22-06-2026, 03:39 PM
Última modificación: 17-07-2026, 12:39 AM por Moderador Shinigami.
Día 09 | Estación Verano | Año 150 | Pais del Agua | Kirigakure no Sato.
La tormenta de la noche anterior había dejado su huella en cada rincón de la aldea, como ya era costumbre para los habitantes de Kirigakure, charcos de agua ocupaban los caminos de tierra, las hojas arrancadas de los árboles descansaban sobre los tejados y algunas ramas rotas permanecían esparcidas por las calles, esperando a que alguien se encargara de retirarlas. Afortunadamente, el sol había vuelto a aparecer aquella mañana, iluminando el lugar con una agradable calidez que contrastaba con el caos que había provocado el mal tiempo. La vida comenzaba a recuperar su ritmo habitual, que no era el más bueno, ni el más cómodo. Los comerciantes abrían sus puestos, los vecinos limpiaban los alrededores de sus hogares y los niños corrían de un lado a otro aprovechando el buen clima que rara vez hacía. Sin embargo, no todos podían disfrutar de aquella tranquilidad.
En una de las calles comerciales de la aldea, un hombre caminaba de un lado a otro frente a su establecimiento. Su rostro reflejaba una mezcla de preocupación y agotamiento, llevaba horas buscando sin éxito y cada minuto que pasaba parecía aumentar su nerviosismo. Aquel hombre era Kenta, propietario de una pequeña tienda de suministros, que no era la mejor de Kiri, pero que ha servido durante años a la aldea, entre todas las cosas que poseía, había una que apreciaba más que cualquier mercancía, era su gato. El felino, llamado Tora, había desaparecido durante la tormenta y según contaba el comerciante, una ráfaga particularmente fuerte había abierto una de las ventanas traseras de la vivienda que se encontraba conectada a su negocio. En medio de los truenos y el viento, el animal se había asustado y escapado. Desde entonces nadie lo había visto regresar.
Tras informar de la situación a las autoridades locales, la misión terminó llegando a manos de varios jóvenes shinobi. No era una tarea peligrosa ni especialmente gloriosa, pero alguien debía realizarla, cuando los participantes llegaron al punto de encuentro indicado, encontraron a Kenta esperando frente a su tienda. El hombre reaccionó de inmediato al verlos acercarse. —¡Por fin! ¡Gracias por venir! —exclamó mientras inclinaba ligeramente la cabeza a modo de saludo —Sé que esta no es precisamente una misión emocionante, pero Tora es muy importante para mí. — El comerciante abrió la puerta de su establecimiento y les hizo un gesto para que se acercaran. El interior de la tienda era acogedor. Estanterías repletas de mercancías ocupaban las paredes y el aroma de especias secas impregnaba el ambiente. Sobre el mostrador descansaba una pequeña fotografía donde podía verse a un gato de pelaje anaranjado con manchas blancas y expresión orgullosa.
Kenta tomó la imagen y la mostró a los presentes. —Este es Tora. — El gato parecía estar perfectamente sano, su collar azul destacaba claramente sobre el pelaje. —Tiene esta apariencia y siempre lleva ese collar. Si lo ven, no habrá forma de confundirlo. — El hombre suspiró antes de continuar. —Debo advertirles algo. No es un gato especialmente amigable con los desconocidos. De hecho, suele escapar cuando alguien intenta acercarse demasiado. Incluso yo tengo problemas para atraparlo cuando decide ponerse terco. — Aquella información explicaba por qué una tarea aparentemente sencilla había terminado convirtiéndose en una misión.
—Además, le encanta trepar ya sean árboles, tejados, postes, cualquier lugar elevado le parece una buena idea. Más de una vez he tenido que pedir ayuda para bajarlo. — Tras unos segundos de silencio, el comerciante comenzó a compartir todo lo que sabía. La última vez que vio al animal fue poco después de que la tormenta alcanzara su punto más fuerte. También mencionó que varios vecinos podrían haberlo visto durante la mañana, aunque ninguna información estaba confirmada. —Una anciana de la calle norte aseguró haber visto un gato corriendo por los tejados. Un niño dijo algo parecido cerca del mercado de pescado y uno de los vendedores comentó haber escuchado maullidos en un callejón cercano. — Kenta se cruzó de brazos. —No sé cuál de esas pistas es verdadera. Tal vez todas. Tal vez ninguna. Lo único que sé es que Tora sigue ahí fuera. — El comerciante volvió a inclinar la cabeza.
—Por favor, ayúdenme a encontrarlo. — Con aquella petición, la misión quedaba oficialmente en marcha. La aldea se extendía ante los shinobi, llena de calles, tejados, patios, almacenes y rincones donde un gato asustado podría ocultarse fácilmente. Las pistas eran pocas, el objetivo era pequeño y escurridizo, y nadie podía asegurar dónde se encontraba exactamente en ese momento, sin embargo, toda búsqueda debía comenzar en algún lugar.
La tormenta de la noche anterior había dejado su huella en cada rincón de la aldea, como ya era costumbre para los habitantes de Kirigakure, charcos de agua ocupaban los caminos de tierra, las hojas arrancadas de los árboles descansaban sobre los tejados y algunas ramas rotas permanecían esparcidas por las calles, esperando a que alguien se encargara de retirarlas. Afortunadamente, el sol había vuelto a aparecer aquella mañana, iluminando el lugar con una agradable calidez que contrastaba con el caos que había provocado el mal tiempo. La vida comenzaba a recuperar su ritmo habitual, que no era el más bueno, ni el más cómodo. Los comerciantes abrían sus puestos, los vecinos limpiaban los alrededores de sus hogares y los niños corrían de un lado a otro aprovechando el buen clima que rara vez hacía. Sin embargo, no todos podían disfrutar de aquella tranquilidad.
En una de las calles comerciales de la aldea, un hombre caminaba de un lado a otro frente a su establecimiento. Su rostro reflejaba una mezcla de preocupación y agotamiento, llevaba horas buscando sin éxito y cada minuto que pasaba parecía aumentar su nerviosismo. Aquel hombre era Kenta, propietario de una pequeña tienda de suministros, que no era la mejor de Kiri, pero que ha servido durante años a la aldea, entre todas las cosas que poseía, había una que apreciaba más que cualquier mercancía, era su gato. El felino, llamado Tora, había desaparecido durante la tormenta y según contaba el comerciante, una ráfaga particularmente fuerte había abierto una de las ventanas traseras de la vivienda que se encontraba conectada a su negocio. En medio de los truenos y el viento, el animal se había asustado y escapado. Desde entonces nadie lo había visto regresar.
Tras informar de la situación a las autoridades locales, la misión terminó llegando a manos de varios jóvenes shinobi. No era una tarea peligrosa ni especialmente gloriosa, pero alguien debía realizarla, cuando los participantes llegaron al punto de encuentro indicado, encontraron a Kenta esperando frente a su tienda. El hombre reaccionó de inmediato al verlos acercarse. —¡Por fin! ¡Gracias por venir! —exclamó mientras inclinaba ligeramente la cabeza a modo de saludo —Sé que esta no es precisamente una misión emocionante, pero Tora es muy importante para mí. — El comerciante abrió la puerta de su establecimiento y les hizo un gesto para que se acercaran. El interior de la tienda era acogedor. Estanterías repletas de mercancías ocupaban las paredes y el aroma de especias secas impregnaba el ambiente. Sobre el mostrador descansaba una pequeña fotografía donde podía verse a un gato de pelaje anaranjado con manchas blancas y expresión orgullosa.
Kenta tomó la imagen y la mostró a los presentes. —Este es Tora. — El gato parecía estar perfectamente sano, su collar azul destacaba claramente sobre el pelaje. —Tiene esta apariencia y siempre lleva ese collar. Si lo ven, no habrá forma de confundirlo. — El hombre suspiró antes de continuar. —Debo advertirles algo. No es un gato especialmente amigable con los desconocidos. De hecho, suele escapar cuando alguien intenta acercarse demasiado. Incluso yo tengo problemas para atraparlo cuando decide ponerse terco. — Aquella información explicaba por qué una tarea aparentemente sencilla había terminado convirtiéndose en una misión.
—Además, le encanta trepar ya sean árboles, tejados, postes, cualquier lugar elevado le parece una buena idea. Más de una vez he tenido que pedir ayuda para bajarlo. — Tras unos segundos de silencio, el comerciante comenzó a compartir todo lo que sabía. La última vez que vio al animal fue poco después de que la tormenta alcanzara su punto más fuerte. También mencionó que varios vecinos podrían haberlo visto durante la mañana, aunque ninguna información estaba confirmada. —Una anciana de la calle norte aseguró haber visto un gato corriendo por los tejados. Un niño dijo algo parecido cerca del mercado de pescado y uno de los vendedores comentó haber escuchado maullidos en un callejón cercano. — Kenta se cruzó de brazos. —No sé cuál de esas pistas es verdadera. Tal vez todas. Tal vez ninguna. Lo único que sé es que Tora sigue ahí fuera. — El comerciante volvió a inclinar la cabeza.
—Por favor, ayúdenme a encontrarlo. — Con aquella petición, la misión quedaba oficialmente en marcha. La aldea se extendía ante los shinobi, llena de calles, tejados, patios, almacenes y rincones donde un gato asustado podría ocultarse fácilmente. Las pistas eran pocas, el objetivo era pequeño y escurridizo, y nadie podía asegurar dónde se encontraba exactamente en ese momento, sin embargo, toda búsqueda debía comenzar en algún lugar.
![[Imagen: YR1E5qc.png]](https://i.imgur.com/YR1E5qc.png)