24-06-2026, 11:36 PM
La tarde de verano comenzaba a rendirse ante el anochecer cuando Kyōraku llegó al Hospital de Konohagakure. A diferencia del bullicio que dominaba las calles principales de la aldea, el edificio parecía vivir bajo un ritmo distinto, uno más contenido y silencioso. Algunas lámparas ya habían sido encendidas detrás de las ventanas de papel, varias siluetas cruzaban los corredores con la prisa tranquila propia de los médicos y enfermeros, y el tenue aroma de hierbas medicinales impregnaba el ambiente incluso antes de atravesar la entrada.
El asunto que lo había llevado hasta allí parecía, a simple vista, de poca importancia. No se habían activado alarmas, ningún paciente había resultado perjudicado y tampoco existían señales de un robo violento. Sin embargo, la preocupación en los rostros del personal dejaba claro que el problema llevaba varios días repitiéndose y que, precisamente por su aparente insignificancia, comenzaba a convertirse en algo inquietante.
El encargado de los inventarios del hospital fue quien salió a recibirlo. Llevaba varios pergaminos y hojas de registro bajo el brazo y, sin perder tiempo, comenzó a explicarle la situación.
— Lleva ocurriendo varias noches seguidas. Cantidades pequeñas cada vez. Vendas, ungüentos antisépticos, algunas hierbas medicinales, agujas esterilizadas e incluso unas cuantas botellas de supresores para la fiebre. Nada lo bastante valioso como para atraer a un ladrón profesional y nunca en una cantidad suficiente para que podamos notarlo de inmediato.
Desenrolló una de las hojas y la mostró, revelando varias anotaciones, correcciones y números tachados.
— Al principio pensamos que era un error de contabilidad. Después creímos que alguien del personal había extraviado algunos suministros. Pero las cifras siguen cambiando. Cada mañana falta algo distinto. —El hombre soltó un suspiro cansado antes de continuar.— Quien está haciendo esto sabe exactamente qué tomar. Nunca vacía una estantería, nunca fuerza una cerradura. Se limita a llevarse un poco y desaparece.
Algunos de los trabajadores que se encontraban cerca intercambiaron miradas de inquietud.
— Una de las enfermeras cree que podría tratarse de alguien robando medicinas para un familiar enfermo. Otro piensa que es un aprendiz vendiendo suministros fuera de la aldea. La verdad es que no lo sabemos. Lo único que sabemos es que continúa ocurriendo. —El intendente enrolló nuevamente los documentos y los sostuvo bajo el brazo.— Por eso se ha solicitado la ayuda de un gennin. Necesitamos respuestas antes de que esto se convierta en un problema mayor.
Entonces señaló hacia los corredores que se internaban en el edificio.— Si lo desea, podemos concederle acceso al hospital durante la noche. Puede permanecer aquí después del cierre y patrullar personalmente las salas de almacenamiento. Francamente, quizá sea nuestra mejor oportunidad de atrapar al responsable. —La expresión del hombre se endureció un poco al decir aquello, y durante unos instantes guardó silencio antes de continuar.— Pero debes entender también nuestra posición. Si te permitimos permanecer dentro del hospital y mañana descubrimos que han desaparecido más suministros mientras no encontraste a nadie... entonces solo habrá una persona que haya tenido acceso libre al edificio durante toda la noche.
— No deseamos acusar a un ninja de la aldea, mucho menos a alguien enviado para ayudarnos. Pero si las cosas siguen desapareciendo bajo esas circunstancias, no tendremos otra opción que responsabilizarlo hasta que la situación se aclare. —Su tono se suavizó ligeramente, aunque sus palabras no perdieron firmeza.— También puede realizar la investigación desde el exterior y limitarse a vigilar los alrededores. La decisión es suya. Pero si decide permanecer entre estas paredes esta noche, deberá aceptar el riesgo de que las sospechas recaigan sobre usted si el ladrón vuelve a actuar y sigue sin haber respuestas.
El asunto que lo había llevado hasta allí parecía, a simple vista, de poca importancia. No se habían activado alarmas, ningún paciente había resultado perjudicado y tampoco existían señales de un robo violento. Sin embargo, la preocupación en los rostros del personal dejaba claro que el problema llevaba varios días repitiéndose y que, precisamente por su aparente insignificancia, comenzaba a convertirse en algo inquietante.
El encargado de los inventarios del hospital fue quien salió a recibirlo. Llevaba varios pergaminos y hojas de registro bajo el brazo y, sin perder tiempo, comenzó a explicarle la situación.
— Lleva ocurriendo varias noches seguidas. Cantidades pequeñas cada vez. Vendas, ungüentos antisépticos, algunas hierbas medicinales, agujas esterilizadas e incluso unas cuantas botellas de supresores para la fiebre. Nada lo bastante valioso como para atraer a un ladrón profesional y nunca en una cantidad suficiente para que podamos notarlo de inmediato.
Desenrolló una de las hojas y la mostró, revelando varias anotaciones, correcciones y números tachados.
— Al principio pensamos que era un error de contabilidad. Después creímos que alguien del personal había extraviado algunos suministros. Pero las cifras siguen cambiando. Cada mañana falta algo distinto. —El hombre soltó un suspiro cansado antes de continuar.— Quien está haciendo esto sabe exactamente qué tomar. Nunca vacía una estantería, nunca fuerza una cerradura. Se limita a llevarse un poco y desaparece.
Algunos de los trabajadores que se encontraban cerca intercambiaron miradas de inquietud.
— Una de las enfermeras cree que podría tratarse de alguien robando medicinas para un familiar enfermo. Otro piensa que es un aprendiz vendiendo suministros fuera de la aldea. La verdad es que no lo sabemos. Lo único que sabemos es que continúa ocurriendo. —El intendente enrolló nuevamente los documentos y los sostuvo bajo el brazo.— Por eso se ha solicitado la ayuda de un gennin. Necesitamos respuestas antes de que esto se convierta en un problema mayor.
Entonces señaló hacia los corredores que se internaban en el edificio.— Si lo desea, podemos concederle acceso al hospital durante la noche. Puede permanecer aquí después del cierre y patrullar personalmente las salas de almacenamiento. Francamente, quizá sea nuestra mejor oportunidad de atrapar al responsable. —La expresión del hombre se endureció un poco al decir aquello, y durante unos instantes guardó silencio antes de continuar.— Pero debes entender también nuestra posición. Si te permitimos permanecer dentro del hospital y mañana descubrimos que han desaparecido más suministros mientras no encontraste a nadie... entonces solo habrá una persona que haya tenido acceso libre al edificio durante toda la noche.
— No deseamos acusar a un ninja de la aldea, mucho menos a alguien enviado para ayudarnos. Pero si las cosas siguen desapareciendo bajo esas circunstancias, no tendremos otra opción que responsabilizarlo hasta que la situación se aclare. —Su tono se suavizó ligeramente, aunque sus palabras no perdieron firmeza.— También puede realizar la investigación desde el exterior y limitarse a vigilar los alrededores. La decisión es suya. Pero si decide permanecer entre estas paredes esta noche, deberá aceptar el riesgo de que las sospechas recaigan sobre usted si el ladrón vuelve a actuar y sigue sin haber respuestas.
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