamente la libreta. Había momentos donde parecer una investigadora ayudaba y otros donde únicamente conseguía que alguien sintiera que estaba siendo interrogado. Dejé que hablara sin interrumpirlo. Insomnio. Pesadillas. Desánimo. Tres cambios conductuales durante los últimos días. Tres datos nuevos que guardé mentalmente sin convertirlos todavía en explicaciones. Entonces llegó el límite. Por favor, no es el momento. Tōru comenzó a darse vuelta.

-Tōru.

No alcé la voz. Di solamente un paso hacia él y apoyé con suavidad dos dedos sobre su antebrazo, apenas lo suficiente para pedirle unos segundos más sin obligarlo a permanecer allí. Había descubierto hacía bastante tiempo que invadir ligeramente el espacio personal de alguien podía producir reacciones interesantísimas. Aquella vez, sin embargo, no estaba jugando.

-Tienes razón.

Esperé. Probablemente aquella fuese la última respuesta que esperaba recibir de alguien enviado precisamente para hacer preguntas.

-No es el momento. Y si yo acabara de encontrar a alguien que quiero muerto, tampoco tendría ganas de explicarle su vida a una desconocida con lentes ridículos.

Señalé brevemente mis propios lentes de corazón y esbocé una sonrisa pequeña. Nada exagerado. Después retiré la mano de su brazo.

-Pero no estoy investigando a tu tío.

Giré ligeramente la cabeza hacia la casa. Las telarañas estaban allí. Puertas. Ventanas. Tejado. Demasiado ordenadas.

-Estoy investigando eso.

Mi mirada regresó hacia él.

-Daizen podía estar triste. Podía tener pesadillas. Podía llevar días sin dormir y todo eso podría no tener absolutamente ninguna relación con estas arañas. Sería irresponsable decir lo contrario. También sería irresponsable ignorarlo.

Esta vez sí abrí la bitácora, pero no escribí.

-Hace dos días estas redes se volvieron especialmente densas alrededor de su vivienda. Anoche murió. No voy a decirte que una cosa provocó la otra porque no tengo evidencia. De hecho...

Incliné ligeramente el cuaderno para que pudiera ver una de mis últimas anotaciones. NO relacionar con las redes sin evidencia.

-me prohibí hacerlo.

Lo miré directamente durante unos segundos. Mi voz había perdido casi toda aquella energía atropellada que normalmente aparecía cuando hablaba de algo interesante.

-No necesito que me cuentes secretos de tu familia. Tampoco quiero convertir los últimos días de tu tío en un espectáculo para los vecinos. Solo necesito saber qué cambió.

Hice una pausa.

-Las pesadillas. El insomnio. Su comportamiento. Estas redes. Cualquier cosa pequeña que entonces pareciera absurda. Algo que dijera, algo que hiciera, algún lugar al que fuese, alguna persona que viniera a verlo...

Mi mirada descendió brevemente antes de volver hacia sus ojos.

-Incluso algo que tú consideres completamente inútil.

Cerré lentamente la bitácora.

-Porque si todo esto no tiene ninguna relación con Daizen, seré la primera persona encantada de escribirlo.

Me acerqué apenas un poco más, reduciendo la voz para que aquella conversación perteneciera únicamente a nosotros y no a la multitud reunida alrededor.

-Pero si tu tío intentó decir algo antes de morir y nadie comprendió que era importante...

Mi expresión se suavizó.

-...creo que merece que alguien lo escuche ahora.

No volví a preguntarle nada. No todavía. Simplemente permanecí frente a él, sosteniendo la bitácora contra mi pecho y dejándole decidir si aquellos últimos días de Daizen terminaban allí o si todavía quedaba algo por contar.

Elijo la opción de persuasión y mi tirada fue de 11

Vivienda 001: Hinae Aburame
Había imaginado muchas formas de encontrar a Hinae Aburame. Ninguna incluía aquella tranquilidad casi insultante con la que permanecía sentada tomando té mientras enormes telarañas rodeaban su vivienda. La observé desde el camino durante unos segundos antes de acercarme. No parecía ignorarlas. Eso habría sido diferente. Las había visto y sencillamente había decidido convivir con ellas. Quizá era experiencia. Quizá resignación. O quizá sabía exactamente qué eran.

La despedida de Mia consiguió que mi mirada saltara brevemente entre ambas. No dije nada. Esperé hasta que la adolescente desapareció y correspondí a la inclinación de Hinae con una sonrisa antes de seguirla hacia el interior. Acepté el jugo que me ofreció y me acomodé frente a ella. La bitácora permaneció cerrada sobre mis piernas. Había aprendido algo durante aquella mañana: algunas personas hablaban muchísimo mejor cuando no tenían un lápiz registrando cada respiración. Entonces mencionó a Daizen. No puedo decir que no me alegre. Mis dedos dejaron de jugar con el borde del vaso. Es un cobarde, no aceptó su destino. Aquello sí era información. No necesariamente sobre su muerte. Tampoco sobre las arañas. Pero era una grieta. Una de esas pequeñas irregularidades que aparecen cuando una historia aparentemente sencilla esconde demasiadas cosas debajo. No interrumpí. Por una vez, hacer preguntas habría sido menos útil que guardar silencio.
La dejé hablar de mí, de mi edad, de la Academia, de la vida ninja y de decisiones equivocadas. Algunas personas probablemente habrían interpretado aquello como las divagaciones de una anciana. Yo no. Hinae estaba intentando decir algo sin decirlo. Nuestros errores. Repararlos. Mientras uno viva. Plural. Aquello importaba.
Mi cabeza ya había comenzado a conectar palabras cuando Hinae intentó continuar. Yo trabajé en... Y se detuvo. Mis ojos se clavaron inmediatamente en ella. No fue duda. No parecía arrepentimiento. Vi sus dedos alcanzar sus labios. Vi la sorpresa atravesarle el rostro. Esperé. Volvió a intentarlo. Nada. Mi espalda abandonó lentamente el respaldo del sofá. Fascinante. Terriblemente fascinante. Por primera vez desde que había entrado, mi atención dejó completamente de lado las telarañas del exterior.

Había visto personas negarse a hablar. Personas mentir. Personas olvidar. Personas detener una frase porque comprendían demasiado tarde que estaban revelando algo que no debían. Aquello no se parecía a ninguna de esas cosas. Hinae quería continuar. Algo se lo impedía. Cuando finalmente recuperó la voz, cada palabra adquirió un peso diferente. Conocía a las arañas. Sabía que su presencia no era casual. Daizen. Ella. Chiharu. Genzō. Otros que ya habían muerto. Sentí un escalofrío delicioso recorrerme la espalda. No por miedo. Por la aparición repentina de un patrón. La observé levantarse con dificultad mientras repetía que había jurado no revelar más.
Un juramento. Una condición. Mis ojos descendieron involuntariamente hacia sus labios. Ah.

-Hinae.

Dejé el vaso sobre la mesa. No me levanté inmediatamente. Tampoco saqué la libreta. 

-Creo que acabas de hacer algo muchísimo más interesante que responder cualquiera de mis preguntas.

Mi tono no llevaba burla. Había recuperado aquella chispa imposible de ocultar, pero mantuve la voz baja.

-Intentaste hablar. Me puse de pie lentamente.-Y no pudiste.

Di un pequeño paso hacia ella, observando su rostro con una atención casi clínica.

-No cambiaste de opinión. No olvidaste lo que ibas a decir. Tu expresión cambió antes de que decidieras detenerte.

Incliné ligeramente la cabeza. -Eso significa que no necesito pedirte que rompas tu juramento.

Una sonrisa diminuta apareció en mis labios. -Solo necesito hacer mejores preguntas.

Me acerqué un poco más. No quería intimidarla. Todo lo contrario. Hinae llevaba décadas cargando con aquello. Si realmente existía una condición vinculada a lo que podía revelar, obligarla a luchar contra ella era probablemente la manera más estúpida de obtener información. -Dijiste que conoces a esas arañas. Dijiste que no están aquí por casualidad. Dijiste que Chiharu y Genzō pueden ayudarme y que hubo otros que ya murieron. Levanté un dedo.-No voy a preguntarte qué hicieron. Otro. -Tampoco voy a preguntarte qué juraste. Un tercero. -Y definitivamente no voy a pedirte que pronuncies algo que pueda hacerte daño. Mis dedos descendieron lentamente.

-Pero un juramento suele tener límites.

Ahora sí sonreí. La ciencia acababa de convertirse en un juego de lógica.

-Puedes asentir. Negar. Señalar algo. Escribir una palabra si tu condición lo permite. Incluso puedes decirme que estoy completamente equivocada.

Me incliné ligeramente hacia ella, reduciendo nuestra distancia sin perder aquella expresión amable.

-No necesito conocer vuestro secreto, Hinae. Todavía no.

Mis ojos buscaron los suyos.

-Solo necesito saber dónde buscarlo.

Hice una pequeña pausa.

-Porque Daizen ya no puede reparar sus errores.

La frase salió mucho más seria.

-Pero tú misma acabas de decirme que los vivos todavía pueden hacerlo.

Abrí finalmente la bitácora y coloqué el lápiz encima, sobre la mesa, entre ambas. No se lo entregué. Simplemente lo dejé allí.

-Así que ayúdame sin romper tu promesa.

Retrocedí un paso.

-Dime únicamente aquello que todavía tengas permitido decir.

Y guardé silencio. Esta vez no iba a perseguir la respuesta. Quería comprobar hasta dónde podía llegar Hinae antes de que aquella extraña barrera volviera a cerrarse alrededor de sus palabras.

Mi tirada fue de 9

Vivienda 002: Chiharu Aburame.
No necesité consultar la dirección una segunda vez. Las telarañas anunciaban la vivienda de Chiharu antes que cualquier número sobre una puerta. Eran mucho más densas allí, extendiéndose sobre ventanas y salidas hasta dejar únicamente libre el acceso principal. Aquello habría capturado completamente mi atención unas horas atrás. Ahora había algo bastante más importante debajo. Me detuve.

-Oh.

La palabra escapó sola. Una mujer permanecía tendida sobre el jardín, descalza y todavía vestida con ropa para dormir. Mis ojos recorrieron rápidamente sus características antes de descender hacia la bitácora. Setenta y un años. Archivista retirada. Chiharu Aburame. Cerré el cuaderno. Dos personas incluidas en aquel registro habían muerto en cuestión de horas. Eso ya no era una coincidencia que pudiera ignorar alegremente. Me aproximé despacio, procurando no pisar ninguno de los papeles esparcidos alrededor del cadáver. Había una bolsa junto a ella. Documentos. La puerta abierta. Desde allí podía observar cajones removidos y objetos desperdigados por el interior.

-No estabas durmiendo tranquilamente cuando ocurrió.

Me agaché junto al cuerpo sin tocarlo inmediatamente. Primero observar. Siempre observar. Posición de las extremidades, lesiones visibles, ropa, manos, uñas, temperatura, cualquier sustancia sobre la piel y, especialmente, cualquier presencia de seda. Después examinaría la bolsa y los documentos únicamente si podía hacerlo sin alterar su posición original. Saqué los guantes.

-Primero tú.

Mi mirada recorrió cuidadosamente el cadáver.

-Después averiguaremos qué estabas intentando sacar de esa casa.

Una vez terminara con Chiharu, entraría por la puerta principal. El desorden podía corresponder a una persecución, una búsqueda desesperada o alguien registrando el lugar. Tres posibilidades demasiado distintas como para escoger mi favorita sin evidencia. Me incorporé ligeramente y contemplé el interior.

-Dos escenas, Cari. Dos preguntas diferentes.

Señalé primero el cadáver con el lápiz.

-¿Qué te pasó?

Después apunté hacia la vivienda.

-¿Y qué ocurrió ahí dentro?

Guardé el lápiz. Por primera vez desde que había comenzado aquella investigación, las arañas podían esperar.

Mis tiradas fueron de 13 y 14

Vivienda 003: Genzō Aburame
La casa de Genzō consiguió algo que las anteriores no habían logrado: hacerme detener antes de cruzar siquiera la entrada. Barrotes, persianas reforzadas, candados, árboles utilizados como barreras naturales... Aquello no era simplemente la vivienda de un anciano retirado. Era la casa de alguien que había dedicado demasiados años a seguridad como para confiar en una cerradura ordinaria.
Y aun así, la puerta estaba abierta.

-Eso no me gusta...

Las redes arrancadas permanecían sobre el suelo, pero nuevas estructuras habían comenzado a crecer por encima, buscando tejas, canaletas, bisagras y cualquier pequeño espacio entre las defensas. Genzō había intentado mantenerlas fuera. Ellas habían vuelto. Entré con cuidado. Comida abandonada. Una silla caída. Un mueble desplazado. Armas todavía en sus soportes. Ninguna ausencia evidente de objetos valiosos. Pero tampoco había Genzō. Entonces vi los insectos. Me agaché inmediatamente frente a varios centinelas atrapados entre los filamentos y mi expresión cambió. Hasta ahora había observado insectos evitando aquellas redes. Era la primera vez que encontraba miembros de una colonia neutralizados por ellas.

-Bueno... eso es nuevo.

Abrí la bitácora y repasé rápidamente la escena. Puerta abierta sin daños. Pertenencias intactas. Comida interrumpida. Señales menores de movimiento. Insectos atrapados. Dueño desaparecido. No iba a elegir una explicación todavía. Me coloqué los guantes y guardé el cuaderno.

-Bien, Genzō. Veamos qué dejaste atrás.

Comencé por la entrada y avancé lentamente hacia el interior, dispuesta a reconstruir cada alteración de aquella casa antes de decidir qué significaba realmente aquella ausencia.

Mi tirada fue de 5[/spoiler]
Cita:Bitácora

Fecha aproximada e incidente
29 de Primavera — Primera red retirada del jardín botánico. Considerada una aparición aislada.
3 de Verano — Nuevas redes entre los árboles del sector húmedo.
7 de Verano — Telas detectadas sobre el invernadero medicinal de Hinae.
10 de Verano — Aparición alrededor de la vivienda de Chiharu.
14 de Verano — Redes reconstruidas en la casa de Genzō tras haber sido destruidas.
18 de Verano — Telarañas densas alrededor de la vivienda de Daizen.
19 de Verano — Extensión de hilos entre varios tejados y el jardín botánico.
20 de Verano — Primera inspección por Carina. Se obtuvo una nueva muestra de seda (M-05) sin alterar la estructura principal. No se observaron presas atrapadas ni restos biológicos sobre los hilos. Abejas, mariposas, escarabajos y una Kikaichū exploradora evitaron aproximarse a la seda antes de establecer contacto físico.
Anotaciones Cari:
La comparación preliminar entre M-01 y M-05 revela una diferencia de coloración. M-05 presenta tonalidades rojizas integradas entre los filamentos que pueden pasar inadvertidas a simple vista. La estructura mantiene una elasticidad y disposición extremadamente precisas. La ausencia general de presas refuerza la posibilidad de que estas redes no hayan sido construidas con fines alimenticios.

Mapa

Vivienda 001: Hinae Aburame
Edad: 65 años.
Actividad actual: Medicina tradicional y cultivo de plantas medicinales.
Anotaciones Cari:
Visitar primero. Segundo destino. El invernadero podría explicar por qué apareció allí la fibra rojiza (M-02). Analizar si alguna planta favorece o repele a la especie.
Hinae reconoce a las arañas y asegura que su presencia sobre determinadas viviendas no es casual. Intentó hablar sobre algo relacionado con su pasado, pero fue incapaz de continuar. Mencionó un juramento. Chiharu y Genzō podrían saber más. Según Hinae, otras personas relacionadas ya han muerto.

Vivienda 002: Chiharu Aburame
Edad: 71 años.
Actividad actual: Archivista retirada.
Anotaciones Cari:
Tercer destino. Preguntar si existen registros antiguos sobre arañas o anomalías similares. Los archivos suelen conservar respuestas que los bosques ya olvidaron.
Encontrada aparentemente sin vida frente a su vivienda. Ropa de dormir, descalza y con una pequeña bolsa. Documentos dispersos alrededor del cuerpo. Puerta abierta y señales recientes de desorden en el interior. Pendiente examinar cuerpo y vivienda.

Vivienda 003: Genzō Aburame
Edad: 73 años.
Actividad anterior: Seguridad interna del clan.
Anotaciones Cari:
Última Visita. Las redes fueron destruidas... y reconstruidas. Necesito saber cuánto tiempo tardaron en reaparecer y si observó actividad durante la noche.
Genzō no estaba en la vivienda. Las redes arrancadas permanecen en el suelo y nuevas telas crecen sobre ellas, buscando huecos entre sus defensas. Puerta abierta sin daños aparentes. Comida interrumpida, silla caída y pertenencias intactas. Algunos de sus insectos centinelas quedaron atrapados en las redes. Pendiente registrar la vivienda.

Vivienda 04: Daizen Aburame
Edad: 69 años.
Actividad anterior: Investigación de toxinas y especies venenosas.
Anotaciones Cari:
Primer Destino!! Hablar con él cuanto antes. Si alguien puede reconocer un compuesto químico o una toxina presente en la seda, probablemente sea Daizen. Además... las redes más densas aparecieron alrededor de su vivienda. Eso difícilmente sea una coincidencia.
Demasiado tarde. Daizen falleció durante la noche del 19 al 20 de Verano. Su muerte fue informada como suicidio. Tōru asegura que durante sus últimos días padecía insomnio, pesadillas y un fuerte desánimo. Las redes rodean puertas, ventanas y tejados siguiendo un orden deliberado.
NO relacionar muerte + telarañas sin evidencia.
Aunque el momento es absurdamente sospechoso.

Muestras
M-01: Seda del jardín botánico.
M-02: Fibra rojiza del invernadero de Hinae.
M-03: Sustancia repelente hallada en un hilo.
M-04: Saco de huevos vacío.
M-05: Seda superficial recolectada por Carina Aburame en el jardín botánico. Muestra obtenida de un hilo periférico sin alterar la estructura principal. Sin restos de presas ni material biológico visible. Comparada preliminarmente con M-01, presenta tonalidades rojizas integradas en los filamentos, difíciles de distinguir a simple vista entre el rocío y la coloración translúcida de la seda. Su elasticidad y estructura presentan una disposición extremadamente precisa. La ausencia de restos alimenticios sugiere que podría tratarse de una seda destinada a una función diferente a la captura de presas.
Anotaciones Cari:
Seda de caza No. Al menos no parece querer comida. Entonces. ¿qué quiere?

Categoría | Nivel inicial
Riesgo para habitantes - Desconocido
Riesgo para colonias de insectos - Bajo
Riesgo ecológico - Moderado
Riesgo médico - Desconocido
Posible manipulación humana - No confirmada
Amenaza contra el clan - No confirmada
Valor científico - Potencialmente alto
Anotaciones Cari:
Evaluación sin modificar. Hay demasiadas preguntas abiertas y muy pocas respuestas comprobadas. Y ahora tenemos muertos, un desaparecido y arañas que parecen conocer perfectamente qué casas visitar. No sacar conclusiones, Cari. Aunque ganas no faltan.
Narro - Hablo - Pienso
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Naoto
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07-08-2026, 10:41 PM
Vivienda 004: Daizen Aburame
 
Tōru fue atravesado en silencio por un aluvión de palabras envueltas en comprensión y solidaridad con el afectado. Por dentro sintió alivio al oír que su tío no se hallaba involucrado como culpable de una situación que envolvía algo casi paranormal dentro de la cotidianeidad de las calles del distrito Aburame. Sin embargo, no se dejaba endulzar el oído. Poseía suficientes razones para desconfiar de la policía, de los investigadores. Su mirada acompañó a la de Carina, en dirección a las densas redes envueltas en el hogar de su tío. Luego, volvió a posar sus ojos sobre la kunoichi.
 
Amagó a decir algo, pero sus palabras no salieron. Las ocultó en el interior de su corazón. Tōru negó con la cabeza varias veces y levantó ambas manos, cansado de oír, de ver, de ser interrogado por las telarañas. La mirada cayó al suelo y sacudió las manos en señal de pausa. No podía más con su cuerpo. Desde que su padre falleció, Daizen fue como un padre para él. Las lágrimas buscaron escapar hacia las mejillas, pero Tōru las contuvo con valor. No deseaba verse débil frente a una mujer. Y en especial frente a alguien que podría estar involucrada con la muerte de su tío.
 
Sí, eso era lo que él creyó desde el momento que Shigeru apareció en la puerta de su casa.
 
Desde que ocurrió el primer episodio, los agentes no dejaron de agobiar al pobre Daizen una y otra vez, al punto de que su sobrino notó drásticos cambios psicológicos en él. Le sonrió a Carina, casi por buscar amabilidad y no disparar hacia un comportamiento más agresivo. Sus ojos pedían basta.
 
—Desde que llegaron, la vida de mi tío se volvió un infierno —murmulló en protesta a la par que Carina hablaba. Su voz estaba debilitada. Ni siquiera tuvo fuerzas para intimidar.
 
Tōru se paralizó al oír la frase de ella. Sí, recordó algo. Hubo algo. Pero prefirió callar.
 
—Es lo que te he dicho antes. Problemas para dormir, insomnio, estaba deprimido. Todo empezó ese día. Ahora ya no quiero saber más de ustedes.

El muchacho se volteó bruscamente. Ahora sí la mirada sobre Carina era amenazadora.
 
Volvió con su familia.
 
Vivienda 001: Hinae Aburame
 
La anciana se mantuvo inmóvil sin mostrar señales de resistencia a las influyentes palabras de Carina. Pero la kunoichi pudo observar cómo el agotamiento de Hinae se plasmaba más en su semblante; la dificultad le nublaban la mente. Estaba allí y a su vez no. Al principio pareció ser producto de la vejez, un desvarío habitual en ancianos que necesitan reposar su mente incluso cuando sus ojos se mantienen abiertos. Su mano se apoyó sobre el respaldo del sofá y pareció entender que la muchacha no iba a dar el brazo a torcer. Le dedicó una sonrisa y posó su mirada sobre la bitácora que se hallaba entre las dos. Estaba en lo cierto. Hinae se mostró colaborativa, dispuesta a abandonar ese juramento absurdo que alguna vez aceptó por inmadurez y miedo.
 
—No puedo… ayudarte así —confesó a la par que negaba con su cabeza.
 
Hinae retiró su lengua lo más que pudo. En la superficie se encontraba tinta negra junto a una marca desconocida. Un juinjutsu, evidentemente. La marca le prohibía a Hinae mencionar una enorme serie de cosas que comprometieran su pasado; estaba prisionera de sus cinco sentidos. Quién sabe cuántos años llevaba eso escondido en su interior. Su cuerpo reaccionaba, violento, ante cualquier idea de informar. Era casi como si una parte de su memoria por su bien fuese eliminada por ella misma, para no recibir una dolorosa tortura en respuesta.
 
—Espera aquí…
 
La anciana caminó en dirección a Carina y la esquivó, rozando su cuerpo. Inmediatamente los insectos que vivían en el interior de la kunoichi emitirían una alarma y señal de rechazo al cuerpo de Hinae. La mujer caminó a través de un pasillo, y tardó unos cuantos minutos en revisar un viejo armario de su habitación. A la vuelta, trajo consigo lo que parecía ser un plano que estiró sobre la mesa, por encima de la bitácora. “Instalaciones de la reserva botánica Aburame, año 118”. Estaba desgastado en sus puntas, arrugado, con diferentes marcas y anotaciones. Poco importaban. Lo importante era el dedo de Hinae puesto sobre lo que parecía ser una entrada secreta, olvidada por el tiempo.
 
El plano visualizaba jardines, invernaderos, canales, sistemas de drenajes, almacenes, dependencias para cuidadores, conductos de agua y galerías subterráneas de mantenimiento al completo detalle.
 
—El plano actual, búscalo… —sonrió al percatarse que eso sí pudo decirlo.
 
Fue lo único que pudo hacer por ella. Y por ellas.
 
Hinae poco a poco se deslizó hacia el suelo, cayendo primero sobre la mesa, después sobre el sofá. Boca arriba, miraba hacia el techo, ignorando a la kunoichi. Su respiración fue agitada acompañada de sangre y espuma que salían de su boca hasta caer en la enorme alfombra que yacía a los pies de ambas. Su muerte fue silenciosa. Como si la esperara. Había una leve sonrisa en su rostro.
 
Por unos segundos fue libre.
 
Yacía en el suelo en paz. Como si aquello que sufrió no le hubiera causado dolor alguno.
 
Vivienda 002: Chiharu Aburame
 
El examen que Carina realizó sobre el cuerpo de Chiharu confirmó su identidad. La anciana había muerto por múltiples mordeduras en distintas zonas cercanas al pecho, al abdomen y dorso. El rostro y las piernas no presentaban estas picaduras. A juzgar por cómo se encontraba el cuerpo parecía reciente. Las primeras fueron dentro de la vivienda, obligando a la mujer a salir disparada hacia afuera en busca de ayuda, o huir. Estaba claro que su muerte no fue instantánea. Hubo sufrimiento, al contrario de Hinae. Envenenamiento. Un efecto neuromuscular semejante al padecido por Hinae, pero con una intensidad mayor, brusco, agresivo.
El bolso no tenía nada llamativo. Solo elementos personales: dinero, remedios, identificaciones relacionadas a la propia Chiharu. Los documentos arrugados, antiguos, amarillentos y malgastados en el suelo eran variados, en el pie de cada uno estaba la  hfirma e indicaban una cosa: Chiharu aceptaba guardar mantener silencio a cambio de protección. Otro parecía ser un contrato de trabajo con su firma. La descripción de su labor indicaba la responsabilidad de borrar registros y modificar documentos facilitados por terceros, así como cambiar registros e historias familiares de pacientes afectados en caso de emergencia.
 
En el interior de su casa la chimenea aún desprendía una humareda que se perdía en el cielo. No solo había leña allí, sino papeles arruinados por el fuego. Junto a la fogata se encontraban diferentes cuadernos, fotocopias y papeles tirados en el suelo que parecían tener el mismo destino. Al parecer Chiharu no logró su cometido, pues fue atacada por las arañas.
 
Los archivos desplegaban tanta información que Carina podría sentirse abrumada. La calidad de los registros y ficheros dejaba que desear, faltaban páginas, estaban parcialmente quemadas y borroneadas. Entre ellos, doce actas de defunción elaboradas en un periodo sospechosamente corto se juntaban dentro de una agenda llamada “Reserva botánica – Dependencia subterránea B”, en las páginas siguientes cada muerte se correspondía con el expediente de un menor de edad bajo el código K-01 hasta K-12. Las actas no poseían una identificación individual normal de los cadáveres, por lo que era imposible descubrir quién era quien. Sus nombres estaban tachonados y descritos como “clasificado”, y solo tenían un alias (Viuda escarlata, Tejedora, Colmillo, Crisálida, Aguja, Seda Blanca, Luciérnaga, Cascabel, Capullo, Muda, Ceniza, Hilo Negro), y al lado de ese alias, otro nombre para la misma persona. Varios archivos administrativos delataban los nombres de Daizen, Hinae y Genzo, entre otros.
 
Vivienda 003: Genzō Aburame
 
En un principio el escenario invitaba a pensar que Genzō no se marchó voluntariamente. Una breve alteración en el hogar obligó al hombre a escapar en busca de algo, y ese algo estaba indicado en el plano oficial actual de la reserva Aburame. Las pertenencias, armas y provisiones de alguien tan meticuloso con su cuidado estaban sospechosamente abandonadas en el lugar. Ningún rastro de sangre indicaba que en el interior se produjo un altercado tampoco. Sobre la mesa se hallaba una dirección. Carina la reconoció al instante. La de Chiharu. Pero en el tiempo que estuvo allí ningún hombre se había acercado. Lo único que quedaba era ese plano actual. Algo estaba claro: no coincidían.
 
Jardín botánico — 16:00 pm
 
El lugar de origen. Una estructura que funcionaba como un escaparate y que en las profundidades ocultaba algo peor. Un jardín infinito de vida, flores, insectos, agua, belleza y ahora investigación. Todo disponible para la muchacha más curiosa de todo el clan Aburame.
 
A simple vista y en la superficie, una arquitectura envuelta en bellezas naturales iluminaba los ojos del clan provocando orgullo frente a los otros. La diferencia entre los planos se hacía notar en el sector húmedo. Rodeado de canales, estanques, musgo, troncos y sistemas de drenaje ocultaba un pequeño pasadizo por décadas marcado en el plano antiguo: uno de lo canales no era únicamente de riego, también llevaba hasta un depósito subterráneo de mantenimiento. El canal cegaba la vista a cualquiera, pues la estructura recubierta de piedras, abundante en raíces y telarañas ocultaba una compuerta inutilizada por años y camuflada por vegetación.
 
La sorpresa era mayúscula. La compuerta ya se encontraba abierta. Y a su lado un abrigo reconocible tirado en el suelo: el de Shigure.
 
Al ingresar se hallaría con un estrecho pasillo utilizado antiguamente para almacenar herramientas y elementos de jardinería. Allí había dos lámparas encendidas. Al fondo, una puerta metálica daba al enorme sistema de desagüe. El líquido que fluía hacia todas direcciones era el único sonido que ahora la Aburame podía sentir. Adentro, toda el agua se drenaba por una infinidad de túneles y canales subterráneos naturales y artificiales que conducían hacia la oscuridad. En esa enorme habitación los caminos solo eran permitidos a través de pasarelas que conectaban algunas puertas con direcciones desconocidas; debajo, una brusca corriente de agua arrastraba todo lo recolectado por las alcantarillas. Por suerte, la luz penetraba los espacios gracias a las rendijas de la superficie. Viejos faroles apagados estaban a los laterales de los caminos.
 
Un grito se escuchó en el fondo, en la última puerta. La única abierta. Otro alarido se escurrió levemente oculto entre las corrientes de agua. Después, un choque, una especie de explosión, algo que hizo retumbar los adentros del lugar.
Atravesar la última puerta finalmente llevó a Carina hacia el núcleo del misterio. Se podía ver y confirmar una clínica abandonada. Un pasillo enorme y silencioso, rodeado de redes producidas por arañas. Habitaciones que iban desde K-01 hasta K-12, dentro, varios dibujos trazados con tizas y lápices se hallaban impregnados aún en las paredes, además de algunos juguetes tirados en el suelo. Camillas de tamaños infantiles, correas de sujeción, cristales de observación y un par de habitaciones con viejos terrarios y recipientes además de instrumentos de extracción de venenos. Había complejos sistemas de estudio arácnidos. Tanto para las arañas como sus telas. El lugar desprendía un aura terrorífica. La oscuridad combinada con el abandono producía inquietud en los corazones de cualquiera.
 
Durante el camino Carina podría percatarse de que alguien ya estuvo allí. Las cerraduras antiguas forzadas, las marcas de huellas en el polvo del suelo, telarañas que se agolpaban en el camino cortadas en el suelo recientemente, sangre fresca y varios Kikaichū dispersos, malheridos o muertos. Algunos cristales estaban destruidos y paredes abolladas. Una señal de combate.
 
Un estruendo sonó al final del pasillo, en la habitación que parecía más grande. Un extraño objeto se arrastró por el suelo durante dos segundos, varias pisadas al mismo tiempo golpeaban ligeramente la piedra. La voz debilidad indicaba comandos a insectos, estos se escucharon a la par que voces femeninas parecían reír y burlarse.
 
Un pasillo cubierto de pilares, habitaciones laterales y cristales de observación separaban a Carina de la peligrosa situación.
 
¿Qué haría?


Cita:Reglas del juego:

— Tenés la posibilidad de entrar a la siguiente situación con sigilo, ocultándote para observar. Podés entrar sin sigilo. O incluso huir. Lo que desees.
— En caso de sigilo, es por ocultamiento. Debes sacar un valor inferior a tu valor de sigilo para tener éxito. 
— El resultado influirá en lo que pase en el resultado, influirá en el siguiente post. 


Cita:Bitácora actual (Se debe realizar modificaciones, las que desees vos.)


Fecha aproximada e incidente
29 de Primavera — Primera red retirada del jardín botánico. Considerada una aparición aislada.
3 de Verano — Nuevas redes entre los árboles del sector húmedo.
7 de Verano — Telas detectadas sobre el invernadero medicinal de Hinae.
10 de Verano — Aparición alrededor de la vivienda de Chiharu.
14 de Verano — Redes reconstruidas en la casa de Genzō tras haber sido destruidas.
18 de Verano — Telarañas densas alrededor de la vivienda de Daizen.
19 de Verano — Extensión de hilos entre varios tejados y el jardín botánico.
20 de Verano — Primera inspección por Carina. Se obtuvo una nueva muestra de seda (M-05) sin alterar la estructura principal. No se observaron presas atrapadas ni restos biológicos sobre los hilos. Abejas, mariposas, escarabajos y una Kikaichū exploradora evitaron aproximarse a la seda antes de establecer contacto físico.
Anotaciones Cari:
La comparación preliminar entre M-01 y M-05 revela una diferencia de coloración. M-05 presenta tonalidades rojizas integradas entre los filamentos que pueden pasar inadvertidas a simple vista. La estructura mantiene una elasticidad y disposición extremadamente precisas. La ausencia general de presas refuerza la posibilidad de que estas redes no hayan sido construidas con fines alimenticios.

Mapa

Vivienda 001: Hinae Aburame
Edad: 65 años.
Actividad actual: Medicina tradicional y cultivo de plantas medicinales.
Anotaciones Cari:
Visitar primero. Segundo destino. El invernadero podría explicar por qué apareció allí la fibra rojiza (M-02). Analizar si alguna planta favorece o repele a la especie.
Hinae reconoce a las arañas y asegura que su presencia sobre determinadas viviendas no es casual. Intentó hablar sobre algo relacionado con su pasado, pero fue incapaz de continuar. Mencionó un juramento. Chiharu y Genzō podrían saber más. Según Hinae, otras personas relacionadas ya han muerto.

Vivienda 002: Chiharu Aburame
Edad: 71 años.
Actividad actual: Archivista retirada.
Anotaciones Cari:
Tercer destino. Preguntar si existen registros antiguos sobre arañas o anomalías similares. Los archivos suelen conservar respuestas que los bosques ya olvidaron.
Encontrada aparentemente sin vida frente a su vivienda. Ropa de dormir, descalza y con una pequeña bolsa. Documentos dispersos alrededor del cuerpo. Puerta abierta y señales recientes de desorden en el interior. Pendiente examinar cuerpo y vivienda.

Vivienda 003: Genzō Aburame
Edad: 73 años.
Actividad anterior: Seguridad interna del clan.
Anotaciones Cari:
Última Visita. Las redes fueron destruidas... y reconstruidas. Necesito saber cuánto tiempo tardaron en reaparecer y si observó actividad durante la noche.
Genzō no estaba en la vivienda. Las redes arrancadas permanecen en el suelo y nuevas telas crecen sobre ellas, buscando huecos entre sus defensas. Puerta abierta sin daños aparentes. Comida interrumpida, silla caída y pertenencias intactas. Algunos de sus insectos centinelas quedaron atrapados en las redes. Pendiente registrar la vivienda.

Vivienda 04: Daizen Aburame
Edad: 69 años.
Actividad anterior: Investigación de toxinas y especies venenosas.
Anotaciones Cari:
Primer Destino!! Hablar con él cuanto antes. Si alguien puede reconocer un compuesto químico o una toxina presente en la seda, probablemente sea Daizen. Además... las redes más densas aparecieron alrededor de su vivienda. Eso difícilmente sea una coincidencia.
Demasiado tarde. Daizen falleció durante la noche del 19 al 20 de Verano. Su muerte fue informada como suicidio. Tōru asegura que durante sus últimos días padecía insomnio, pesadillas y un fuerte desánimo. Las redes rodean puertas, ventanas y tejados siguiendo un orden deliberado.
NO relacionar muerte + telarañas sin evidencia.
Aunque el momento es absurdamente sospechoso.

Muestras
M-01: Seda del jardín botánico.
M-02: Fibra rojiza del invernadero de Hinae.
M-03: Sustancia repelente hallada en un hilo.
M-04: Saco de huevos vacío.
M-05: Seda superficial recolectada por Carina Aburame en el jardín botánico. Muestra obtenida de un hilo periférico sin alterar la estructura principal. Sin restos de presas ni material biológico visible. Comparada preliminarmente con M-01, presenta tonalidades rojizas integradas en los filamentos, difíciles de distinguir a simple vista entre el rocío y la coloración translúcida de la seda. Su elasticidad y estructura presentan una disposición extremadamente precisa. La ausencia de restos alimenticios sugiere que podría tratarse de una seda destinada a una función diferente a la captura de presas.
Anotaciones Cari:
Seda de caza No. Al menos no parece querer comida. Entonces. ¿qué quiere?

Categoría | Nivel inicial
Riesgo para habitantes - Desconocido
Riesgo para colonias de insectos - Bajo
Riesgo ecológico - Moderado
Riesgo médico - Desconocido
Posible manipulación humana - No confirmada
Amenaza contra el clan - No confirmada
Valor científico - Potencialmente alto
Anotaciones Cari:
Evaluación sin modificar. Hay demasiadas preguntas abiertas y muy pocas respuestas comprobadas. Y ahora tenemos muertos, un desaparecido y arañas que parecen conocer perfectamente qué casas visitar. No sacar conclusiones, Cari. Aunque ganas no faltan.
Carina Aburame
Rango Genin
Clan Aburame
Nivel 7
Estadísticas
Generales
Fuerza10(1)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra45(2)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu11
Sigilo14
320
425
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08-08-2026, 12:46 PM
Vivienda 004: Daizen Aburame
Lo vi detenerse. Fue apenas un instante. Una reacción pequeña, casi insignificante, pero suficiente. Cuando mencioné la posibilidad de que Daizen hubiera intentado decir algo antes de morir, algo cambió en su rostro. Tōru había recordado algo. Y decidió no contármelo. Mis labios se separaron ligeramente, preparados para insistir, pero ninguna palabra llegó a salir. Lo observé mientras hablaba de su tío, de los investigadores, de aquellas preguntas que parecían haber convertido sus últimos días en un infierno. Insomnio. Depresión. Cansancio. Todo había comenzado "ese día".

Ese día. Mi cabeza quiso preguntar inmediatamente cuál. Qué había ocurrido. Quién había estado presente. Qué había dicho Daizen. Una pregunta conducía a otras cinco y esas cinco probablemente a veinte más. Pero Tōru ya no estaba respondiendo a una investigadora. Estaba defendiendo a su familia. Cuando su mirada cambió y finalmente se alejó, no intenté detenerlo. Permanecí inmóvil observándolo regresar junto a los suyos mientras mis dedos apretaban ligeramente la bitácora.

-Está bien.

Murmuré, aunque ya no pudiera escucharme. Había perdido aquella pequeña sonrisa que normalmente aparecía cada vez que encontraba una pista. No porque hubiese dejado de sentir curiosidad, sino porque comenzaba a comprender que detrás de aquellas redes había personas. Personas que tenían miedo. Personas que guardaban secretos. Personas que estaban muriendo. Abrí la bitácora. Junto al nombre de Daizen escribí solamente
"Tōru recordó algo cuando mencioné que su tío pudo intentar comunicar algo antes de morir. Decidió callarlo. No insistir."
La punta del lápiz quedó quieta unos segundos antes de añadir debajo.
"Todo comenzó «ese día». ¿Qué día?"

Cerré el cuaderno. No podía obligarlo a confiar en mí. Tampoco pensaba convertir el duelo de alguien en otra herramienta de investigación. Si Tōru tenía una respuesta, tendría que esperar. Levanté la mirada hacia las redes que cubrían la casa de Daizen. "Entonces tendré que encontrarte por otro lado."
Me acomodé la mochila y continué hacia la siguiente dirección marcada en el mapa. No sin antes morderme el brazo con todas mis fuerzas. Estaba ansiosa. No fue excitante, ni sexy, ni siquiera agradable. Solo una mordida torpe y dolorosa, una forma bastante estúpida de atacarme a mí misma por no saber lo suficiente. Por mi ignorancia. Por tener una respuesta tan cerca y verla marcharse conmigo todavía llena de preguntas.


Vivienda 001: Hinae Aburame
Esperaba resistencia. Una negativa. Quizá otra de esas frases ambiguas que los adultos parecían perfeccionar con los años para decir muchísimo sin explicar absolutamente nada. Lo que no esperaba era que Hinae sacara la lengua. Me incliné hacia delante inmediatamente.


-¿Qué?

Tinta negra. Una marca. Mis ojos se abrieron detrás de los lentes y durante unos segundos desapareció todo lo demás. La casa. Las telarañas. Daizen. Incluso la conversación que acabábamos de mantener. Aquello era un juinjutsu, yo en ese momento no lo sabia. No una simple promesa sostenida por miedo o lealtad. Hinae realmente estaba intentando hablar y su propio cuerpo se lo impedía.

-¡Eso es increíble!

La frase escapó antes de que pudiera detenerla. Me acerqué un poco más, fascinada, aunque tuve suficiente sentido común como para no intentar tocarla. ¿Qué estaba restringiendo exactamente? ¿Palabras? ¿Recuerdos? ¿Personas? ¿La intención misma de comunicar determinada información? La cantidad de preguntas que aparecieron simultáneamente en mi cabeza fue maravillosa.

-Perdón. Increíble en el sentido científico. Horrible en prácticamente todos los demás.

Eso sonaba mejor. Muchísimo mejor. La observé con una mezcla difícil de separar entre preocupación y fascinación. Si algún día alguien encontraba algo semejante dentro de mí, esperaba sinceramente que no desperdiciaran la oportunidad.

-Si alguna vez me pasa algo así, métanme en un frasco.

Levanté un dedo inmediatamente.

-Uno grande, obviamente.

Otro.

-Con agujeros.

Y después pensé un segundo.

-No. Mejor sin agujeros si necesitan controlar la atmósfera. Pero anoten absolutamente todo.

Sonreí.

-Después pueden diseccionarme cuando muera.

Probablemente no era el momento apropiado para compartir aquello. Definitivamente no era el momento apropiado. Hinae se levantó y la seguí con la mirada hasta que su cuerpo rozó ligeramente el mío. La reacción fue inmediata. Sentí a mis Kikaichū agitarse bajo la piel. Mi sonrisa desapareció. No era inquietud ordinaria. Era rechazo. El mismo rechazo. Mis ojos fueron primero hacia Hinae y después hacia las telarañas visibles desde la vivienda.

-Espera.

Pero ella ya había desaparecido por el pasillo. Cuando regresó sosteniendo aquel viejo plano, prácticamente olvidé respirar. Instalaciones de la reserva botánica Aburame, año 118. Lo extendió sobre la mesa y mis ojos comenzaron a devorar cada línea. Canales. Invernaderos. Drenajes. Dependencias. Galerías subterráneas. Y una entrada que yo no conocía. Mi dedo se acercó al punto señalado por Hinae sin llegar a tocarlo.

-¿Esto sigue ahí?

No esperaba que pudiera responder. Entonces me dio algo mejor. El plano actual, búscalo. Levanté inmediatamente la mirada. 

-Compararlos.

Viejo y nuevo. Ausencias. Modificaciones. Algo que existía antes y que alguien podía haber decidido eliminar de los registros actuales.

-Hinae, eres maravillosa.

No llegué a disfrutar demasiado del descubrimiento. La vi tambalearse.

-¿Hinae?

El entusiasmo murió inmediatamente. Me moví hacia ella cuando golpeó primero la mesa y después cayó sobre el sofá. La sangre apareció en su boca. Después la espuma. Mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza y me acerqué intentando sostenerla.

-¡Hinae!

Toda aquella energía que hacía apenas unos segundos me obligaba a formular veinte preguntas diferentes se convirtió en una sola necesidad. Que respirara.

-Vamos... vamos...

Pero no había ninguna respuesta escondida que pudiera encontrar observando mejor. La sonrisa permanecía sobre su rostro. Eso fue lo peor. Me quedé mirándola durante varios segundos, completamente inmóvil. Después mis ojos descendieron lentamente hacia aquella marca negra que había alcanzado a mostrarme. Había querido hablar. Lo había intentado. Y había pagado por hacerlo. Apreté los dientes. 

-Estúpida...

Mi voz salió mucho más baja de lo habitual. No sabía si se lo decía a ella, al sello o a mí misma por haber estado tan fascinada apenas unos instantes antes.
Tomé el plano con muchísimo cuidado. No iba a convertir su muerte en una conclusión apresurada. Todavía no sabía exactamente qué la había matado ni hasta dónde alcanzaban las restricciones de aquel juinjutsu. Pero sí sabía una cosa. Hinae había encontrado una forma de entregarme algo que claramente debía permanecer oculto. Miré una última vez aquella pequeña sonrisa.

-Está bien.

Guardé el plano junto a la bitácora.

-Voy a encontrar el otro.

Me levanté. Por primera vez aquella mañana deseé que mi curiosidad pudiera hablar más bajo. No lo hizo. Simplemente cambió de pregunta.

Vivienda 002: Chiharu Aburame
Me quedé junto al cuerpo de Chiharu el tiempo suficiente para comprender que aquello había sido muy diferente a la muerte de Hinae. Las mordeduras se concentraban en el pecho, abdomen y espalda, y todo indicaba que había conseguido moverse después del ataque. Había intentado salir. Huir o pedir ayuda, daba igual por ahora. Lo importante era que el veneno no la había matado inmediatamente. Había sufrido un efecto neuromuscular mucho más violento. Me incorporé lentamente, incómoda. "Dos ancianas, síntomas parecidos" Esto empieza a ser demasiado para mi querida coincidencia.

Los documentos consiguieron distraerme rápidamente. Silencio a cambio de protección. Eliminación de registros. Modificación de documentos e historias familiares. Mis ojos saltaban de una línea a otra mientras mi expresión perdía poco a poco aquella emoción habitual. Entré en la vivienda y el olor a papel quemado terminó de completar la escena. La chimenea todavía desprendía humo y había más documentos esperando ser destruidos. "Chiharu... ¿qué estabas intentando borrar?" Me senté directamente en el suelo y comencé a revisar cuanto pude. Fue entonces cuando encontré las doce actas. Doce menores muertos en un periodo demasiado corto. K-01 hasta K-12. Ningún nombre verdadero. Solo alias. Viuda Escarlata. Tejedora. Colmillo. Crisálida... Me detuve en el primero y lo releí varias veces. "Viuda Escarlata" murmuré, sintiendo cómo toda aquella investigación comenzaba a cambiar de forma frente a mí.

Entonces aparecieron tres nombres que ya conocía. Daizen. Hinae. Genzō. Los rodeé con el lápiz y regresé inmediatamente a las actas. Después al contrato de Chiharu. Luego otra vez a los nombres. Hinae había hablado de nuestros errores. Chiharu estaba destruyendo documentos. Daizen estaba muerto. Y Genzō todavía podía estar vivo.

Abrí la bitácora y escribí rápidamente: K-01 a K-12. Doce menores. Reserva botánica - Dependencia subterránea B. Debajo añadí una única pregunta, mucho más grande que las demás: ¿DÓNDE ESTÁ?

Entonces recordé el plano de Hinae. El plano actual, búscalo.

-Oh... Hinae.

Guardé cuidadosamente los documentos que todavía podían salvarse y me levanté. De repente, encontrar a Genzō había dejado de ser simplemente la última visita de mi recorrido.

Vivienda 003: Genzō Aburame
La tranquilidad de la casa empezó a resultarme mucho más extraña cuanto más avanzaba. No había sangre, tampoco señales claras de una pelea ni indicios de que alguien hubiese registrado el lugar buscando objetos de valor. Simplemente parecía que Genzō había interrumpido lo que estaba haciendo y había salido con demasiada prisa como para comportarse como el hombre meticuloso que describía su propia vivienda.

Las armas seguían allí. Las provisiones también. Casi todo aquello que una persona preparada habría tomado antes de marcharse permanecía exactamente en su sitio. Me acerqué a la mesa y encontré una dirección escrita. La reconocí inmediatamente.

-Chiharu.

Miré hacia la puerta abierta. Genzō había tenido algún motivo para dirigirse hacia ella, pero yo acababa de estar en su vivienda y no había visto rastro alguno del hombre. Guardé aquel detalle en la cabeza y continué revisando hasta encontrar algo que consiguió detenerme por completo. Un plano. Lo desplegué sobre la mesa y apenas leí que correspondía a la reserva botánica actual, saqué inmediatamente el documento que Hinae me había entregado. Extendí ambos uno junto al otro.

-Te encontré.

Esta vez no había cadáver que examinar ni testimonio que interpretar. Solo dos dibujos del mismo lugar separados por años. Y no coincidían. Me incliné sobre la mesa, recorriendo con el dedo canales, edificios y límites, buscando exactamente qué había desaparecido, qué había cambiado de posición y, sobre todo, dónde encajaba aquella Dependencia subterránea B que acababa de descubrir en los documentos de Chiharu. Hinae había conseguido darme la mitad de la respuesta. Genzō acababa de dejarme la otra. Tomé el lápiz y marqué las diferencias más evidentes entre ambos planos. "Ahora sí podemos buscar lo que alguien se tomó tantas molestias en borrar." Enrollé ambos documentos y los guardé juntos. Genzō seguía desaparecido, pero por primera vez tenía algo mejor que una dirección para seguirlo.

Jardín botánico - 16:00 pm
Había caminado por aquel jardín incontables veces. Había observado sus insectos, estudiado sus plantas, metido las manos en su tierra y probablemente molestado a más organismos de los que estaba dispuesta a admitir. Creía conocerlo. Resultaba que solo conocía la parte bonita. Me detuve frente a la compuerta abierta con ambos planos entre las manos. El canal, las piedras, las raíces, todo había estado allí durante años ocultando una entrada a plena vista. Era brillante. Horrible, considerando lo que sabía ahora, pero brillante. Entonces vi el abrigo.

-Shigure.

Toda la emoción se comprimió de golpe. Guardé los planos y atravesé la entrada. Las lámparas encendidas confirmaron rápidamente que no estaba explorando unas ruinas completamente abandonadas. Alguien había pasado por allí recientemente y el abrigo de Shigure reducía bastante la lista de candidatos. El sistema de drenaje consiguió robarme algunos segundos. Era enorme. Pasarelas suspendidas sobre corrientes de agua, túneles desapareciendo bajo tierra, antiguas conexiones extendiéndose en todas direcciones. Cualquier otro día habría necesitado arrastrarme a mí misma fuera de allí después de horas examinándolo. Entonces llegó el grito. Mi cabeza giró inmediatamente. Después otro. Y finalmente aquel impacto que hizo vibrar las entrañas del lugar. "Sí. Definitivamente después." 

Continué. Cuando atravesé la última puerta, mis pasos se hicieron más lentos. K-01. K-02. K-03. No necesité llegar hasta doce para entenderlo. Mis ojos pasaron de los números hacia las camillas pequeñas. Las correas. Los juguetes. Los dibujos infantiles todavía aferrados a las paredes. Después llegaron los terrarios, recipientes e instrumentos para trabajar con venenos. Toda aquella curiosidad que normalmente me hacía hablar incluso cuando nadie me preguntaba nada se quedó extrañamente muda. Pasé los dedos cerca de uno de los cristales sin tocarlo. Doce expedientes habían dejado de ser doce papeles. Habían vivido allí. Seguí avanzando hasta encontrar las primeras señales del combate. Cerraduras forzadas. Cristales destruidos. Sangre todavía fresca. Seda cortada. Y Kikaichū. Me agaché inmediatamente frente a uno de ellos. Después vi otro. Y otro. Heridos. Muertos. Mi mandíbula se tensó. "Shigure, espero sinceramente que tengas una explicación espectacular para todo esto."

El estruendo procedente del final del corredor respondió por él. Escuché las pisadas. Varias. Una voz debilitada dando órdenes. Insectos respondiendo. Y después aquellas voces femeninas. Risas. Mi primera reacción fue avanzar. Mi segunda reacción, afortunadamente, recordó que seguía siendo una investigadora. "No, Cari. Primero observamos."

Respiré lentamente y llevé las manos hacia el Camuflaje, deformando poco a poco mi presencia contra el entorno. La idea de quedarme esperando allí era insoportable. Así que no lo hice. Avancé. Despacio. Utilicé los pilares como cobertura, evitando cristales rotos, seda y cualquier objeto capaz de delatar mi posición. Cada pocos pasos me detenía para escuchar. Número de voces. Posiciones. Movimiento de insectos. Cualquier sombra reflejada sobre los cristales laterales podía regalarme información antes de asomar la cabeza donde no correspondía.

Mi corazón latía demasiado rápido. Miedo. Curiosidad. Probablemente ambas cosas. Me acerqué al siguiente pilar y contuve la respiración mientras intentaba obtener finalmente un ángulo hacia la habitación. "Solo una miradita" Murmuré casi sin voz. Sonreí. "Científicamente justificada."
✔Aprendida · 27-07-2026
◈Bukijutsu
✦Nivel: Cero
#ID: BUKI003R
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

El uso de herramientas en combate suele ejecutarse como una acción secundaria o táctica, que busca realizarse con la mayor sutileza posible. Estas pueden emplearse por cuenta propia o integrarse con otras armas y elementos del entorno, ya sea para unir un objeto a otro o para realizar acciones específicas, como el uso de un botiquín o una trampa. Cuando se trata de adjuntar una herramienta a otro objeto, el tiempo de ejecución es de 1 segundo. Sin embargo, preparar una trampa o utilizar herramientas complejas, como botiquines, sellos unidos a hilos o mecanismos, requiere todo un turno completo para su correcta aplicación.

En cualquier caso, al realizar estas acciones en presencia de un oponente, se intentará llevarlas a cabo de forma sigilosa. Unir una herramienta a un arma, cuerpo u objeto se considera una acción sigilosa, aunque si la ofensiva resultante es observada directamente, esta recibirá una desventaja en su tirada de sigilo. Por el contrario, las acciones más evidentes, como la preparación de trampas o el uso complejo de herramientas médicas que requieran un turno, no pueden ocultarse a plena vista del enemigo. Acciones simples, como pegar un pergamino en una pared, no se consideran una trampa, y pueden realizarse sin ser tratadas como maniobras sigilosas complejas.

✧Efecto
-9 (MINT) de Sigilo al usarlo de frente
Manta de Camuflaje
Manta de Camuflaje 1.470 ryos
HerramientaMediano1
Esta herramienta solo sirve para esconderse detrás o debajo de ella, siendo completamente inútil si el usuario se mueve o intenta combatir mientras la utiliza. Su diseño permite ver parcialmente el exterior desde el interior, lo que facilita identificar el momento oportuno para abandonar el escondite. Es una herramienta útil para infiltración, vigilancia o emboscadas, siempre que el usuario permanezca quieto y no sea detectado.
Efecto 1 (MINT) de Sigilo
Efecto 3 (MDES) de Sigilo
Efecto Efecto de camuflaje
Narro - Hablo - Pienso
[Imagen: Firma-Carina.png]
Naoto
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 8
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra25(2)
Inteligencia95(4)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu10
Sigilo15
430
370
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09-08-2026, 08:46 PM
La enorme habitación que aguardaba detrás del pasillo superaba en tamaño cualquier otra instalación observada hasta el momento. El abandono de décadas no alcanzaba a esconder cuál había sido su propósito; quizás el tiempo había borrado pinturas, oxidado estructuras y dejado que las raíces atravesaran algunas paredes, pero la distribución del lugar continuaba intacta. Una explanada rectangular ocupaba casi toda la superficie, rodeada por gruesos pilares de hormigón y balcones superiores protegidos mediante cristales de observación, algunos destrozados recientemente y otros ennegrecidos por la suciedad. El suelo estaba dividido por líneas que separaban diferentes campos de prueba, acompañados por números, círculos, blancos de entrenamiento, postes de madera y estructuras metálicas donde todavía permanecían pegados restos de una seda antiquísima. Desde el techo colgaban carriles que seguramente sirvieron para transportar jaulas y terrarios de un lado a otro; a los costados, diferentes puertas llevaban hacia habitaciones donde se almacenaban instrumentos médicos, sistemas para medir vibraciones, recipientes para extracción de veneno y toda clase de elementos vinculados al estudio de arácnidos.
 
Pero eran otras cosas las que permitían comprender qué clase de personas habían utilizado aquella sala.
 
Había juguetes tirados en las esquinas, pequeñas prendas abandonadas dentro de un armario abierto y numerosos dibujos infantiles grabados con tiza o carbón en paredes que alguna vez habían sido blancas. Algunos mostraban casas, flores o insectos exageradamente grandes. Otros eran únicamente rayas, números o intentos desesperados de contar los días. En las paredes cercanas a la entrada todavía podían observarse los códigos K-01 hasta K-12, correspondientes a las mismas actas que Carina encontró en el hogar de Chiharu. La sala principal estaba rodeada por doce accesos, cada uno comunicado con las pequeñas habitaciones clínicas vistas durante el camino. Desde allí los niños eran sacados para realizar las pruebas. Allí habían corrido, entrenado, sufrido y posiblemente buscado durante años alguna forma de abandonar aquellas instalaciones.
 
El sonido de un impacto interrumpió cualquier oportunidad de continuar examinando el lugar.
 
Una silueta humana salió disparada contra uno de los grandes pilares y el estruendo provocó que varios cristales terminaran de desprenderse de sus marcos. Shigure apenas consiguió sostenerse de pie. Sus ropas estaban destrozadas en diferentes sectores y una fina línea de sangre descendía desde su frente hasta perderse en el cuello alto de su abrigo. A su alrededor volaban cientos de Kikaichū en formaciones desorganizadas, intentando responder a órdenes que cada vez parecían más desesperadas. Frente a él se hallaban tres mujeres. No tenían apariencia de ancianas, pero en los rasgos de sus rostros se podía notar el paso de varias décadas de vida. Una permanecía alejada, con una mano extendida y los dedos apoyados sobre una telaraña.
Otra se movía alrededor del Aburame con una ligereza silenciosa. La última simplemente observaba.
 
Entre todas ellas había algo peor.
 
Una enorme araña negra ocupaba el centro del campo de pruebas. Su abdomen era tan grande que superaba la altura de una persona y sus ocho patas se extendían varios metros alrededor, apoyándose con precisión entre las telas que cubrían el suelo. Una gruesa mancha escarlata decoraba la parte inferior de su abdomen, extendiéndose también sobre el lomo en líneas rojizas que parecían resplandecer cuando los viejos faroles la iluminaban. Por sus patas caminaban ejemplares más pequeños que ascendían y descendían constantemente utilizando gruesos hilos como caminos. No se trataba de ninguna mutación escondida en el laboratorio. Los restos de humo blanco alrededor de sus extremidades delataban una invocación.
 
Shigure intentó recomponerse. Ordenó a sus Kikaichū avanzar y la masa oscura se abalanzó contra las mujeres, pero la enorme araña reaccionó levantando dos patas y dejando escapar una vibración que recorrió casi todas las redes presentes en la sala. El enjambre cambió de comportamiento inmediatamente. Muchos insectos se desviaron antes de alcanzar a sus objetivos, otros comenzaron a dispersarse y un último grupo consiguió atravesar aquella barrera para obligar a las tres mujeres a moverse. Shigure quiso aprovechar ese instante para retroceder, pero una red se tensó alrededor de su pierna.
 
—A tu izquierda —advirtió una de ellas en voz baja, sin apartar los dedos de las telas. Su tono transmitía una tranquilidad extraña en medio del combate, como si no necesitara observar al enemigo para saber dónde se encontraba—. Tres pasos.
 
La mujer que se había mantenido en movimiento siguió aquella indicación. Desapareció detrás de uno de los pilares y reapareció sobre el lateral del Aburame, obligándolo a girar. Shigure lanzó varios insectos hacia ella, pero ese breve movimiento permitió que una diminuta araña atravesara sus prendas por el lado contrario. La mordedura fue casi imperceptible. Primero perdió estabilidad en una pierna, después en la otra. Trató de juntar las manos para realizar algún sello y sus dedos comenzaron a temblar sin responder a sus órdenes.
 
—No lo mates —ordenó la tercera mujer. Era la que parecía poseer mayor autoridad entre ellas. Su voz no necesitaba ser fuerte para provocar que las otras obedecieran y, mientras hablaba, la enorme viuda negra escarlata se acomodó detrás de ella como una criatura que reconociera perfectamente a su dueña—. Este hombre no estaba allí.
 
La más agresiva de las tres observó a Shigure con desprecio. Su voz era áspera, rota, como si durante mucho tiempo hubiese olvidado la forma correcta de utilizarla. Se acercó al Aburame cuando finalmente cayó sobre ambas rodillas y lo sostuvo del hombro antes de que se golpeara la cabeza contra el suelo.
 
—Llegó hasta nuestro escondite. Eso lo convierte en un problema —respondió la mujer. A pesar de sus palabras, lo depositó con cuidado junto a uno de los pilares—. Se suponía que nadie debía encontrarnos.
 
—Y por eso sigue respirando —contestó la primera, aquella cuyos dedos continuaban descansando sobre la red—. No empieces otra vez.
 
Shigure quiso responder. Sus labios apenas se movieron. La parálisis terminó por apoderarse de su cuerpo y su cabeza cayó hacia un lado, inconsciente, acompañado por sus últimos Kikaichū que regresaron a sus prendas o huyeron de las telas. Las mujeres no se acercaron para rematarlo. No había interés en hacerlo. El hombre había sido simplemente un obstáculo inesperado dentro de una operación que llevaba semanas desarrollándose.
 
A unos metros de él, alguien no había recibido la misma consideración.
 
Genzō estaba muerto.
 
La violencia utilizada contra el antiguo responsable de seguridad contrastaba brutalmente con el trato recibido por Shigure. Había restos de sangre desperdigados por buena parte del sector donde antiguamente se encontraba el puesto de vigilancia. Una pierna había quedado cerca de uno de los cristales destruidos, mientras uno de sus brazos descansaba debajo de una mesa partida. El resto de su cuerpo yacía apoyado contra la estructura desde donde décadas atrás había vigilado el enorme salón de pruebas. Sus Kikaichū cubrían parcialmente el suelo, muchos muertos y otros demasiado malheridos para reaccionar. Las paredes mostraban abolladuras y varias redes habían sido cortadas durante el enfrentamiento, prueba de que el anciano no había aceptado su destino sin pelear. Había regresado preparado. Posiblemente creyendo que todavía tendría enfrente a tres niñas aterrorizadas que alguna vez pudo controlar mediante golpes, amenazas y castigos.
 
La mujer de voz dañada observó los restos con una sonrisa amarga.
 
—Él sí estaba aquí —murmuró, acomodándose el cabello hacia atrás. Había satisfacción en la forma en que contemplaba el cadáver, una sensación que provocó que la otra mujer levantara lentamente los ojos desde las redes—. Todos los días. Cada vez que alguno intentaba escapar. Cada vez que llorábamos demasiado. Cada vez que los médicos necesitaban que alguien nos sujetara.
 
—Ya está muerto, Muda —respondió la Tejedora, con cierto cansancio. Retiró finalmente los dedos de los filamentos y se puso de pie—. Dijimos que terminaríamos con los responsables y desapareceríamos. Daizen, Genzō, Chiharu y quienes sigan vivos. Nada más. Este lugar no debía convertirse en otra guerra con el clan.
 
La Muda apretó los dientes.
 
—Nos encontraron.
 
—Porque nos quedamos demasiado tiempo.
 
Ambas miradas se cruzaron unos segundos. Había una discusión que seguramente no comenzaba aquella tarde. La tercera mujer permitió que intercambiaran aquellas palabras antes de acercarse lentamente al cuerpo de Genzō. Detrás de ella, la inmensa araña flexionó las patas y descendió ligeramente su abdomen.
 
—El plan no cambió —aseguró finalmente la Viuda Escarlata, observando primero a Shigure y después a sus hermanas—. Ningún civil. Ningún niño. Ningún Aburame que no tuviera relación con este lugar. Ellos nos quitaron suficiente sin que nosotras tengamos que convertirnos en ellos.
 
La Muda giró la mirada.
 
—Chiharu intentó huir.
 
—Después de intentar quemar otra vez nuestra existencia —respondió la Tejedora—. No es lo mismo.
 
—Daizen ni siquiera tuvo valor para mirarnos.
 
La Viuda Escarlata permaneció seria.
 
—Daizen eligió suicidarse antes de que llegáramos hasta él. Hinae eligió quedarse.

Ese nombre produjo un silencio diferente.
 
La enorme invocación permaneció inmóvil en el centro de la sala. Las tres mujeres parecieron recordar algo al mismo tiempo, y durante un instante el odio desapareció de sus expresiones.
 
—A ella le dimos algo distinto —continuó la líder, en un tono mucho más calmado—. El veneno que recibió no debía producir dolor. Sabía que iríamos. Sabía por qué. Podía haber intentado escapar y no lo hizo.
 
La Muda no parecía compartir completamente aquella misericordia.
 
—También ayudó a mantenernos vivos para que pudieran continuar.
 
—Y después abrió las puertas —replicó la Tejedora, seca—. Las dos cosas ocurrieron.
 
La discusión volvió a morir.
 
En ese momento, Carina posiblemente creyó que su camuflaje todavía servía.
 
Había conseguido acercarse utilizando los pilares, cristales y restos del laboratorio como cobertura. Visualmente resultaba difícil encontrarla incluso conociendo aproximadamente su posición. Sin embargo, aquella sala no estaba dominada por la vista. Miles de hilos atravesaban las paredes, el techo y diferentes sectores del suelo. Algunos eran tan delgados que podían confundirse con polvo suspendido. Cada respiración, cada roce, cada pequeño cambio en la presión de un pie contra la superficie se extendía por aquellas estructuras en forma de vibraciones diminutas.
 
La Tejedora sonrió.
 
Volvió a apoyar dos dedos sobre una de las redes.
 
—Tenemos un insecto.
 
La Muda giró inmediatamente la cabeza en dirección al lugar donde Carina se encontraba escondida. La Viuda Escarlata ni siquiera pareció sorprendida. Las arañas pequeñas comenzaron a cambiar de dirección lentamente, distribuyéndose alrededor de los pilares sin avanzar de forma agresiva. En cuestión de segundos aparecieron detrás, a los costados y delante de la posición de Carina, cortando rutas sin necesidad de abalanzarse contra ella.
 
—Uno bastante curioso —agregó la Tejedora. Su voz sonaba divertida mientras seguía interpretando los movimientos transmitidos por la seda—. Lleva toda la mañana metiendo las manos en nuestras telas.
 
La Muda soltó una risa ronca.
 
—Un insectito se adentró demasiado en territorio de arañas.
 
La Viuda Escarlata levantó una mano y ambas dejaron de hablar. Sus ojos se dirigieron hacia Carina, aunque todavía resultara difícil distinguirla gracias al camuflaje.
 
—Puedes salir —dijo con serenidad, manteniéndose junto a la enorme invocación. No había amenaza en su tono ni adoptó una posición de combate—. Si quisiéramos matarte, no habrías llegado hasta aquí.
 
Las arañas terminaron por formar una red alrededor de las posibles rutas de escape. No era una prisión violenta, aunque el mensaje era evidente. Carina podía continuar escondida todo lo que quisiera; aquellas mujeres sabían exactamente dónde se encontraba.
 
—Sabemos reconocer una presa cuando entra en nuestra red —comentó la Muda, acercándose unos pasos. A diferencia de su tono habitual, no parecía hablar con desprecio—. Y también sabemos reconocer a alguien que no vino a cazarnos.
 
La Viuda Escarlata miró alrededor de la enorme sala. Los códigos K-01 hasta K-12 seguían escritos en diferentes sectores, rodeados por camillas, restos de terrarios y los viejos instrumentos utilizados hacía décadas.
 
—¿Quieres saber qué ocurrió aquí? —preguntó finalmente. Su voz mantuvo aquella tranquilidad inexpresiva mientras señalaba con la mirada el lugar—. Entonces observa bien. El clan que tanto presume de comprender la vida quiso ampliar su colección.
 
La mujer caminó hacia uno de los antiguos terrarios y apoyó la mano sobre el cristal quebrado. Explicó que durante generaciones los Aburame habían perfeccionado su vínculo con numerosas especies de insectos, utilizando sus capacidades para reconocimiento, combate, espionaje y medicina. Pero algunos investigadores consideraron que ese repertorio tenía limitaciones. Los arácnidos ofrecían otras posibilidades: venenos más complejos, seda capaz de inmovilizar objetivos, redes persistentes, comunicación mediante vibraciones y formas de vigilancia que podían mantenerse durante horas o días sin necesidad de perseguir a nadie. El objetivo no consistía simplemente en domesticarlos. Querían repetir con las arañas aquello que generaciones atrás habían conseguido con los insectos.
 
Querían incorporarlas al propio cuerpo Aburame.
 
—A su sangre. A sus tenketsu. A su chakra. A sus descendientes, si era posible —explicó la Viuda Escarlata mientras caminaba entre las doce posiciones marcadas en el suelo. Su voz se endureció progresivamente a medida que observaba los códigos—. Necesitaban cuerpos capaces de soportar las pruebas y eligieron los que menos problemas provocarían si desaparecían. Huérfanos. Familias secundarias. Niños enfermos. Niños con características que consideraban interesantes. Cualquier excusa era suficiente.
 
La Tejedora cruzó los brazos y observó los balcones desde donde habían sido estudiadas durante años.
 
—Éramos doce. Nos conectaban durante horas a redes para registrar nuestras respuestas. Modificaban el flujo del chakra, probaban feromonas, venenos, huevos, seda. Algunos aguantaron semanas. Otros años. Cuando uno moría, ajustaban el siguiente procedimiento.
 
La Muda señaló su propia garganta con dos dedos. Su semblante perdió aquella actitud burlona que había mantenido durante el enfrentamiento.
 
—Yo dejé de hablar —explicó con dificultad. Cada palabra parecía rasparle la voz al salir—. Durante años.
 
La Tejedora extendió la mano hacia los hilos que cubrían una de las paredes.
 
—Yo aprendí a sentirlos. Al principio porque me obligaban. Después porque ya no podía dejar de hacerlo. Pasé tanto tiempo conectada a estas redes que terminaba sabiendo cuándo Genzō caminaba por el pasillo antes de que llegara a la puerta.
 
La última fue la Viuda Escarlata. La enorme araña que permanecía detrás de ella comenzó a moverse y apoyó una de sus patas junto a su cuerpo.
 
—Y conmigo consiguieron lo que buscaban.
 
La mujer acarició la extremidad de la criatura.
 
—Funcionó.
 
El silencio que siguió resultó mucho más contundente que cualquier explicación.
 
Querían fabricar Aburame capaces de incorporar arañas a su repertorio militar.
 
Lo lograron.
 
—Nueve murieron —continuó la Viuda Escarlata después de unos segundos—. Al menos eso creemos. Nosotras tres somos las únicas que sabemos que llegaron vivas al exterior.
 
La Muda miró las doce puertas distribuidas alrededor del salón.
 
—Intentamos escapar todos juntos.
 
La explicación de aquella noche se repartió entre las tres. Los niños habían memorizado los recorridos de los investigadores, los horarios de vigilancia, las conexiones entre las habitaciones y los pequeños conductos que recorrían las paredes. Algunos huecos eran demasiado estrechos para un adulto, pero no para ellos. Durante meses habían preparado rutas a través de recovecos utilizados para tuberías, ventilación e insectos. El problema siempre había sido el mismo: las puertas principales permanecían cerradas y Genzō conocía cada salida.
 
Hasta que Hinae decidió ayudarlos.
 
—No estaba sola —explicó la Tejedora, apartando la mirada hacia uno de los viejos corredores médicos—. Su hermana trabajaba también aquí. Las dos descubrieron lo que realmente estaban haciendo cuando ya era demasiado tarde para fingir que se trataba de un tratamiento.
 
La Viuda Escarlata continuó. Hinae y su hermana aprovecharon una noche de guardia reducida para alterar los cierres y abrir las habitaciones. Los doce sujetos abandonaron sus celdas al mismo tiempo y comenzaron a atravesar el laboratorio siguiendo los huecos que habían estudiado durante meses. El caos se extendió por aquel mismo salón. Los niños corrieron entre camillas, terrarios y mesas mientras los insectos de seguridad intentaban encontrarlos. Algunos alcanzaron los sistemas de drenaje. Otros tuvieron que separarse. La salida de emergencia llevaba hacia un conjunto de cavernas conectado posteriormente con el Bosque de la Muerte.
 
Genzō descubrió la fuga.
 
La hermana de Hinae fue quien intentó detenerlo.
 
—La vieron ayudándonos —explicó La Muda, apretando los puños. Su voz se quebró todavía más al recordar aquella noche—. No llegó al túnel.
 
Hinae sí sobrevivió. Después vinieron el silencio, las amenazas y el juinjutsu que Carina había visto esa misma mañana. Los responsables cerraron las instalaciones, obligaron a los participantes a guardar silencio y utilizaron a Chiharu para modificar actas, historias clínicas, genealogías y cualquier registro que pudiera demostrar que aquellos menores habían existido alguna vez. Oficialmente, los doce habían muerto.
 
—Nosotras no sabemos si eso fue verdad —admitió la Tejedora. La mujer recorrió con la mirada los códigos escritos en las paredes—. Nos separamos durante la fuga. Hubo humo, insectos, agua, gritos. Nosotras conseguimos encontrarnos después.
 
—Mucho después —añadió la Muda.
 
La Viuda Escarlata miró directamente hacia Carina.
 
—Nunca supimos qué ocurrió con los demás. Tampoco sabemos si realmente abandonaron las investigaciones después de aquello. Eso es lo que ellos dicen.
 
Fue entonces cuando la expresión de La Muda cambió.
 
La mujer se acercó un poco más a Carina, sin agresividad, estudiando diferentes partes de su rostro y su cuerpo con una curiosidad que comenzó a incomodar incluso a sus hermanas. Algo en la joven le resultaba familiar. No era suficiente para reconocer a una persona después de treinta años, mucho menos para establecer algún parentesco, pero ciertas características físicas parecían repetirse en alguien que ella recordaba de aquellas habitaciones. La forma particular de aquel rasgo que diferenciaba a Carina del resto de los Aburame no era completamente nueva para ellas.
 
—Espera —murmuró La Muda. Su voz ronca adquirió un tono mucho más serio mientras ladeaba la cabeza para observarla mejor—. Eso...
 
La Tejedora también se fijó.
 
—Lo vi.
 
La Viuda Escarlata permaneció unos segundos en silencio. Después negó lentamente.
 
—No sabemos suficiente.
 
—Se parece —insistió La Muda.
 
—Treinta años y registros falsificados —contestó la líder, cortando rápidamente cualquier conclusión—. Puede ser familia. Puede no significar nada.
La Muda no pareció convencida. Continuó mirando a Carina con una expresión completamente diferente a la que había utilizado contra Shigure o Genzō. Ya no la observaba como una intrusa.
 
La observaba como una posibilidad.
 
—Pregunta en tu casa —le dijo finalmente. La advertencia salió acompañada de un gesto hacia las habitaciones K-01 a K-12—. Pregunta quién falta en tu familia.
 
La Tejedora soltó aire por la nariz y comenzó a caminar hacia las galerías inferiores.

—No deberíamos estar diciéndole esto.
 
—Ella llegó hasta aquí.
 
—Precisamente por eso. El plan era entrar, acabar con ellos y desaparecer. Nada más.
 
La discusión regresó. La Tejedora fue la primera en manifestar abiertamente su desacuerdo con la prolongación de todo aquello. No habían regresado para declarar una guerra al clan ni para vengarse sobre nuevas generaciones. Querían encontrar a los responsables todavía vivos, recuperar cuanto pudieran de las pruebas y marcharse. Daizen había sucumbido por su propia cuenta a la presión de saberlas vivas. Hinae recibió una muerte sin dolor en consideración por haber abierto las puertas décadas atrás. Chiharu fue atacada cuando volvió a intentar eliminar los archivos. Genzō había regresado armado hasta el lugar donde durante años abusó de ellos y encontró allí una muerte proporcional al odio que había cultivado.
 
Shigure no pertenecía a esa historia.
 
Carina tampoco.
 
—Todo se torció cuando empezaron a seguirnos —protestó La Tejedora, dirigiendo una mirada tanto hacia Shigure como hacia Carina—. Cada persona nueva que llega hasta aquí aumenta las posibilidades de que envíen más. Después vendrán los escuadrones. Después los ancianos declararán que somos criminales y nadie preguntará qué ocurrió debajo de sus jardines.
 
La Muda levantó los hombros.
 
—Entonces que vengan.
 
—Ese no era el acuerdo.
 
La Viuda Escarlata se interpuso verbalmente antes de que ambas continuaran. Su voz volvió a imponerse sobre las demás sin necesidad de elevarse.
 
—Nos iremos.
 
La enorme invocación situada detrás suyo comenzó a cubrirse por una nube blanca. Primero desaparecieron las extremidades, después el abdomen escarlata y finalmente el resto del enorme cuerpo, dejando únicamente varias telas temblando sobre el suelo. La mujer observó a Shigure todavía inconsciente y después dirigió los ojos hacia las galerías naturales por donde sus hermanas habían comenzado a desplazarse. Eran antiguos túneles de evacuación que se mezclaban con cuevas formadas por el agua, algunas parcialmente inundadas y otras tan estrechas que apenas permitían distinguir hacia dónde conducían. Todas estaban cubiertas de telarañas.
 
Antes de irse, volvió a mirar a Carina.
 
—Nosotras sabemos quiénes permitieron esto.
 
La voz de la Viuda Escarlata cambió. La serenidad permanecía allí, pero por debajo podía distinguirse un odio cultivado durante décadas.
 
—Sabemos quién firmó. Quién autorizó. Quién miró hacia otro lado. Muchos ya están muertos. Otros se sientan todavía entre los ancianos del clan fingiendo que este lugar nunca existió.
 
La Tejedora se detuvo en la entrada de uno de los túneles.
 
—No les declares una guerra que no vinimos a buscar.
 
La Muda sonrió de lado.
 
—Pero tampoco les hagas creer que los olvidamos.
 
La Viuda Escarlata permaneció unos segundos más. Luego señaló a Shigure.
 
—Cuando despierte, llévatelo contigo. No tiene nada que ver con nosotros.
 
Finalmente sus ojos regresaron hacia Carina.
 
—Y tú vas a entregar un mensaje.
 
Las pequeñas arañas comenzaron a retirarse al mismo tiempo. Abandonaron pilares, paredes y restos de mobiliario para introducirse en los huecos del laboratorio. Aquella enorme red que durante toda la tarde parecía extenderse sin final comenzaba a desarmarse poco a poco, aunque varias secciones permanecían conectadas con los túneles.
 
—Diles a los ancianos del clan Aburame que encontramos el camino de regreso —expresó la mujer, con una tranquilidad que hacía todavía más pesada la amenaza—. Diles que sabemos lo que hicieron aquí. Y diles que aquellos que participaron todavía no están a salvo.
 
Después se dio la vuelta.
 
Las tres hermanas se internaron en las galerías.
 
La Muda fue la última en desaparecer. Antes de hacerlo miró nuevamente hacia Carina, deteniéndose unos segundos en aquella particularidad física que había llamado su atención. No dijo nada más. Tampoco necesitó hacerlo.
 
Las redes comenzaron a moverse detrás de ellas hasta ocultar progresivamente las entradas. El ruido del agua se mezcló con el roce de cientos de patas alejándose hacia los túneles y, poco a poco, todo regresó al silencio.
 
En aquella gigantesca sala permanecieron Shigure inconsciente, los restos de Genzō y las doce habitaciones que durante décadas habían existido debajo de uno de los lugares más hermosos del Sector Aburame.
 
Quedaban nueve niños que ellas daban por muertos.
 
Tres mujeres que sabían haber sobrevivido.
 
Y una cuarta Aburame cuya apariencia acababa de provocar dudas en personas que conocían aquellos experimentos mejor que nadie.
 
Ninguna de las tres podía asegurar que los otros nueve hubieran muerto realmente. Tampoco sabían si, después de su fuga, el clan había clausurado para siempre aquella investigación o simplemente había aprendido a esconderla mejor.
 
El jardín botánico continuaba sobre sus cabezas.
 
Hermoso.
 
Lleno de vida.
 
Como siempre.
Carina Aburame
Rango Genin
Clan Aburame
Nivel 7
Estadísticas
Generales
Fuerza10(1)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra45(2)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu11
Sigilo14
320
425
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10-08-2026, 04:54 PM
Permanecí quieta. No porque aquellas arañas hubieran cerrado prácticamente todas mis rutas, ni porque tres mujeres que acababan de reducir a Shigure supieran exactamente dónde estaba a pesar del Campo de Camuflaje. Me quedé quieta porque, por primera vez desde que había descendido hasta aquel lugar, no sabía hacia dónde mirar. Quería verlo todo. La araña gigantesca, las redes, la forma en que Tejedora parecía interpretar cada vibración como si los hilos fueran una extensión de sus propios sentidos, la voz dañada de Muda, la conexión entre Viuda Escarlata y aquella enorme invocación. Había tantas cosas imposibles ocurriendo delante de mí que una parte de mi cerebro estaba gritando que sacara la libreta inmediatamente. La otra estaba mirando los juguetes, los dibujos y las doce puertas numeradas. Me quite lentamente el Campo de Camuflaje. 

-Bueno... eso fue humillante. 

Miré hacia Tejedora y después hacia las redes que cubrían prácticamente toda la habitación, torciendo ligeramente los labios

-Aunque científicamente fascinante. ¿Puedes sentir dónde estoy únicamente por las vibraciones? ¿Distingues peso? ¿Respiración? ¿Puedes diferenciar una persona de otra por cómo camina? ¿Cuántos hilos necesitas para...? 

Me callé. Yo sola. Un acontecimiento histórico. Porque entonces Viuda Escarlata comenzó a explicar y comprendí que quizá debía cerrar la boca durante cinco minutos.
Escuché absolutamente todo. Al principio mis ojos viajaban entre ellas y las instalaciones intentando relacionar cada palabra con aquello que había encontrado durante el día. Los terrarios, las camillas, los expedientes, los instrumentos de extracción, la seda y los venenos comenzaron a encajar con una precisión que habría resultado maravillosa si las piezas no fueran tan horribles. Querían hacer con arañas lo mismo que nuestro clan había conseguido con los insectos. Integrarlas mediante sangre, tenketsu y chakra. Convertirlas en parte del organismo. Conseguir algo transmisible, utilizable, reproducible. Y lo peor era que habían conseguido que funcionara.

Mis ojos se clavaron inmediatamente sobre Viuda Escarlata y su invocación. Durante unos segundos sentí aquella chispa habitual dentro de mí, esa explosión insoportable que aparecía cada vez que descubría algo biológicamente extraordinario. Estuve a punto de decirlo. Increíble. La palabra llegó hasta mi garganta y allí murió, porque detrás de ella estaban las puertas K-01 a K-12. Miré las pequeñas camillas, las correas y los dibujos todavía aferrados a las paredes. El descubrimiento podía ser extraordinario. El método seguía siendo monstruoso.

-Doce.

Murmuré mientras las escuchaba continuar. Tejedora había conservado una sensibilidad extraordinaria hacia las redes. Muda había perdido prácticamente su voz. Viuda Escarlata había sido el resultado que aquellos investigadores estaban buscando. Nueve habían muerto, o al menos eso creían. Tres habían conseguido encontrarse después. Mis dedos buscaron la libreta por reflejo, pero se detuvieron antes de sacarla. No quería convertirlas en anotaciones mientras todavía estaban delante de mí. Ya habían sido números durante suficiente tiempo.

Después llegó la historia de Hinae y algo dentro de mí terminó de acomodarse. Ella y su hermana habían abierto aquellas puertas. Habían ayudado a escapar a los niños. Una había muerto intentándolo y la otra había sobrevivido para cargar durante décadas con una marca en la lengua que la obligaba a guardar silencio. Recordé aquella pequeña sonrisa antes de morir y bajé ligeramente la mirada. "Vieja tramposa encontraste la manera."  No pude evitar sonreír apenas. El plano no había sido únicamente una pista. Había sido la última oportunidad de Hinae para terminar algo que había comenzado treinta años atrás.

Entonces Muda empezó a mirarme. Primero pensé que simplemente estaba estudiándome y probablemente yo habría hecho exactamente lo mismo bajo circunstancias bastante menos dramáticas. Después Tejedora también lo hizo. Mi expresión cambió. 

-¿Qué? 

Muda se acercó y no retrocedí. Sus ojos recorrieron mi cuerpo. Cuando aseguró haber visto algo semejante décadas atrás, mi cabeza se llenó inmediatamente de preguntas. Quise saber dónde, en quién, cuándo, qué relación tenía conmigo y por qué demonios nadie me había contado nada. Viuda Escarlata fue mucho más prudente. Habían pasado treinta años, los registros habían sido falsificados y una coincidencia seguía siendo solamente una coincidencia. Era razonable. Era exactamente lo que yo misma habría escrito en la bitácora.

Me dijron que preguntara en casa quién faltaba en mi familia y, durante unos segundos, todas mis preguntas desaparecieron. Miré nuevamente las doce puertas y por primera vez no parecieron expedientes ni códigos. Eran personas a las que alguien había quitado hasta el derecho de conservar su propio nombre. 

-Voy a preguntar me encanta preguntar.  

Respondí finalmente. No sabía qué esperaba encontrar. Quizá absolutamente nada. Quizá demasiado. Pero iba a hacerlo.

Continué escuchándolas y comprendí que tampoco podía convertir aquella historia en algo sencillo. Habían sido víctimas, sí, pero habían regresado para matar. Chiharu estaba muerta. Genzō yacía destrozado a pocos metros. Daizen se había quitado la vida antes de enfrentarlas. Sin embargo, Shigure seguía respirando y yo también. Ellas habían elegido dónde detenerse. Eso no borraba los cadáveres, pero tampoco podía borrar lo que les habían hecho allí abajo. No tenía suficiente información para decidir qué eran aquellas mujeres y, por primera vez, tampoco sentía necesidad de ponerles una etiqueta inmediatamente.

Cuando anunciaron que se marcharían, una parte de mí quiso preguntar adónde. Otra quiso seguirlas. Una tercera, probablemente la más irresponsable, seguía queriendo saber si aquella araña gigantesca permitiría que le tomara una muestra de seda. Me mordí el interior de la mejilla. No, Cari. Esta vez no. Escuché entonces el mensaje destinado a los ancianos. Había personas que todavía podían estar viviendo tranquilamente sobre aquel secreto. Personas que habían autorizado, participado o encubierto lo ocurrido. Cuando Viuda Escarlata terminó, asentí lentamente. 

-Lo voy a entregar. Palabra por palabra, aunque no parezca soy la mejor. 

No podía prometer protegerlas ni perseguirlas. Ni siquiera sabía todavía qué iba a escribir en mi informe. Pero podía asegurarme de que nadie volviera a fingir que aquel lugar nunca había existido. Observé cómo comenzaban a desaparecer por las galerías. Antes de marcharse, Muda volvió a mirarme y esta vez sostuve sus ojos. Quería preguntarle a quién me parecía. Quería un nombre, un código, cualquier pequeña pista que pudiera perseguir. No lo hice. Si ella hubiera estado segura me lo habría dicho, y yo no iba a convertir una posibilidad en una verdad simplemente porque desesperadamente quisiera conocerla. 

-Nos volveremos a ver 

Murmuré. No sabía si era una despedida o una hipótesis. Probablemente ambas. Las redes terminaron ocultándolas y el sonido de cientos de pequeñas patas se perdió entre las corrientes subterráneas. Solo entonces reaccioné. 

-¡Shigure!

Corrí hacia él y me arrodillé a su lado para comprobar que seguía respirando. Paralizado, herido, inconsciente, pero vivo. 

-Bien. Perfecto. Vivo es una categoría excelente. 

Observé rápidamente sus heridas y los Kikaichū que todavía permanecían refugiados entre sus prendas. 

-Sus niñas tampoco te mataron. Eso también es bueno. 

Después miré hacia Genzō y mi expresión cambió. No necesité acercarme demasiado. Aquella parte de la investigación ya tenía una respuesta. Me incorporé y observé la sala. Las doce habitaciones continuaban allí. Los juguetes seguían en el suelo. Los dibujos no habían desaparecido porque ahora conociera su significado. Saqué finalmente la libreta y pasé lentamente aquellas páginas llenas de preguntas, círculos, flechas y palabras tachadas que esa misma mañana me habían parecido importantísimas. M-05. ¿Feromonas? ¿Por qué evitarían los Kikaichū? ¿Qué función cumplen las redes? Sonreí con cierta amargura. Había comenzado aquella misión preguntándome qué especie de araña había decidido instalarse en nuestro distrito. Qué pregunta tan pequeña.

Busqué una página limpia y escribí K-01 a K-12. Debajo comencé a escribir No eran especímenes, pero me detuve y taché una palabra. No son especímenes. Eso estaba mejor. Continué anotando que existían tres supervivientes confirmadas, nueve destinos todavía inciertos, un proyecto de integración arácnida que había obtenido resultados y responsables que posiblemente continuaban dentro del clan. Finalmente escribí Investigar registros familiares y rodeé la frase una vez. Después otra. Estuve a punto de hacerlo una tercera vez, pero levanté el lápiz. 

-No. 

No iba a convertir una posibilidad en una obsesión. Todavía no. Guardé la libreta y regresé junto a Shigure. Después vendrían los médicos, los informes, las preguntas de los ancianos y explicaciones muchísimo más incómodas. Tendría que contarles que la Viuda Escarlata había regresado, que sabía lo que había ocurrido allí y que aquellos involucrados todavía no estaban a salvo. Pero antes debía sacar a Shigure de aquel agujero. Lo acomodé como pude y resoplé al sentir su peso. 

-Vas a pesar muchísimo, ¿verdad? Podrías haber tenido la consideración científica de ser más pequeño. 

La queja consiguió arrancarme una sonrisa diminuta mientras comenzaba a avanzar hacia la salida. Antes de abandonar definitivamente aquella sala me detuve y miré una última vez hacia las puertas. K-01, K-02, K-03 y todas las demás hasta llegar a doce. 

Continué hacia la superficie cargando con Shigure. Arriba seguía existiendo el mismo jardín. Las flores continuarían abriéndose, las abejas seguirían buscando polen, los escarabajos continuarían escondiéndose debajo de los troncos y alguna libélula probablemente seguiría golpeando accidentalmente la superficie de los estanques. Todo aquello continuaría siendo precioso. La diferencia era que ahora sabía qué había debajo, y muy pronto los ancianos también tendrían que recordarlo.

Mientras caminaba, mis dedos rozaron inconscientemente mi cuerpo que había conseguido que tres fantasmas del pasado me observaran como si hubieran reconocido algo. Fruncí el ceño mientras las palabras regresaban una vez más. "¿Quién falta en mi familia...?" Esta vez no sonreí. Era curiosidad, sí, pero una curiosidad completamente diferente a la que me había llevado hasta allí. Más cercana. Más incómoda. Muchísimo más personal.
Narro - Hablo - Pienso
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Masashi Kishimoto
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10-08-2026, 09:13 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión | D] La viuda escarlata (TID 14469)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Carina Aburame — Participante (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp
  • Naoto — Narrador No Oficial (100%): 500 Ryos, 0 Tobis, 50 Exp, Pergamino PERG001

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador 4
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10-08-2026, 09:13 PM
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