Kyōraku observó el gesto de Koga sin alterar la expresión. La invitación era clara. Vulgar, incluso. Una provocación simple que podría ocultar cualquier maquinación detrás. Aquello no preocupó al Senju. Eran precisamente los entrenamientos los que preparaban el cuerpo y el alma para los combates reales; salir de momentos adversos e incomodos también era una capacidad que debía fortalecerse.
Expulso el aire por la nariz, vaciando los pulmones con calma antes de inhalar profundamente.
- Veamos si tu cuerpo habla con la misma seguridad que tu lengua –
Los pies del Senju se despegaron rápidamente del suelo, levantando una pequeña estela de polvo en el punto de su partida. La trayectoria fue directa, desafiante, mientras sus ropajes se agitaban con el avance y la bufanda blanca ondeaba a su espalda con sobria elegancia.
No desvió la mirada de Koga. Avanzo lo suficiente para quebrar la comodidad de la distancia inicial, pero sin perder atención sobre sus manos, sus hombros y cualquier cambio en el peso de su cuerpo. Si aquella invitación escondía una trampa, Kyōraku intentaba verla nacer antes de que terminara de cerrarse.
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