18-06-2026, 06:35 PM
Última modificación: 18-06-2026, 06:37 PM por Yokubari.
[Social] Humo Viejo en la Calle Principal
Hora: 3:00pm
Día: 23 de verano
Año: 150
![[Imagen: 61c7c551-48eb-482d-9e2a-7c9420c8ec0a.png]](https://i.ibb.co/Dggg0c0x/61c7c551-48eb-482d-9e2a-7c9420c8ec0a.png)
El día 23 de verano del año 150 caía pesado sobre Konoha, con ese calor de las tres de la tarde que no derrite a nadie, pero sí vuelve lenta a la gente. La calle entre la tienda de dulces y la tienda de BBQ olía a azúcar caliente, carne asándose y polvo levantado por las sandalias de los que pasaban sin mucha prisa. Ahí, apretada entre ambos negocios, había una taberna pequeña, de puerta baja, mesas gastadas y sombra amarillenta. No era un lugar elegante ni pretendía serlo. Servía para esconderse un rato del sol, tomar algo fuerte, hablar bajo y mirar la calle desde adentro. A esa hora había pocos clientes: dos hombres jugando con dados en una esquina, una mujer contando monedas junto a la barra, un viejo dormido con la frente cerca de su vaso y el dueño fingiendo que limpiaba el mismo punto desde hacía diez minutos. Afuera, la aldea seguía con su ritmo normal. Niños corriendo cerca de los puestos, comerciantes llamando clientes, algún ninja joven cruzando con la banda bien puesta y cara de importancia. Pero dentro de la taberna el aire estaba más tenso. Yokubari Ben ocupaba demasiado espacio aunque estuviera sentado. Armadura oscura, hombros anchos, barba rubia, ojos avellana clavados en la barra y un puro apagado entre los dedos. No parecía un genin. Tampoco parecía un simple cliente. Parecía una reliquia de guerra sentada en una silla demasiado chica, tragándose el orgullo con cada minuto que pasaba.
—¡Que les den! Malditos puritanos —escupió Ben al levantarse, con la voz áspera y suficiente fuerza para callar a media taberna. La discusión ya venía de antes. Primero fue un comentario seco del dueño, luego una respuesta peor de Ben, después murmullos de los clientes y finalmente ese silencio incómodo donde todos fingían no escuchar, pero nadie podía mirar a otro lado. Al parecer, Yokubari había tratado de comprar algo de carácter recreativo, algo de esos consumos grises que muchos conocían, pero pocos aceptaban decir en voz alta. Quiso hacerlo con esa autoridad vieja suya, exigiendo más de lo que pedía, como si todavía bastara su nombre para abrir cualquier puerta. No bastó. El dueño se negó. Alguien en una mesa soltó una risa por lo bajo. Otro dijo algo sobre “dar el ejemplo”. Ben lo escuchó. Claro que lo escuchó. Su mano fue a la mesa más cercana y, de un golpe con la bota, la pateó tan fuerte que las patas rasparon el suelo antes de volcarse con vasos, platos y monedas encima. El ruido llenó la taberna. Nadie se movió. Nadie quiso ser el primero en encararlo. Ben se quedó un segundo en la salida, respirando fuerte, con la mandíbula apretada y la mirada metida en todos a la vez. Daba rabia verlo así. También daba pena. Porque algunos todavía recordaban al hombre de antes, al soldado que regresaba de misiones cubierto de sangre ajena y recibía palmadas en la espalda. El héroe de una época más sucia. Ahora la gente solo susurraba mientras él cruzaba la puerta. El que fue un héroe una vez. El que ya no sabía vivir sin pelear.
Ben salió al sol con el puro ya encendido, jaló una bocanada larga y empezó a caminar hacia el oeste sin pedir permiso a nadie. El humo le salió por la nariz y subió torcido sobre la calle, perdiéndose entre el olor del ramen, las flores frescas y la grasa de la BBQ. Caminó con paso duro, sin apurarse, pero sin dejar espacio para que otros se cruzaran en su camino. Primero pasó frente al puesto de ramen, donde el cocinero bajó la mirada justo a tiempo y siguió moviendo los fideos como si no hubiera visto nada. Luego siguió hasta la zona de Flores Yamanaka, donde el contraste fue más cruel: pétalos cuidados, ramos bien armados, colores vivos, y él en medio de todo eso con su armadura oscura, su puro y esa cara de hombre que llevaba años discutiendo con fantasmas. Una muchacha del local lo miró desde detrás de unas flores blancas. Ben no le dijo nada. Ni siquiera la insultó. Eso, en él, ya era una forma de contención. Continuó hasta detenerse frente a la estación policial. Ahí se quedó unos segundos, mirando el edificio con una sonrisa amarga, como si esperara que alguien saliera a buscar pelea o a recordarle que todavía había reglas. Nadie salió. Eso lo irritó más. Giró hacia el norte y avanzó por la calle con el puro entre los dientes, hasta llegar al Shushiya. El bar estaba cerrado. La puerta metálica tenía el seguro puesto y un letrero simple colgaba del frente. Ben lo vio. Lo leyó. Se quedó quieto. Después soltó una risa seca, sin alegría, y pateó la puerta con rabia. El golpe retumbó en la calle. Un par de personas al otro lado se apartaron de inmediato. Ben bajó la pierna, expulsó otra nube de humo al aire y se quedó frente al metal abollado, respirando por la nariz, más solo que furioso, aunque él jamás lo habría admitido.
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40cm mide.![[Imagen: RoaK1gc.png]](https://i.imgur.com/RoaK1gc.png)
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